La adopción internacional se dispara entre las familias alavesas

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Terapia de pareja.
Sabino Arana nº 49 - Bilbao. Vizcaya.

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La adopción internacional se dispara entre las familias alavesas en la última década
la "Frágil" salud de los niños se restablece al año de vivir con sus nuevos padres
Los retrasos en el crecimiento y la malnutrición son comunes entre los pequeños de Europa del Este, Asia y América

La adopción internacional de niños ha experimentado un incremento extraordinario en los últimos años. Según datos del Ministerio español de Trabajo, entre 1997 y 2004 fueron adoptados 24.042 niños por familias del Estado y en ese último año España fue el primer país de la Unión Europea y segundo en el mundo en número absoluto de adopciones. Una solidaridad que, lógicamente, también ha tenido su reflejo tanto en la CAPV como en Navarra. Casi un 7% de esos pequeños, un total de 1.648, se integró a lo largo de esos siete años en familias residentes en Hego Euskal Herria.

Un estudio elaborado por la pediatra Maite de Aranzabal y varios colaboradores pone de manifiesto que los niños adoptados en el extranjero tienen más factores de riesgo para padecer problemas de salud que los nacidos en familias estructuradas. Y, efectivamente, los padecen.

A pesar de todo, también constata que su grado de adaptación social al poco tiempo de convivir con sus familias adoptivas es bueno y el de los padres muy alto, al tiempo que las alteraciones físicas o psicológicas poco graves que suelen sufrir "desaparecen o se aminoran en su mayoría".

De los 420 niños estudiados, un 40% procedía de Europa del Este, un 27% de América y un 22% de Asia, con una media de edad de dos años. El retraso psicomotor, intelectual o neurológico estaba descrito en el 16,8% de los casos, mientras que en los informes preadoptivos se nombraron múltiples patologías como la cardiopatía, tuberculosis tratada, desnutrición, anemia, maltrato y, por encima de todas, las infecciones broncopulmonares (7,85%), principalmente en niños provenientes de Europa del Este. Tanto la malnutrición como el retraso de crecimiento estaban presentes en un alto porcentaje de los niños adoptados internacionalmente, pero la evolución de los pequeños fue satisfactoria sólo un año después de ser adoptados por sus nuevas familias.

Los mayores problemas se dieron en niños prematuros o con antecedentes de alcoholismo materno: alteraciones visuales, auditivas, motoras, retrasos en el lenguaje y comportamientos retraídos o hiperactivos son sólo algunos ejemplos de los trastornos sufridos por niños con precedentes de este tipo.

Por ello, el estudio recomienda a los padres que se deciden a dar el importante paso de agrandar sus familias que exijan informes preadoptivos fidedignos y completos para evitar que sus hijos sufran patologías graves o incurables, un trámite que también compete a los gobiernos de los países a donde se traen los pequeños.

La presencia en los niños de otro tipo de enfermedades de carácter crónico prácticamente ha desaparecido con el paso del tiempo. De hecho, el 50% de los rumanos adoptados en 1990 estaba infectado por hepatitis B y en otros países de Europa del Este, África y Asia el contagio era frecuente. Actualmente, la vacuna a los recién nacidos es práctica habitual en estos países y las infecciones por hepatitis son residuales. Algo similar sucede con el VIH o la tuberculosis, porque apenas ha habido casos en niños europeos adoptados -salvo en la Rumanía de Ceaucescu-, tal vez porque los niños fallecen antes de llegar o probablemente los excluyen de las listas de adopción.

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