LA INTEGRACIÓN ESCOLAR Y LA PROMOCIÓN DE LA RESILIENCIA. Jorge Barudy

Óleo Mª Angélica Martín.

Los malos tratos tienen consecuencias concretas para los niños, no siempre visibles y pensables pero siempre presentes. Su detección deberá ser precoz y eficaz. Se trata no solo de determinar si existen o no malos tratos, sino que sobre todo de tener la valentía ética y las competencias profesionales para relacionar los indicadores de sufrimiento infantil con la existencia de contextos de malos tratos.


Trastornos de apego: Una de las consecuencias más graves de los malos tratos son los trastornos en las capacidades de establecer vinculaciones sanas consigo mismo y con los demás. Como lo hemos mostrado en diferentes trabajos, los niños víctimas de malos tratos presentan todos un modo de apego inseguro, ya sea del tipo ansioso ambivalente, evitativo o desorganizado, con diferentes grados de trastornos de la empatía y de la seguridad de base. (Barudy J., 1998, 2000).


El modo de apego desorganizado es el más grave y está relacionado no sólo con el hecho de que los niños han sido víctimas de diferentes tipos de malos tratos al mismo tiempo, sino que también han conocido el proceso que hemos llamado el “Síndrome del Peloteo” caracterizado, entre otras cosas por: la detección tardía de los malos tratos, periodos de diagnósticos prolongados, el peloteo de los niños y niñas por los múltiples cambios de medidas oficiales que sufren, etc.


Daño traumático: los diferentes tipos de malos tratos son experiencias que provocan estrés y dolor crónico y de gran intensidad. Nos referimos no sólo al dolor físico, sino al psicológico, que no tiene una localización focal, pero compromete el conjunto del organismo. Lo que agrava los traumatismos es que el dolor y el estrés son provocados por las personas más significativas para un niño o una niña: sus padres.



Numerosas investigaciones muestran que el cariño y el consuelo de los padres aumentan la producción de endorfinas naturales en caso de dolor, ayudando a calmar estos síntomas (Goleman D., 1996). Los malos tratos implican además traumatismos graves, por la gran dificultad de darle un sentido a lo que se esta viviendo.

Esta imposibilidad es el resultado del doble vínculo impuesto por los padres o otros cuidadores, es decir, la paradoja monstruosa de ser dañados por aquellos que les dieron la vida y que tendrían que cuidarles, protegerles y educarles, acompañado de la enorme dificultad de denunciar lo que esta pasando.


Trastorno de la socialización: Los niños y niñas víctimas de malos tratos presentan trastornos de la identidad y de la auto-estima con creencias negativas sobre si mismos que se expresan por comportamientos dañinos en sí mismos o a los demás.


Trastornos de los procesos educativos: Educar a un hijo implica competencias para enseñarle a comportarse adecuadamente respetándose a si mismo y respetando a los demás.
Los contextos de malos tratos no permiten este aprendizaje



Trastornos del desarrollo: Los malos tratos impiden o dificultan el desarrollo y el crecimiento sano de los niños. Una parte importante de los recursos y de la energía necesaria para enfrentar los desafíos de crecer, deben ser utilizados para sobrevivir al estrés y el dolor permanente.



Diferentes investigadores han demostrado que los malos tratos provocan alteraciones importantes en el desarrollo del sistema nervioso central, que no
siempre se pueden recuperar. Como consecuencia de ello, muchos de estos niños presentan retrasos mentales y psico-afectivos irreversibles.


Trastornos de los procesos resilientes: las capacidades resilientes son aquellas que permiten a los niños un desarrollo suficientemente sano, a pesar de los obstáculos y dificultades que derivan de sus vidas. Las experiencias de malos tratos dificulta el desarrollo de la resiliencia.


El papel de la integración escolar en una política de protección coherente.
Una protección adecuada e integral, debe aportar los cuidados que un niño o niña tiene derecho a recibir para reparar los daños de los malos tratos sufridos sino que, además, debe asegurarles una educación y una socialización que prevenga y trate sus trastornos conductuales y en los casos más graves los comportamientos violentos y delictivos.



En este aspecto el papel de la integración escolar es fundamental.
Diferentes investigaciones muestran la relación directa que existe entre malos tratos infantiles, medidas de protección inadecuadas con trastornos conductuales, violencia y delitos producidos por niños y adolescentes (Cyrulnik B., 2002. Barudy J. 1998, 2000).
Para que esta integración sea posible las escuelas deben disponer de recursos humanos suficientes para enfrentar esta tarea y los profesores recibir una formación adecuada.
Siendo lo mas importante su participación como recursos fundamentales en las dinámicas de red necesarias para hacer frente al desafío de ayudar a estos niños y niñas.
Los diferentes profesionales de la infancia tienen que integrar que los miembros de la comunidad escolar, principalmente los profesores, pueden jugar un rol importante en la reparación del daño de los niños maltratados. Para ello tienen que asumir conscientemente el papel de tutores de resiliencia. “La resiliencia es la capacidad de una persona o de un grupo para desarrollarse bien, para seguir proyectándose en el futuro a pesar de los acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a graves”. (Cyrulnik, B., 2002).


La investigación longitudinal mencionada, así como nuestra propia investigación clínica, nos ha permitido establecer el contenido de las experiencias que favorecen la emergencia de la resiliencia y que pueden hacer de cualquier profesional un recurso de resiliencia para los niños.


-- Ofrecer vinculaciones afectivas seguras, fiables y continuas.
-- Reconocerles como víctimas y permitirles la toma de conciencia de su realidad de víctimas de malos tratos, por la incompetencia de sus padres.
-- Brindar apoyo social y afectivo.
-- Facilitar la participación de los niños, en movimientos sociales, que luchan por la justicia en la distribución de los bienes y de la riqueza, para asegurar el buen trato y la erradicación de la violencia en las relaciones humanas o en la defensa del planeta y de su ecología.
-- Promover y participar en procesos educativos que potencien el respeto de los
derechos de todas las personas, especialmente de los niños y niñas, así como el
respeto por la naturaleza.
-- Participar y promover la participación de los niños y niñas en actividades que por su contenido valórico y espiritual les permitan acceder a una visión trascendente de lo humano, así como a un compromiso social, religioso o político altruistas para lograr sociedades más justas, solidarias y sin violencia.
-- Favorecer las experiencias que promuevan la alegría y el humor.
-- Favorecer el desarrollo de la creatividad y el arte.



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