Reformulando el concepto de inteligencia como Coeficiente de Inteligencia: Las inteligencias múltiples



Howard Gardner, neuropsicólogo norteamericano, autor de “Estructuras de la Mente. La Teoría de las Inteligencias Múltiples” N.Y. 1993 y más recientemente de “La Inteligencia Reformulada, las Inteligencias múltiples en el siglo XXI” Ed. Piadós 2001..
Es tal vez, el máximo tratadista y estudioso del tema de la inteligencia en la actualidad.

Propuso en 1993 su teoría de las Inteligencias Múltiples. A través de esta teoría el Dr Gardner llegó a la conclusión de que la inteligencia no es algo innato y fijo que domina todas las destrezas y habilidades de resolución de problemas que posee el ser humano.
Ha establecido que la inteligencia está localizada en diferentes áreas del cerebro, interconectadas entre sí y que pueden también trabajar en forma individual, teniendo la propiedad de desarrollarse ampliamente si encuentran un ambiente que ofrezca las condiciones necesarias para ello.

Señaló que existen siete inteligencias.:la lingüística-verbal, la lógica-matemática, la física-cinestésica, la espacial, la musical, la interpersonal y la intrapersonal. Luego basándose en los estudios más recientes establece que hay más inteligencias: la naturalista, la espiritualista- existencial, incluso más.

Ya hay educadores que realizan proyectos educativos teniendo en cuenta todas ellas.

La inteligencia lingüística-verbal: es la capacidad de emplear de manera eficaz las palabras, de manera oral o escrita.
Con habilidad en el uso de la estructura o sintaxis del lenguaje, la fonética, la semántica, y los usos prácticos del lenguaje. La retórica, la mnemónica, la explicación y el metalenguaje.

Alto nivel de esta inteligencia se ve en escritores, poetas, periodistas y oradores, profesores entre otros.
Está en los niños a los que les encanta redactar historias, leer, jugar con rimas, trabalenguas y en los que aprenden con facilidad otros idiomas.



La inteligencia física-cinestésica: es la habilidad para usar el propio cuerpo para expresar ideas y sentimientos.
Es la facilidad en el uso de las manos para transformar elementos. Incluye habilidades de
coordinación, destreza, equilibrio, flexibilidad, fuerza y velocidad, como así también la capacidad cinestésica y la percepción de medidas y volúmenes.
Se manifiesta en atletas, bailarines, cirujanos y artesanos, entre otros. Se la aprecia en los alumnos que se destacan en actividades deportivas,
danza, expresión corporal y / o en trabajos de construcciones utilizando diversos materiales concretos. También en aquellos que son hábiles en la ejecución de instrumentos.

Se la aprecia en los niños que se destacan en actividades deportivas, danza, expresión corporal y/o en trabajos de construcciones utilizando diversos materiales concretos. También en aquellos que son hábiles en la ejecución de instrumentos.

La inteligencia lógica-matemática: es la capacidad de manejar números, relaciones y patrones lógicos de manera eficaz y de razonar adecuadamente.

Incluye la sensibilidad a los esquemas y relaciones lógicas, las afirmaciones y las proposiciones, las funciones y otras abstracciones relacionadas. Alto nivel de esta inteligencia se ve en científicos, matemáticos, contadores, ingenieros y analistas de sistemas, entre otros.

Destacan, por tanto, en
razonar de forma deductiva e inductiva, relacionar conceptos, operar con conceptos abstractos, como números, que representen objetos concretos.


Profesionales que necesitan esta inteligencia en mayor grado: científicos, ingenieros, investigadores, matemáticos.

Los niños que la han desarrollado analizan con facilidad planteamientos y problemas. Se acercan a los cálculos numéricos, estadísticas y presupuestos con entusiasmo. Les gusta realizar experimentos.


La inteligencia espacial: es la habilidad de pensar en tres dimensiones.

Permite percibir imágenes externas e internas, recrearlas, transformarlas o modificarlas, recorrer el espacio o hacer que los objetos lo recorran y producir o decodificar información gráfica. Es la capacidad de representarse gráficamente las ideas, y de sensibilizar el color, la línea, la forma, la figura, el espacio y sus interrelaciones.
Presente en pilotos, marinos, escultores, pintores y arquitectos, entre otros. Está en los alumnos que estudian mejor con
gráficos, esquemas, cuadros. Les gusta hacer mapas conceptuales y mentales. Entienden muy bien planos y croquis.

La inteligencia musical: es la capacidad de percibir, distinguir, transformar y expresar el ritmo, timbre y tono de los sonidos musicales.

Está presente en compositores, directores de orquesta, críticos musicales, músicos, luthiers y oyentes sensibles, entre otros. Los niños que la evidencian se sienten atraídos por los sonidos de la naturaleza y por todo tipo de melodías. Disfrutan siguiendo el compás con el pie, golpeando o sacudiendo algún objeto rítmicamente.

La inteligencia interpersonal: La inteligencia interpersonal es la capacidad de entender a los demás e interactuar eficazmente con ellos. Incluye la sensibilidad a expresiones faciales, la voz, los gestos y posturas y la habilidad para responder.

Es la capacidad de distinguir y percibir los estados emocionales y signos interpersonales de los demás, y responder de manera efectiva a dichas acciones de forma práctica.
Presente en actores, políticos, buenos vendedores y docentes exitosos, entre otros.
La tienen los niños que disfrutan trabajando en grupo, que son convincentes en sus negociaciones con pares y mayores, que entienden al compañero.

La inteligencia intrapersonal: es la capacidad de construir una percepción precisa respecto de sí mismo y de organizar y dirigir su propia vida.

Es la habilidad de la autoinstrospección, y de actuar consecuentemente sobre la base de este conocimiento, de tener una autoimagen acertada, y capacidad de autodisciplina, comprensión y amor propio.

Se encuentra muy desarrollada en teólogos, filósofos y psicólogos, entre otros.
La evidencian los niños que son reflexivos, de razonamiento acertado y suelen ser consejeros de sus pares.

La inteligencia naturalista: es la capacidad de distinguir, clasificar y utilizar elementos del medio ambiente, objetos, animales o plantas. Tanto del ambiente urbano como suburbano o rural. Incluye las habilidades de observación, experimentación, reflexión y cuestionamiento de nuestro entorno.
La poseen en alto nivel la gente de campo, botánicos, cazadores, ecologistas y paisajistas, entre otros.
Se da en los niños que aman los animales, las plantas; que reconocen y les gusta investigar características del mundo natural y del hecho por el hombre.

¡Cuanta posibilidad intelectual, y cuanta capacidad de desarrollo poseemos¡

Sin embargo, cuando analizamos los programas de enseñanza que se imparten en muchas instituciones y que los alumnos tienen que seguir, observamos que se limitan a concentrarse en el predominio de las inteligencias lingüística y matemática dando mínima importancia a las otras posibilidades del conocimiento.

Razón por la cual muchos alumnos que no se destacan en el dominio de las inteligencias académicas tradicionales, no tienen reconocimiento y se diluye así su aporte al ámbito cultural y social, y algunos llegan a pensar que son unos fracasados, cuando en realidad se están suprimiendo sus talentos.
Por lo anterior descrito, sabemos entonces que no existe una inteligencia general que crezca o se estanque, sino un elenco múltiple de aspectos de la inteligencia, algunos mucho más sensibles que otros a la modificación de estímulos adecuados.
En la actualidad se habla del desarrollo integral del niño, es decir que incluya todos los aspectos del desarrollo (físico, sexual, cognitivo, social, moral, lenguaje, emocional, etc.), en esto se basa la teoría del Desarrollo de las Inteligencias Múltiples.

Existen dos tipos de experiencias extremas claves en el desarrollo de las inteligencias que es importante tomar en cuenta, las experiencias cristalizantes y las experiencias paralizantes:

Las experiencias cristalizantes, son hitos en la historia personal, claves para el desarrollo del talento y de las habilidades en las personas. A menudo estos hechos se producen en la temprana infancia. Estas experiencias son las que encienden la chispa de una inteligencia e inician su desarrollo hacia la madurez.



Las experiencias paralizantes existen como contrapartida de las anteriores, se refieren a aquellas experiencias que bloquean el desarrollo de una inteligencia, están llenas de emociones negativas, capaces de frenar el normal desarrollo de las inteligencias. Sensaciones de miedo, vergüenza, culpa, odio, impiden crecer intelectualmente. Es probable así, que luego de esta experiencia un niño decida no acercarse más a un instrumento musical o no dibujar más.

Es importante que los docentes desarrollen estrategias didácticas que toman en cuenta las diferentes posibilidades de adquisición del conocimiento que tiene el niño. Si éste no comprende a través de la inteligencia que se elige para informarle, deben considerar que existen por lo menos siete diferentes caminos más para intentarlo.

Los padres tienen participación activa en la planificación de actividades que ayudan a enriquecer el currículo y asisten a reuniones donde se discute el progreso de sus hijos, además en casa estimulan, comprenden y alientan a sus hijos en el desarrollo de sus capacidades.
Se abre así a partir de esta Teoría de las Inteligencias Múltiples una ruptura con viejos paradigmas de la enseñanza.

Fuente: Revista Papeles del psicólogo.

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Elvira Jauregizuria

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¿QUÉ PUEDEN HACER LOS PADRES PARA PREVENIR LOS PROBLEMAS DE VIOLENCIA EN LA ESCUELA Y FUERA DE ELLA?




En los últimos años se ha incrementado considerablemente el interés por el estudio de la violencia en la infancia y adolescencia, y muy especialmente el estudio de la violencia entre iguales o bullying.

A la hora de estudiar el fenómeno de violencia entre iguales, podemos entender que se trata de un problema circunscrito esencialmente al ámbito escolar, y que es en ese contexto donde han de buscarse soluciones o, por el contrario, podemos entender que se trata de un problema más amplio y que toda la sociedad tiene un papel en su prevención y solución.

De hecho, cada vez es más frecuente escuchar a padres, profesores, educadores y otros adultos quejarse de que los niños cada vez obedecen menos, se muestran desafiantes, se niegan a cumplir sus demandas, son impulsivos, no atienden, no controlan sus emociones (comportamientos que pueden resultar previos a los episodios de violencia), y que incluso llegan a agredir.




Por otra parte, diferentes investigadores se han centrado en el estudio de los estilos educativos, las reacciones de los padres y la dinámica de funcionamiento y estructura del sistema familiar, y cómo éstos pueden ser generadores de violencia o factores de protección frente a la misma

Hoy sabemos que ciertas prácticas de crianza favorecen la aparición de conductas violentas en los niños, algunas tan evidentes como la utilización del castigo físico severo por parte de padres y educadores, un comportamiento extremadamente violento en algunos miembros de la familia, falta de afecto y de implicación en la educación de los hijos, padres muy irritables y negativos con sus hijos o ambientes familiares conflictivos y estresantes.


Pero también existen otro tipo de prácticas que socialmente no son vistas como "peligrosas" o problemáticas y que, sin embargo, se está observando que pueden resultar también factores de riesgo, como, por ejemplo,
ausencia de acuerdo entre los padres en cuanto a las normas, permisividad excesiva o inconsistencia en la aplicación de las mismas, disciplinas parentales caracterizadas por excesivas órdenes, numerosas críticas, instrucciones dadas de manera airada, humillante o "regañona", y escasa atención a las conductas apropiadas o de obediencia en los niños.



Al mismo tiempo, y quizás esto sea lo más relevante, existen otros comportamientos de los padres que pueden actuar como factores de protección; esto es, pueden ayudar a prevenir la aparición de este tipo de problemas. Algunos de estos comportamientos serían:
implicarse en la educación y ejercer el debido control, utilizar la disciplina de forma adecuada mostrando afecto y aceptación y un nivel intermedio de normas y de severidad para imponerlas.



En definitiva, los padres y educadores, con sus creencias, sus valores, sus estilos atribucionales y sus maneras de reaccionar y afrontar ciertos eventos, tienen un papel primordial en el desarrollo psicológico de los niños.

Las creencias y actitudes que el niño y futuro adolescente tenga, las razones que argumente respecto de sus actuaciones, los valores que se plantee ante la vida, las reglas que lleguen, o no, a guiar sus actuaciones, sus principios morales y éticos, y su tendencia a quedar, o no, literalmente atrapado por las opiniones de su entorno social se conformarán bajo la influencia de su medio social (padres, profesores, amigos y medios de comunicación).



Recomendaciones a padres y educadores:

Puesto que los trastornos disociales suelen relacionarse con problemas más leves a edades tempranas, es conveniente no pasar por algo sin importancia las primeras desobediencias. Si éstas no se corrigen pueden llegar a ser recurrentes y generalizarse a muchas situaciones.
Desde la más temprana infancia los niños han de disponer de un marco de referencia ordenado en el seno familiar, con normas consensuadas entre los padres y todas las personas implicadas en la educación de los niños, relativas al funcionamiento social y la disciplina. Esto es, es importante clarificar cuáles van a ser los criterios de obediencia que se van a inculcar, incentivar o corregir.

Deben proporcionarse normas claras, y no sólo referidas a lo que no se puede hacer, sino también a lo que es conveniente hacer; normas directas e indirectas (por ejemplo, proporcionando ejemplos y metáforas que vengan a describir aquello que los adultos quisiéramos transmitir como normas a seguir); y, sobre todo, es fundamental ser coherente y sistemático a la hora de valorar o corregir el cumplimiento, o no, de dichas normas.



Cuando se detecten los primeros indicios de comportamientos antisociales (desde las primeras negativas y desafíos, a la falta de atención, la hiperactividad, la impulsividad hasta la falta de control emocional), padres y profesores deberían preguntarse: ¿cómo se han podido generar dichos patrones?, ¿existen o han existido modelos y normas acordes o favorecedoras de esos problemas?, ¿funcionalmente han supuesto repertorios útiles para escapar de ciertas situaciones (esto es, los niños con ello consiguen dejar de hacer algo que les desagrada)?, ¿han sido o siguen siendo comportamientos útiles o funcionales para obtener ciertos privilegios (alabanzas de sus amigos, dinero u otros aspectos materiales, atención de padres, de los profesores)? En definitiva, habría que analizar las reacciones de su medio social que pueden estar manteniéndolos.



La clave, pues, será el análisis funcional de tales conductas, determinar qué las motiva y mantiene, a fin de cambiar la relación de contingencia hacia comportamientos alternativos, adaptativos o prosociales (más ajustados a lo que queremos para ellos), a la vez que se reducen los comportamientos antisociales o violentos.


Todo lo anterior supone que no se puede aislar una reacción violenta de las condiciones en las que se produce, de cómo reaccionan los otros, del resto de comportamientos de los afectados, de lo ocurrido en su historia, del trato que da el micro y macrosistema (familia, escuela y comunidad) a este tipo de problemas.


La intervención efectiva es la prevención temprana y una adecuada socialización desde la infancia. Y a la larga será fundamental fomentar en los niños estrategias de autocontrol y autorregulación.


Las intervenciones dirigidas exclusivamente al individuo, asumiendo el problema en
el niño o adolescente con patrones violentos, tienen escasa eficacia. La intervención con el niño o adolescente debe ir siempre acompañada de la mejora de los estilos educativos, las creencias, las actitudes y las reacciones del medio social del niño (familia y escuela).



Referencias


El artículo original en el que se basa este trabajo puede encontrarse en la revista International Journal of Psychology and Psychological Therapy: Hernández, M., Gómez, I., Martín, M.J., y González, C. (2008). Prevención de la violencia infantil-juvenil: estilos educativos de las familias como factores de protección. International Journal of Psychology and Psychological Therapy, 8, 73-84.

Sobre las autoras:

Mónica Hernández López es doctora por la Universidad de Almería y actualmente trabaja como profesora ayudante doctora en el Departamento de Psicología de la Universidad de Jaén. Su labor investigadora se centra en el análisis funcional-contextual de los problemas psicológicos en la infancia y adolescencia. También trabaja en el análisis funcional del lenguaje y la cognición, y en el estudio de la Terapia de Aceptación y Compromiso, y su aplicación en el ámbito clínico y de la salud. Ha publicado diversos capítulos y artículos en revistas especializadas.

Inmaculada Gómez Becerra es doctora y profesora titular en el Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos de la Universidad de Almería. Su labor investigadora se centra en el estudio epidemiológico y el análisis de los factores de riesgo psicosocial de los problemas psicológicos en la infancia y adolescencia, en el tratamiento de diferentes trastornos psicológicos en la infancia con especial énfasis en la intervención con las familias, y a nivel básico en diferentes fenómenos complejos del desarrollo del lenguaje y la cognición. Ha publicado diversos capítulos y artículos en revistas especializadas



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