APEGO ADULTO




Los seres humanos tenemos la necesidad básica de vincularnos afectivamente con los demás. El vínculo de apego, el de amistad, el parento-filial o los vínculos de naturaleza sexual, dan respuesta a esa necesidad básica.

Este trabajo se centra en el vínculo de apego que responde a la necesidad de seguridad emocional. Necesitamos sentirnos seguros, escuchados, comprendidos y queridos incondicionalmente. La persona que resuelve satisfactoriamente esta necesidad obtiene en los otros la base de seguridad que le permite abrirse al mundo, así como enfrentarse a los retos y dificultades del día a día con confianza y optimismo. Cuando esta necesidad no está cubierta, nos sentimos solos, sin apoyos, desorientados e inseguros.


La teoría del apego (Bowlby, 1969), en la que se enmarca este trabajo, es una teoría de la regulación del afecto (Sroufe, 1996) y, como tal, diferencia a las personas en el modo en el que éstas sienten y expresan sus necesidades afectivas, y en la manera en la que actúan para mantener un equilibrio emocional y lograr seguridad.

La diferencia en el tipo de estrategia utilizada para regular el estrés y los estados de inseguridad, es lo que va a diferenciar a los cuatro estilos de apego prototípicos (Bartholomew y Horowitz, 1991).

Las personas con apego seguro mantienen un adecuado equilibrio entre las necesidades afectivas y la autonomía personal.

Las personas inseguras huidizas del tipo alejado se caracterizan por sentirse incómodas con la intimidad, por considerar las relaciones interpersonales como algo secundario al logro y por mostrarse autosuficientes.

Las huidizas temerosas también se sienten incómodas en la intimidad y consideran las relaciones interpersonales como algo secundario pero, a diferencia de las anteriores, tienen elevada necesidad de aprobación y temor al rechazo social.

Por último, las personas con apego inseguro preocupado son dependientes, con elevada necesidad de aprobación, una preocupación excesiva por las relaciones y temor al abandono.

La cuestión que nos planteamos en este trabajo es: ¿existen instrumentos de evaluación de apego adulto que recojan las particularidades de la población española?

Tras analizar los cuestionarios existentes, consideramos de utilidad clínica elaborar un instrumento adaptado a las peculiaridades afectivas de nuestra población.


La persona segura se caracteriza por ser sociable, con facilidad para expresar sentimientos y con estrategias de resolución de conflicto bilateral.

La persona preocupada tiene baja autoestima, alta necesidad de aprobación, miedo al rechazo, expresividad emocional y comodidad con las relaciones.

Por su parte, la persona alejada prioriza su autosuficiencia al establecimiento de lazos afectivos; rehúye del compromiso emocional, pero no presenta problemas de autoestima.

Por último, la persona temerosa hostil se caracteriza por enfado, hostilidad, rencor, posesividad, baja autoestima, necesidad de aprobación, miedo al rechazo y autosuficiencia emocional; es, por tanto, una persona que combina aspectos típicos de los estilos alejado y preocupado.


Para terminar, consideramos de interés destacar tres aspectos importantes en relación a este trabajo;

En primer lugar, en nuestro estudio aparece un factor de hostilidad, rencor y celos y un estilo afectivo hostil.
Diversas investigaciones informan que las personas con apegos preocupado y temeroso (apegos con elevada ansiedad), muestran mayor frecuencia de conductas violentas dentro de la relación de pareja, por lo que resulta especialmente interesante la obtención de este factor en una muestra no clínica.


En segundo lugar, en torno al 30% de nuestros sujetos fueron clasificados como huidizos alejados. Este elevado porcentaje podría ser un reflejo de los modelos de socialización actuales, donde existe una sobrevaloración de la individualidad y la autosuficiencia, frente al establecimiento de relaciones íntimas.


En tercer lugar, consideramos que la evaluación del estilo de apego adulto facilita el diseño de la intervención en parejas con una interacción disfuncional. Existe un estilo de pensamiento, emoción y conducta característico de cada estilo afectivo, con una clara incidencia sobre el ajuste a la relación, por lo que la intervención en estos casos se enriquecería con la inclusión en sus tratamientos de los resultados de las investigaciones sobre apego.

Remedios Melero Cavero y Mª José Cantero López
Universitat de València

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