Las raíces tempranas de los conflictos entre hermanos.


Alejandra BeresovskyLuis Kancyper es psicoanalista y autor de los libros El complejo fraterno yResentimiento terminable e interminable . Miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y próximo a visitanos invitado por la Asociación Psicoanalítica de Córdoba, dialogó con La Voz del Interior sobre los complejos sentimientos que atraviesan la relación entre los hermanos.
–Además de escribir sobre el complejo fraterno, usted ha escrito sobre resentimiento y remordimiento, dos sentimientos que también parecen recurrentes en las 
relaciones largas entre hermanos.
–Desde la época bíblica, lo que más se asocia a las relaciones entre hermanos son los celos. Pero yo creo que hay algo previo a los celos y son los resentimientos.
–¿Por qué?
–Cuando uno nace, piensa que es “su majestad, el bebé”, Narciso, pero Narciso en el buen sentido del término. “Narcisismo” no es mala palabra, hace referencia a una imagen muy valorada del yo. El narcisista siente que es el centro y único del mundo. Cuando aparece un hermano, aparece la primera herida al narcisismo. “¿Cómo, conmigo no era suficiente?”. “Si me decían que yo era precioso, hermoso, que yo le he dado sentido a la vida a mamá, papá, a los abuelos, a los tíos solteros, ¿por qué viene ahora este intruso?”. El hermano es el primero que hiere esa ilusión.
–¿Por parte del hermano que llegó a herir el narcisismo del primer hijo también hay un celo? ¿En qué se funda?
–Cuando hay celos, hay tres. Está la pregunta de quién es el preferido y quién es el elegido y ahí intervienen los padres. Es un triángulo. En los celos, hay uno que queda excluido. En el resentimiento, el yo narcisista permanece herido.
–Si no se resuelven esos afectos, cuando los hermanos ya son adultos, ¿se pueden convertir en otra cosa? ¿Pueden generar otro tipo de conflictos más graves?
–Sí, porque quedan raíces muy tempranas. Y entre los hermanos siempre aparecen fantasías. No sólo de querer matar al otro para ser único, como en el caso de Caín y Abel. Hay otros mitos en la Biblia que grafican esos conflictos, como el de Jacob y Esaú, en el que uno roba al otro. En el psicoanálisis se dice que las fantasías de querer matar o robar al otro se resignifican, vuelven a tener un significado muy violento. Un ejemplo en el que se ve muy claro es el de las gerencias, en las que hay tantos robos entre hermanos. En la adultez, la fantasía del robo cabalga sobre situaciones infantiles de afectos conscientes y no conscientes entre los hermanos que a veces cobran dimensiones catastróficas.
–Un ejemplo es el de los hermanos Escasany, que en 1998 se cruzaron en una guerra de denuncias por el Banco Galicia.
–Sí. Situaciones infantiles fraternas no resueltas comandan la vida de los adultos a través de los años sin que se sepa el porqué.
–Recientemente salió un artículo en la revista Pediatrics que dice que el hostigamiento entre hermanos es más preocupante que el escolar y que suele ser justificado por los adultos. ¿Hay que dejar que los niños resuelvan esas peleas o intervenir?
–Hay que intervenir, porque hay que regular esos aspectos de crueldad. Si no se interviene, puede causar traumas fraternos inolvidables.
–¿Hay una crueldad natural?
–Sí, el ser humano nace con una tendencia cruel y hace falta ponerle a eso lo que se llama “barreras del pudor”, “barreras de la compasión”, “barreras de la vergüenza”. Porque en cada persona habita en secreto lo que yo llamo “el unicato”. El unicato es una expresión política que define a un gobierno que aparenta ser democrático, pero quiere tener todo el poder para él y no dar lugar a otro. Por eso ya Pedro Calderón de la Barca en el siglo XVII decía “para quien aspira a ser rey, cada hermano es un estorbo”.
–Usted afirmó en un artículo que las divisiones entre hermanos a veces son provocadas por los padres que crean diferencias y marcan roles. Usó la expresión “divide y reinarás”.
–Sí, lo decía Maquiavelo. Por eso, muchas veces las relaciones entre hermanos mejoran cuando la madre o el padre fallecen, cuando era ese padre el que hacía lo que se llama “alianzas con uno contra otros”. Y, a veces, cuando los padres terminan de hacer esas diferencias, los hermanos en el mejor de los casos suelen tener relaciones más pacíficas.
–¿Por qué los padres apelan a eso? ¿Por pobreza de recursos?
–Cada persona es compleja. Muchas veces, los padres dividen el botín. Un hijo para papá, una hija o un hijo para mamá. E, inconscientemente, se forman una suerte de bandos dentro de una familia. Entonces, hay ciertas madres o padres que toman a un hijo como aliado contra la pareja. Esto se ve mucho cuando en la pareja hay conflicto. La presencia de múltiples peleas entre hermanos a veces devela un conflicto de la pareja parental y los hijos son a veces los embajadores. El sufrimiento de los niños es muy grande y deja secuelas de muchas inhibiciones para poder competir en la vida, porque confunden competencia con rivalidad.
–¿Y la rivalidad es anular al otro?
–No es anular, es matar al otro. La palabra rivalidad viene de “ rivalis ”, del italiano “riva ”, que es agua. Hay un lecho de agua para dos. Si uno toma el agua, el otro muere de sed. En la competencia uno puede ganar o perder, pero en la rivalidad, uno muere y otro vive. Por 
eso son tan enconadas las rivalidades.
–¿La regulación de la crueldad debe practicarse como quien administra justicia?
–En ocasiones, los vengativos usan la palabra “injusticia”. El autoritario y el fanático toman a lo diferente como injusto, porque es un agravio a su ego.
–Si hay situaciones que objetivamente podrían parecer injustas, como por ejemplo que un hijo se quede con la herencia, ¿se pueden comprender el encono y hasta la pérdida del vínculo?
–Se puede comprender porque hay resentimiento por situaciones traumáticas. La situación traumática legitima el corte.
–El resentimiento suele tener una connotación negativa.
–El resentimiento también tiene una connotación positiva. A veces, una injusticia puede ser un estímulo para la reivindicación, para crecer y crear cosas, para recuperar una dignidad ultrajada.
–A veces, las situaciones de violencia en las familias se convierten en anécdotas. ¿Eso es bueno, es sano?
–Es una manera de elaborar situaciones traumáticas. El hablar, hablar y hablar a veces devela situaciones traumáticas que se repiten porque se quieren elaborar.
Pero no sólo hay que ver lo malo, en lo fraterno también hay solidaridad, comprensión. Por eso yo diferencio el complejo fraterno trófico del complejo fraterno tanático, se trata de mostrar las connotaciones tenebrosas y luminosas del complejo fraterno.
–¿Cómo diferenciar, cómo marcar los límites cuando a veces lo luminoso se mezcla con lo tenebroso? Por caso, el niño que hostiga a su hermano, pero a veces lo cobija.
–Como toda relación humana, la de hermanos tiene ambivalencia, pero hay que ver los dos aspectos, no sólo lo que resta, lo que quita. Como decía Calderón de la Barca, cada hermano le quita a uno el reinado, pero también aporta compañía, solidaridad, la posibilidad de edificar juntos.
Perfil
Luis Kancyper es médico psicoanalista, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina y de la Asociación Psicoanalítica Internacional. Dicta seminarios y supervisiones en sociedades de psicoanálisis de América latina y de Europa. En 2014 recibió el Premio Mary Sigourney por construir puentes entre la tradición clásica del psicoanálisis y la cultura contemporánea.





El texto original de este artículo fue publicado el 22/04/2015 en  la edición digital para leerlo igual que en el papel.

Elvira Jauregizuria

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