RECUERDOS DE UN ADOPTADO RECIÉN NACIDO

Ilustración Benjamin Lacombe

Muchos adoptados que fueron dados siendo unos recién nacidos se preguntarán si es posible recordar la experiencia de haber estado en el vientre de su madre, o tener algunos recuerdos sobre el poco tiempo que estuvieron con la familia biológica. La verdad es que sí es posible, y muchos estudios en terapia primal lo confirman.

En mi caso particular, a través de sueños y de largos años de psicoterapia he podido volver a recordar los momentos que estuve con mi madre biológica. El siguiente escrito narra mi experiencia en terapia primal y cómo he ido significando en mi vida el encuentro con mi pasado biológico:


"Me formé en el vientre de una madre, cuya historia, nombres y apellidos desconozco. No sé quien fue mi padre. Tampoco sé si tuve hermanos ni quienes más hacen parte de mi familia biológica.
Lo único que recuerdo es que me dolió mucho separarme de mi madre, que sufrí muchísimo hasta el punto de tener un ataque de pánico siendo una recién nacida. No entendía por qué nos separamos, por qué dejé de estar en sus brazos y en su vientre, donde estaba segura y era lo única que conocía siendo una bebé recién nacida.
Me duele haberla perdido, que no me haya amado y dado un hogar, que no haya cuidado de mi, ni me haya protegido, ni haya satisfecho mis necesidades, y que me haya entregado en adopción con la esperanza que “otros me dieran, lo que mis padres biológicos no me podían dar”.
 ¿Qué los incapacitaba para criarme, para darme amor?
No lo sé, no conozco sus historias y nunca las conoceré. Cualquiera pudiera decir qué es mi padre o mi madre, o alguien de mi familia biológica, pero a mí eso no me consta. Hacer pruebas de ADN? ¿Para qué? Si los que dicen ser mi familia biológica las falsifican o le pagan al médico para que entregue un resultado de ADN falso… ¿de qué me sirve conocer un parentesco biológico? En la casa de adopción, ningún funcionario puede asegurarme que contienen datos sobre mis padres biológicos sean reales. Sé que soy producto de un tabú social, que es la adopción. Producto del misterio y del secretismo. Tuve que aceptar vivir en la incertidumbre con respecto a mi origen biológico. No sé cuáles enfermedades heredaré ni por qué, pero concluyo que se vive más tranquilo desconociendo esto, pues no sufro por males que no tengo.
 Si aparecen, haré tratamiento médico y punto. Será parte de ir conociendo los eslabones perdidos de mi historia misteriosa, y no le temo, porque desde que nací me ha rodeado el misterio de lo que no se sabe ni se puede saber".
"He tenido sueños en las noches, donde estando en el vientre de mi madre la percibía a ella como una mujer insegura, depresiva y padecía mucha angustia y sentimientos de demasiada soledad. Estar en su vientre, sentirme dentro de él y poder recordarlo, ha sido clave en la estructura de mi personalidad y de mi destino en la vida. Al igual que ella, he sufrido fuertes depresiones, angustia, ataques de pánico, sentimientos de estar sola, abandonada, aislada del mundo y marginada por la sociedad. ¿Qué pasaba en la vida de mi madre? No lo sé, pero me identifico con ella en esto que he sentido desde que estuve en su vientre y que lo seguí sintiendo estando ya con mi familia adoptiva".
"Siendo una bebé recién nacida, recuerdo que estaba en una habitación grande, de paredes blancas y ventanas pequeñas por las que entraba poca luz. Mi madre biológica me tenía en sus brazos, donde me sentía protegida y segura, pero a la vez sentía mucha tristeza, confusión, miedo y rabia. Ella me entregó en los brazos de una persona desconocida, no sé si era un hombre o una mujer, veía muy borroso y todo ese ambiente era extraño para mí, incluso amenazante.
Esa persona me llevó a manos de otra persona y pasé de mano en mano. No sé por cuántas manos pasé de persona a persona, pero era algo que no podía controlar. No entendía que estaba sucediéndome y entré en pánico. Salir del vientre y pasar de mano en mano entre tantas personas desconocidas, que me cogían y me soltaban, fue muy estresante y me daba fastidio ser tocada por mis piernas, mi cabeza y mi espalda. Era una recién nacida que no podía hablar ni expresar cómo me estaba sintiendo. Lloraba pero nadie parecía comprender mi llanto, ni les importaba.
Me sentía burlada por mi madre, confundida, triste y muy angustiada, pues fueron pasando los días y nunca más la volví a ver. La confusión se hizo cada vez más grande y la tristeza aumentó dentro de mi ser, más era algo que sólo yo sabía y lo reservé para mi por el resto de mi vida. ¿Quién pudiera creer que yo tengo recuerdos de cuando era una bebé recién nacida? ¿Qué pude recordar y conectar mis recuerdos a través de mis sueños y de pesadillas?
Mis padres adoptivos ni nadie me habían dado la confianza suficiente para expresar estos recuerdos y estos sentimientos. Sentía que debía guardar todo esto de mi madre biológica que estaba sintiendo dentro de mí, que era tan confuso".
"Llegué a mi hogar adoptivo, lloraba todas las noches y cuando me pedían que me callara, de mis ojos salían lágrimas en medio del silencio de la noche hasta que no podía más y me quedaba dormida. Agarraba mi almohadita con fuerza y la abrazaba como a una madre. Me daba miedo dormir en la oscuridad de mi habitación y la almohadita me daba seguridad y tranquilidad. Lo convertí en un objeto que me daba seguridad, como yo hubiese querido fuera mi madre. Mi almohadita es cálida y todas las noches de mi vida he dormido sobre ella, aún siendo adulta. Siento que mi almohadita es la conexión con mis ancestros, con aquellos a quienes no conozco y nunca conoceré pero que siento que debo guardar lealtad, porque de ellos vengo y pertenezco biológicamente".
"Sobre mi almohadita he derramado miles de lágrimas por la pérdida de mi hogar biológico, al cual no he podido dejar de hacer un duelo por la pérdida. Un duelo que he ido haciendo en silencio y que se revive todos los años, en especial el día de mi cumpleaños. Siento que más que celebrar mi cumpleaños, conmemoro un año más lejos de mi madre biológica y de todo el origen que me pertenece, pero que me arrebataron el derecho de saber que es mío. Cada cumpleaños siento un gran vacío en mi estómago, que necesito llenarlo con una gran torta de chocolate y helado de chocolate, para calmarlo y aún así sigue doliendo mi estómago. Para ser más exacta, siento un ardor fuerte en todo el estómago, que me hace sentir la dimensión inmensa de ese vacío afectivo que dejó mi madre. Cada cumpleaños mi corazón late con fuerza y recuerda aquello que me es negado recordar, que es a mi madre y los pocos momentos que pasé a su lado, el tiempo de gestación y lo que pude percibir de la vida afuera mientras estuve dentro de su vientre".
"Cada cumpleaños necesito llorar, pasar tiempo en soledad para recordar y conectarme con mi origen. A veces pienso, que ese día quizás a mi me recuerden y mediante pensamientos me conecto con mi madre, otra vez, si ella está viva. Ahora no sé si está viva, pero desde donde esté su alma, es posible que recuerde el día que nos separamos y el día que nací. Imposible que no lo recuerde, si ella tuvo un parto y debió dolerle dar a luz. Son suposiciones, pero siento que me conecto con mi madre ese día cada año, con mis raíces y tomo su fuerza para seguir cada año de mi enredada vida, que he podido ir descifrando gracias a que soy psicóloga y hecho por años psicoterapia".
 




Elvira Jauregizuria


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