Entendiendo lo que pasa con los niños y niñas adoptados/as desde la Neuropediatría, La separación de la madre biológica es un factor altamente estresante y dañino para el recién nacido.

Magnífica entrevista con Nils Bergam, neuropediatra



La evidencia científica demuestra que separar al recién nacido de su madre supone daños en las conexiones neuronales del bebé que son irreparables.



A pesar de que mucha gente cree que las madres que defienden estar con sus bebés sin separarse de ellos en el hospital, muchísimo menos dejarles pasar la noche en el nido, lo hacen siguiendo una moda que algunos la denominan hippie, en realidad, no es ninguna moda. Moda es lo otro, separar al bebé de la madre.
Quinientos mil años de civilización avalan el dato frente a cincuenta que son los que lleva «de moda» todo lo que implica la separación de la madre y el bebé desde la óptica de la neurociencia; separación para pesar, medir, lavar (puede esperar unas horas) o la mayor aberración desde la neurobiología que es que el bebé pase su primera noche en el nido en lugar de hacerlo pegado al cuerpo de su madre.
Se discute muchísimo sobre este asunto, pero las evidencias científicas son irrefutables: el pecho de la madre es el lugar idóneo del recién nacido desde todos los ángulos: desde la neurociencia, la biología, la nutrición… todo está a favor de que sea así.
Nils Bergman es una afamado neuropediatra sudafricano muy conocido por su dedicación al desarrollo de la Neurociencia Perinatal y las bases científicas del cuidado piel con piel. Es el autor de numerosas investigaciones científicas y del famoso documental «Restaurando el paradigma original». Hizo un doctorado en salud pública, es el director de la maternidad del hospital de Mowbray y lleva décadas investigando qué pasa en el cerebro de los bebés al nacer. Especial mención sus estudios publicados sobre la necesidad de que los prematuros utilicen el pecho de la madre como incubadoras en lugar de estas.
Estos días ha estado en Vitoria, Albacete y Madrid impartiendo sus charlas. También impartió el curso de la Formación en salud mental perinatal Terra Mater.

Pasos al nacer

La práctica actual en el nacimiento es la siguiente: en cuanto el bebé nace, lo separan de la madre para limpiarlo, pesarlo, medirlo, ponerle la primera vacuna… Un tiempo que a veces supera la media hora. Y no solo eso, en muchísimos hospitales siguen existiendo los nidos donde el bebé pasa toda la noche separado de su madre, solo en una cunita. ¿Qué pasa en el cerebro de ese bebé según la evidencia científica, es decir, que se ha demostrado que sucede al estar separado de la madre?
La separación produce estrés, a un nivel profundo, causado por la pérdida de las sensaciones regulatorias que proporciona el ambiente materno. (Hofer 2006: Psychobiological Roots of early Attachment). El contacto materno precoz tiene como fin en la naturaleza crear un vínculo y un comportamiento espontáneo de acercamiento al pecho, que lleva a una lactancia exclusiva. En nuestra biología evolutiva, nuestra supervivencia dependía absoluta y totalmente de esto.
La media hora de separación destruye los «procesos neurales necesarios» que se requieren para cimentar el vínculo materno-infantil, y altera la lactancia. Una revision Cochrane recoge todos los estudios que muestran esta evidencia. (Moore 2012: Early skin-to-skin contact for mothers and their healthy babies): el contacto piel con piel es el responsable de la lactancia materna. Biológicamente el contacto piel con piel es lo normal, y no hacerlo dificulta la lactancia. Y la lactancia es el motor que rige el neurodesarrollo precoz. Separar al bebé «para que la madre descanse» priva a la madre de las sensaciones que el bebé provoca en su sistema límbico o cerebro emocional, logrando así que se desconecten las respuestas naturales de maternaje. El contacto precoz activa el hipotálamo para amamantar, el cingulado para obtener fiereza en la defensa de las crías, y la amígdala para equilibrio emocional y atención sobre el bebé. Los sistemas dopaminérgicos de recompensa se unen a los oxitocínicos.
—En los estudios que ha publicado explica que los niños prematuros responderían muchísimo mejor si estuvieran en el pecho de su madre el mayor tiempo posible en lugar de la incubadora. Sin embargo, es interpretado como una locura. Usted, que es neuropediatra y ha investigado muchísimo sobre el tema, por favor, convénzame de que esto es así: ¿es mucho mejor el pecho de la madre que la incubadora?
—En efecto hago trabajo clínico y también de investigación. El «convénceme de que esto es cierto» para los profesionales de la salud debería estar basado en el resultado de estudios controlados randomizados. La incubadora se introdujo 50 años antes de que existieran tales estudios; es decir, sin ningún tipo de evidencia. Suena a locura, y es chocante, pero el único estudio controlado randomizado que compara de forma directa el contacto piel con piel con las incubadoras muestra que estas causan inestabilidad en los bebés. Y la ciencia (no solo la evidencia) es muy clara en este punto: el cuerpo de la madre está diseñado para calentar, alimentar y proteger a su recién nacido, y ofrecerle todas las sensaciones que activan circuitos neurales sanos en el cerebro y, además, lograr los cambios epigenéticos necesarios para asegurar salud a largo plazo.
Las 24 primeras horas son decisivas en las conexiones neuronales. En el estudio que hizo entre dos grupos de recién nacidos en Sudáfrica con mujeres que acababan de dar a luz, ¿qué diferencias sustanciales observó entre los que sí fueron separados respecto de los que no fueron separados de sus madres?
—En contacto piel con piel se producen ciclos normales de sueño y un estado de calma en el sistema nervioso autonómico. Estar separado simplemente a un metro de la madre en una cuna fue suficiente para producir un estado de ansiedad con una gran activación del sistema nervioso autónomico (Morgan 2011: Should Babies Sleep Alone?)
—Hay padres que utilizan el método Ferber para dormir a sus hijos. En España es más conocido como método Estivill. Sin entrar en juicios, sólo desde el punto de vista de la neurociencia, desde la evidencia científica, ¿por qué ese método hace un daño irreparable en sus cerebros? En su charla dijo «cada momento de cortisol lo recuerda nuestro ADN», ¿Puede desarrollar esto?
—El llanto es un signo primitivo y muy poderoso de supervivencia, que «obliga al adulto a aproximarse» (Swain). Los bebés separados sufren ansiedad y estrés extremos. Los métodos de «entrenamiento» del sueño no logran que los bebés duerman, sólo les enseñan a quedarse callados. Están tumbados, quietos, sabiendo que nadie va a responder a sus necesidades. Aprenden a aceptar que han sido abandonados. Básicamente pierden la capacidad de confiar. Varios estudios apoyan estos métodos, usando como resultado la satisfacción parental. Funcionan bien para responder a las necesidades percibidas de los padres. Estos estudios, sin embargo,  no han medido el efecto en el desarrollo emocional y social de los niños.
—Asegura en sus cursos es que «cuánto más amenazado está el individuo, más primitivo y regresivo es su comportamiento». ¿Qué estudios contrastados evidencian esta información?
—Esta afirmación es de John Hughlings Jackson, y está aceptada por los neurocientíficos. Tal vez la explicación más racional es la de Bruce Perry, que describe una secuencia de respuestas ante una amenaza: primero vigilancia, luego paralización y, finalmente, disociación. Steven Porges también ha elaborado este tema en su Teoría Polivagal.
—¿Cuáles son las conclusiones de esos estudios del cerebro de las madres cuando son separadas de sus recién nacidos? Existe en occidente una larga tradición de hace más de 50 años de hacerlo así, pero es una insignificancia comparado con el resto de los años que tiene la especie humana donde no se separaba a los bebés de las madres. Muchas mujeres, cuando son separadas en los centros hospitalario, por ejemplo porque se llevan al bebé al nido, también padecen una transformación en el cerebro pero muchas no identifican qué les pasa ¿Está demostrada la vinculación de la separación con la depresión postparto?
—¡Cierto! ¡Cincuenta años de tradición, frente a 500.000 años de separación cero! Estudios observacionales de Canadá y Brasil apoyan que el contacto piel con piel disminuye la tasa de despresión postparto. Kathy Dettwyler es una antropóloga que sugiere que la separación precoz y la falta de lactancia son datos que el cerebro interpreta como fallecimiento del bebé y, por tanto, los programas de crianza intrínsecos que debería tener la madre se desconectan. La parte consciente del cerebro de la madre sabe que ha tenido un hijo, pero su cerebro límbico, no. Esto puede tener efectos negativos sobre la madre.
—Para concluir, doctor. El parto ideal desde un punto de vista fisiológico es aquél que es rápido, que no necesita intervención quirúrgica de ningún tipo y rozando la perfección sería sin medicación (oxitocina sintética y epidural). Pero, desde la neurociencia, ¿cómo es ese parto ideal tanto para el cerebro de la madre como para el del padre?
—Aquel en que se la separación cero. La separación cero y el apoyo emocional y físico que ayude a la madre a mantener niveles elevados de oxitocina no son características de un «parto ideal», son de un «parto normal». Normal en el sentido de normativa biológica. Un parto así puede ser poco frecuente en nuestro tiempo, pero es el parto normal y esperado por todos los bebés.
Lo que muestra la gráfica son los datos recogidos en los niños del estudio, en los que se demostró que los bebés separados de su madres tienen un 176% de hiperexcitación autonomica y un 86% de disminución del sueño de ondas lentas (que es necesario para el neurodesarrollo cerebral) comparados con los bebés que permanecen en contacto piel con piel con sus madres. La conclusión es que la separación es un factor altamente estresante y dañino para el recién nacido.

Fuente; http://www.abc.es/familia-padres-hijos/20150314/abci-entre-nils-bergman-201503131112.html


Elvira Jauregizuria Elordui. Sendabide Psicoterapia Bilbao

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