LOS COMPONENTES DEL DESARROLLO DE LA IDENTIDAD. Adopciones familiares.

El desarrollo de la identidad se inicia en los primeros años de vida a partir de la relación que el niño establece con las personas que le atienden. Los primeros elementos implicados en el desarrollo de la identidad y la autoestima es la vinculación afectiva segura.

Una figura de apego inconsistente que no atiende adecuadamente a sus necesidades, puede afectar negativamente a la seguridad que el niño siente, su sensación sobre el control de los eventos y su autoestima. Le será imposible aprender que sus figuras de apego son incondicionales, que sus conductas son entendidas y atendidas por los demás, que es digno de ser querido, y, por tanto, estimable.

En los años preescolares y gracias a una mayor competencia cognitiva, empieza a agrupar objetos en categorías. Así aprende el concepto de familia y la identificación del niño con una familia, unos valores, creencias y características. Hay un modelado de rol y una imitación de comportamientos de aquellas personas más significativas.

Cuando se inicia la escolarización se dan procesos de comparación con otros niños que van a influir en la forma en que él se ve a sí mismo. Establece una jerarquía de valores que determinarán su auto imagen en función de la importancia que de a cada una de sus características.

La adolescencia es un momento evolutivo en el que el niño integra todos los componentes de su identidad y les da un sentido global al responder a la pregunta quien soy yo. Se añade además, un elemento nuevo, la imagen corporal que se ha ido transformando desde el nacimiento. Se unifican los distintos aspectos del yo con la imagen que los demás nos reflejan de nosotros mismos.

El desarrollo adecuado de la identidad tiene diversas amenazas en el caso de niños de protección. En los niños maltratados no se desarrolla adecuadamente la confianza básica ni un apego seguro. El abandono, rechazo y/o maltrato fomentan la aparición de ideas negativas sobre sí mismo, como un ser que merece ser castigado, o que no vale lo suficiente para ser querido.

En el caso del acogimiento familiar, el desarrollo del sentimiento de pertenencia a una familia se ve amenazado por encontrarse en una situación que puede ser ambigua si no mantiene contactos regulares y adecuados con su familia.

En los casos de adopción, en la construcción de su identidad pueden surgir importantes problemas en el momento que empieza a preguntarse sobre los motivos del abandono de sus padres. Puede sentirse un ser que ha sido rechazado y esto afectar a su auto imagen.

Cualquier conflicto con su familia adoptiva puede reactivar este sentimiento de rechazo y profundos temores de abandono y pérdida. Una no adecuada resolución del duelo puede activar situaciones de “romance familiar”, idealizando una imagen de sus padres biológicos en detrimento de la imagen de la familia adoptiva. Por otra parte pueden permanecer activos sentimientos de culpa o de enfado. Esto puede afectar de manera muy negativa al vínculo entre la familia adoptiva y el niño adoptado, si la familia no comprende la dinámica de estos procesos y no está adecuadamente preparada para hacer frente a los problemas de individuación del adolescente.

Existe evidencia suficiente en que la situación de ser adoptado aumenta la vulnerabilidad de los niños ante situaciones de estrés y a padecer problemas emocionales.


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