LOS COMPONENTES DE LA CREATIVIDAD

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Terapia de pareja.
En Bilbao. Vizcaya.






MITOS SOBRE LA CREATIVIDAD
Las investigaciones sobre creatividad han estado durante muchos años dominadas por el enfoque de los rasgos, en un intento de identificar precisamente las características de personalidad de las personas creativas (Nicholls, 1972).

(Ilustración: Amparo Vellido Sanjuan)

Como resultado, algunas otras áreas importantes han sido descuidadas, como por ejemplo la influencia de los contextos físicos, sociales y culturales en los que estas personas consideradas creativas han desarrollado sus producciones (Amabile, 1983). Además, se ha asumido generalizadamente que la creatividad no puede ser alterada y que las personas creativas pueden producir trabajos creativos en cualquier momento y en cualquier campo. Ninguna de estas suposiciones parece ser cierta.

La creatividad puede desarrollarse y quienes se centran en campos específicos se ven obligados a descuidar otros (Csikszentmihalyi, 1996) porque ser creativo requiere de esfuerzo y eso es algo que desgraciadamente tenemos que dosificar.


Los estudios centrados en el proceso de desarrollo de la creatividad parecen indicar que el talento creativo excepcional se hace (Ericsson, 1996) y que manifestar creatividad en cualquier campo requiere un periodo de aprendizaje previo (Hayes, 1989; Simonton, 1991).

La producción de ideas creativas no surge de la nada, más bien éstas surgen de personas que han desarrollado un amplio abanico de habilidades y que disponen de un rico cuerpo de conocimientos relevantes, previamente adquirido en contextos favorecedores (Simonton, 2000).

Además, las ideas y producciones creativas pasan, después de ser producidas, por restrictivos procesos de selección en la opinión y valoración de los expertos del ámbito, de los que resulta que sólo unas pocas son consideradas merecedoras de pasar a la siguiente generación.
Más grave es la suposición de que creatividad y patología son fenómenos relacionados.

Desgraciadamente es muy probable tachar de locos a quienes simplemente no entendemos. Además, la tendencia generalizada a sobrestimar el grado en el que dos acontecimientos ocurren juntos, especialmente cuando uno de ellos suscita gran impacto emocional, pueden estar explicando esta infundada asociación.
Hoy parece que esta conexión es algo puramente accidental (Amabile, 1993; Csikszentmihalyi, 1996; Rothenberg, 1990; Simonton, 2000). Son muchas más las personas consideradas creativas que han gozado de buena salud física y mental (Cassandro y Simonton, 2002). La capacidad para descubrir lo que uno puede hacer bien, y disfrutar haciéndolo, es el sello de las personas creativas (Csikszentmihalyi, 1996) y no el sufrimiento alimentado por modas románticas.



COMPONENTES DE LA CREATIVIDAD

La creatividad no depende de entes divinos ni de características excepcionales, sino que resulta de una constelación particular de características personales, habilidades cognitivas, conocimientos técnicos, circunstancias sociales y culturales, recursos y en gran medida de suerte.

Rasgos de personalidad
Los estudios realizados bajo el enfoque de los rasgos suelen coincidir en que las personas que juzgamos como creativas tienen algunas características comunes.

Entre los rasgos que se les atribuyen destacan los siguientes: cierta tendencia al riesgo, inconformismo, gusto por la soledad y por el establecimiento de reglas nuevas, independencia de juicio y tolerancia a la ambigüedad (Eysenck, 1993; MacKinnon, 1965; Martindale, 1989; Simonton, 1999; Sternberg, 1985).


Inteligencia y capacidad de trabajo
Las personas juzgadas como creativas suelen ser trabajadoras y muy constantes.

Durante años han estado empeñadas en dominar un ámbito de especialización concreto, por lo que disponen de habilidades relevantes en dominios de actuación concretos.

Por ejemplo, poseen conocimiento preciso de paradigmas, teorías, técnicas, corrientes de opinión (Amabile, 1983; Csikszentmihalyi, 1996). Obviamente, no se puede ser creativo en nanotecnología si no se sabe nada de nanotecnología, ni se puede ser un pintor creativo si no se sabe que de la mezcla del azul y del amarillo sale el verde. La inteligencia es un componente necesario para la adquisición de conocimientos y de habilidades, pero no es suficiente para garantizar resultados creativos (Amabile, 1983; Barron y Harrington, 1981; Sternberg, 1990).

También son importantes otras habilidades relacionadas con el estilo de trabajo, como la habilidad para mantener el esfuerzo durante largos periodos de tiempo o la habilidad para abandonar estrategias no productivas y temporalmente apartarse de los problemas persistentes (Amabile, 1983).


Motivación
La motivación sería otro ingrediente fundamental de la creatividad. Esto incluye actitudes positivas hacia la tarea en cuestión y razones suficientes para emprenderla en unas condiciones determinadas (Amabile, 1983).

La presencia de recompensas, externas o internas, es crítica para la motivación, resultando que la motivación intrínseca para realizar una tarea hará más probable los resultados creativos, mientras que la motivación extrínseca disminuirá la probabilidad de resultados creativos.

El refuerzo indiscriminado, prescrito por algunos profesionales para subir la autoestima, puede tener consecuencias negativas en el balance de creatividad (Csikszentmihalyi, 1996), en primer lugar porque interrumpe la concentración necesaria para desarrollar algo y en segundo lugar porque incrementa la visibilidad de las recompensas externas, disminuyendo la motivación intrínseca (Amabile, De Jong y Lepper, 1976).


Estilos cognitivos
La creatividad también se ha relacionado con una disposición para actuar de modo particular, caracterizada por la preferencia hacia problemas abiertos y abstractos, la flexibilidad para adoptar distintos puntos de vista y para explorar alternativas, para mantener las opciones de respuesta abiertas, suspender el juicio, usar categorías abiertas, recordar con precisión, salirse de los guiones establecidos de acción, etc. (Amabile, 1983; Eysenck, 1995; Sternberg, 1988).


Heurísticos de creatividad
Los heurísticos son reglas simples que permiten tomar decisiones y hacer juicios de valor en muy poco tiempo y con muy poco esfuerzo cognitivo.


Estas evidentes ventajas vienen asociadas en algunos casos a riesgos de error en los juicios o decisiones, pero en otros pueden favorecer la exploración de nuevos caminos cognitivos. Son ejemplo de esto último los siguientes heurísticos: "cuando todo falla hay que intentar algo contraintuitivo" (Newell, Shaw y Simon, 1962), "hay que hacer lo familiar extraño" (Gordon, 1961), "hay que generar hipótesis analizando estudios de caso, usando analogías, considerando excepciones e investigando paradojas" (McGuire, 1973).


Recursos externos
Es necesario un mínimo de recursos para poder desarrollar cualquier cosa, pero más allá de ese mínimo puede ocurrir lo mismo que ocurre cuando se intenta explicar la felicidad, que incrementos significativos de recursos no se asocian a incrementos proporcionales en creatividad y de hecho en niveles muy altos puede producirse el efecto contrario.

"Si la necesidad es la madre de la invención, la opulencia segura parece ser su madrastra disfuncional" (Csikszentmihalyi, 1996). Cuanto más acomodada está una persona, un grupo, una sociedad, menos razones tiene para buscar un cambio y menos creatividad es de esperar que manifieste.

El resultado de toda esta mezcla en contextos concretos puede dar lugar a grandes descubrimientos o a pequeñas revelaciones que impactan en la esfera de la vida privada.


La creatividad con C mayúscula supone aportar algo verdaderamente nuevo a un campo simbólico y que ello sea lo suficientemente valorado por otras personas, entre ellas las expertas en el tema, como para ser agregado a la cultura. Las culturas son conservadoras a la hora de incorporar nuevas ideas.


Hay de hecho una feroz competencia entre unidades de información cultural (memes) para conseguir ser transmitidas a la siguiente generación (Csikszentmihalyi, 1996; Dawkins, 1976), por lo que escribir una página de la historia de la humanidad es algo reservado a muy pocas personas. En estas circunstancias hay que valorar que lo que realmente importa en última instancia no es si tu nombre ha quedado unido a un descubrimiento reconocido, sino si has vivido una vida plena y creativa.


Desarrollar el potencial creativo en el ámbito de lo cotidiano, la creatividad con c minúscula, hace maravillas por la calidad de la vida, pero no hay que esperar que los demás se extasíen con nuestras aportaciones, esto depende de otros factores que para ser felices no importan demasiado.



¿PARA QUÉ SIRVE LA CREATIVIDAD?
Funcionar en la vida con todo el potencial disponible es lo óptimo y deseable. La creatividad como característica humana es el motor del cambio, del progreso y en definitiva de la evolución. La creatividad es a la evolución cultural lo que la mutación genética a la evolución natural (Csikszentmihalyi, 1996) y todos podemos contribuir en algo a la evolución cultural aunque no seamos recordados por ello.



Más concretamente, la creatividad puede ser considerada como el antídoto ante el aburrimiento en el vida diaria.


Aunque la creatividad no nos conduzca a la fama ni a la fortuna puede hacer algo que desde el punto de vista individual es incluso más importante, puede hacer más vivas, más agradables y más gratificantes las experiencias cotidianas (Csikszentmihalyi, 1996). Si aprendemos a ser creativos en el campo de lo cotidiano puede que no cambiemos el modo en que las generaciones futuras vean el mundo, pero cambiaremos la forma en que lo experimentamos (Csikszentmihalyi, 1996) y eso es un objetivo por el que merece la pena apostar.


El campo de la vida personal contiene las reglas, hábitos y prácticas que definen lo que hacemos cada día, es decir, cómo nos vestimos, cómo trabajamos, cómo llevamos nuestras relaciones, etc.


Reflexionar sobre ello, elegir conscientemente cuáles son nuestras opciones y estar abiertos a nuevas posibilidades son también ejercicios de creatividad relacionados con la satisfacción personal porque hacer lo que muchas veces no hacemos simplemente porque no se nos ocurre y ver lo que habitualmente no vemos porque no prestamos atención, como mínimo enriquece nuestro mundo estimular y el de quienes nos rodean y un poco más allá abre un mundo de posibilidades nuevas, algunas de las cuales pueden resultar muy ventajosas en el continuo proceso de adaptación al entorno.


Intentar conscientemente desarrollar la creatividad en un campo cualquiera supone un grado de reflexión que además viene a contrarrestar automatismos, condicionamientos, procesos de conformidad y de obediencia que nos llevan a hacer siempre lo mismo, a lo rutinario, a lo predecible.


En el campo de las relaciones interpersonales, por ejemplo, nos puede llevar a percibir a los demás y lo que hacen desde perspectivas más amplias que contribuyan a mejorar el entendimiento. Pensar, como hacemos habitualmente, que lo que hacen los demás sólo obedece a una causa posible que además nos fastidia no ayuda demasiado a la construcción de relaciones interpersonales satisfactorias.


Pensar por el contrario que posiblemente existan varias razones para hacer algo, investigarlas e intentar comprenderlas, como mínimo, favorecerá la comunicación y el intercambio constructivo y esto no deja de ser un ejercicio de creatividad dirigido conscientemente a percibir lo que generalmente no se percibe y a hacer lo que habitualmente no se hace.


La creatividad también puede ser considerada como un valioso recurso terapéutico al servicio de la salud. Es posible hipotetizar que las personas con algún trastorno psicológico no manifiestan mucha creatividad en ese campo cuando reaccionan encorsetadamente ante lo que les causa malestar y no intentan modificar las condiciones, internas o externas, que lo provocan, o lo intentan sin éxito.


Las estrategias terapéuticas de búsqueda de alternativas, las de corrección de errores cognitivos, los ensayos conductuales, etc., son técnicas que en última instancia persiguen cambios en la forma en la que se interpreta la realidad, cambios en la forma de afrontar situaciones, cambios concretos de conducta, de actitudes, etc., en definitiva, buscan demostrar que hacer algo diferente a lo se venía haciendo es posible. Por ello pueden ser ampliamente conceptualizadas como estrategias que potencian habilidades estrechamente relacionadas con la creatividad, en estos casos, para conseguir un objetivo de mínimos, pero porqué no también para conseguir que la vida merezca la pena y desarrollar actividades que pongan en juego lo mejor de nosotros.


Maria Luisa vecina. Universidad Complutense


Elvira Jauregizuria Elordui
Paz Bahillo Calle

ORGANIZACIONES DENUNCIAN EL CRECIMIENTO DE IRREGULARIDADES EN CASOS DE ADOPCIÓN

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Guatemala está hoy entre los países que más ceden niños para la adopción. Según datos de la Organización Internacional de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), Guatemala es el cuarto país del mundo en cantidad de menores dados en adopción, quedando detrás sólo de Rusia, China y Corea del Sur.

La actividad mueve anualmente cerca de 100 millones de dólares, lo que ha provocado el aumento de robos de niños guatemaltecos para ser vendidos en redes ilegales de adopción.

Solamente en el primer semestre de este año, se registró el robo de 230 niños, además de la existencia de secuestro a mano armada, substracción de bebés de madres solteras, amenazas, coacciones de familiares. Datos como estos fueron llevados a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a través del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) y de la Casa Alianza, que el último día 13 de octubre llevaron a la Comisión sus principales preocupaciones en relación con las irregularidades que persisten en los procesos de adopción en Guatemala.

De acuerdo con las organizaciones, el 97,3 % de las adopciones son realizadas a través de ESCRIBANOS, que actúan sin ninguna supervisión. Sobre el asunto, las dos entidades enfatizaron la necesidad de que los procesos de adopción sean supervisados por un juez para garantizar el respeto de los derechos fundamentales de los niños.

Las organizaciones también dirigieron críticas al gobierno de Guatemala, cuestionando acerca de por qué estando conscientes de la problemática, no han tomado medidas para controlar la situación. Ellas dijeron además que esperan que la aprobación de la nueva Ley de Adopciones, prometida para este año, sea elaborada de acuerdo con las normas internacionales de derechos humanos.

La nueva ley tiene como objetivo eliminar los incentivos económicos en los procesos de adopción.
Según datos de la Procuraduría General de la Nación (PGN), el último año, 4.837 niños guatemaltecos fueron concedidos en adopción a familias extranjeras, un 10% más que en 2005. Hasta agosto de 2007, este número ya contaba con 2.271 adopciones, lo que revela un crecimiento de los números. De este total, el 98% fueron realizadas por extranjeros, la mayoría matrimonios de Estados Unidos.

A causa de las estadísticas, desde agosto de este año, la embajada de Estados Unidos en Guatemala ha exigido, entre otras medidas, que cada niño adoptado sea sometido a pruebas de DNA para garantizar que el padre donador sea de hecho el progenitor del niño. La embajada estadounidense para fines de este año espera ratificar el Convenio de La Haya, firmado el 29 de mayo de 1993 y que trata sobre la Protección del Niño y sobre Cooperación en Relación con la Adopción Internacional.

El mercado de adopciones en Guatemala tiene por detrás una gran red mafiosa que involucra a abogados, escribanos y "captadores", que convencen a jóvenes madres y mujeres de bajos ingresos a dar sus hijos en adopción. Muchas de ellas, aceptan las propuestas de los delincuentes a cambio de dinero o hasta incluso por asistencia de salud.

Cada matrimonio extranjero interesado en adoptar un niño guatemalteco desembolsa una cantidad que varía entre 20 y 30 mil dólares, lo que incluye el pago del viaje, los papeles y los honorarios de los abogados, ya que el proceso es encaminado vía funcionarios y no vía judicial, lo que disminuye el tiempo de espera para la conclusión de la adopción.

Las adopciones en Guatemala están regidas por el Código Civil, a través de la Ley de Protección Integral de la Infancia y Adolescencia y la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Niños, pero no existe una norma específica ni una autoridad central para tratar sobre el asunto.



Fuente: Adital

Elvira Jauregizuria Elordui
Paz Bahillo Calle

El abuso de los psicofámacos en niños "hiperactivos"

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Hemos encontrado este interesante artículo en la revista Infocop que queremos compartir con tod@s vosotr@s:

USOS Y ABUSOS DE LOS PSICOFÁRMACOS PARA TRATAR EL TDAH Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad.
ENTREVISTA A LA PSIQUIATRA EGLÉE ICIARTE
DIEGO ALBARRACÍN Y SILVIA BERDULLAS


Infocop Online se hacía eco hace unas semanas de las declaraciones vertidas a la agencia Europa Press por parte de la psiquiatra Eglée A. Iciarte Lavieri con respecto a lo que ella considera un "exceso en el diagnóstico" del Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) y el uso desmesurado de psicofármacos para tratar a la población infanto-juvenil española diagnosticada de esta enfermedad.

Estas declaraciones vuelven a poner en el candelero un viejo debate en torno a la idoneidad del uso de psicofármacos para tratar diversos trastornos del comportamiento y/o el estado de ánimo.

Debido a la relevancia de esta cuestión, Infocop ha entrevistado para sus lectores a Eglée Iciarte Lavieri, Psiquiatra, Terapeuta Familiar y de Pareja, especialista en estudios transculturales y profesora de la Universidad Autónoma de Madrid.

En esta entrevista, Iciarte ofrece su visión acerca de esta problemática y otros temas de gran relevancia en el tratamiento del TDAH:


-Infocop: Usted ha denunciado públicamente el "uso indiscriminado" que hacen ciertos sectores de la Psiquiatría para tratar a la población infanto-juvenil de nuestro país. Error éste, desde su punto de vista, fruto de la ligereza con la que se diagnostica a un niño/a de TDAH. ¿En qué sustenta estas afirmaciones? ¿Cuál es su experiencia profesional al respecto?

-Eglée Iciarte: El Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) es un cuadro clínico, en donde convergen diversas manifestaciones que dificultan su correcto diagnostico y complican el entendimiento de su etiología. Dentro del espectro sintomático, destacan básicamente la hiperactividad y/o la dificultad atencional. Estas son manifestaciones que pueden formar parte de otros cuadros clínicos, al tratarse de una población que se encuentra en una fase de su desarrollo, caracterizada por su inmadurez psíquica y física, que determina que las manifestaciones emocionales y conductuales se expresen de una manera característica.

Esta situación tiende a dificultar el diagnóstico diferencial, ocurriendo en ocasiones que se tienda a catalogar como diagnóstico, en este caso a la hiperactividad o al déficit de atención, cuando simplemente son expresiones o síntomas de malestares emocionales o de otra índole, tan frecuentes en estas etapas de la vida. De ahí la tendencia a sobrediagnosticar el cuadro, lo que conduce obviamente a tratamientos psicofarmacológicos, que de otra manera no se hubiesen requerido.
Diversos estudios realizados en población infanto-juvenil española, coinciden en reportar una prevalencia de este trastorno de un 3-5% en la población en edad escolar, correspondiendo entre un 30% y un 50% a los niños derivados a unidades de salud mental.
Resulta evidente que cada vez más, los ámbitos escolares y familiares son alertados acerca de la existencia de dicho trastorno. Esta situación se encuentra reforzada por la accesibilidad de test no fiables, ni validados para la población española, y de información no profesional a través de Internet y de otros medios, frecuentemente sin el suficiente apoyo científico. Por ello, entre otros motivos, se generaliza y trivializa dicho diagnóstico, no considerando otros factores contextuales e individuales, que probablemente sean la base de este tipo de manifestación.

-I.: Desde su punto de vista, a la hora de realizar un adecuado diagnóstico sobre este trastorno, ¿qué elementos son de especial relevancia para hacer un diagnóstico diferencial? ¿Con qué otros problemas puede confundirse el TDAH?

-E.I.: Según mi experiencia, un correcto diagnóstico del TDAH implica la intervención de un equipo multidisciplinar debidamente cualificado. El análisis de distintas fuentes de información, como los padres y profesores, al ser las personas más cercanas al menor, aportan datos fidedignos acerca de su funcionamiento.
El uso de instrumentos de evaluación, diagnóstico e intervención, son recursos que, debidamente implementados, resultan de ayuda complementaria. La mayoría de estas escalas, por su carácter cuantitativo, son de utilidad para identificar los síntomas y evaluar su trascendencia en la disfunción, pero necesariamente estas herramientas deben ser utilizadas como complemento de una anamnesis pormenorizada, en donde se consideren los antecedentes biológicos y del desarrollo psicoevolutivo, y del comportamiento en el ámbito familiar, escolar y durante la consulta.
Además, resulta imprescindible practicar un minucioso examen físico y mental del niño, y solicitar informes médicos y de otras especialidades, por otras intervenciones que haya requerido el paciente con anterioridad. También debemos solicitar informes a los profesores del comportamiento del niño en el colegio y exploraciones complementarias por especialistas en Neuropediatría, Genética Clínica o Logopedia, de acuerdo a los hallazgos de la evaluación practicada.

Un estudio realizado por especialistas españoles, en un Centro de Salud Mental de Murcia (Morán Sánchez et al., 2005), cuyos datos se obtuvieron a partir de una muestra local, manifiesta la tendencia existente a sobrediagnosticar. Aunque esta investigación ofrezca sólo una visión focalizada de la situación planteada en esta entrevista, no deja de ilustrar lo que ha venido ocurriendo en el resto del país.

Sus resultados reportan que sólo un 32% de los pacientes de la muestra fue diagnosticado finalmente de TDAH.

Además encontraron que de los menores derivados con un presunto diagnóstico de TDAH,

  • un 24% de ellos realmente presentó un diagnóstico de disfunción de la dinámica familiar
  • y otro 24% un diagnóstico de Retraso Mental de distintas etiologías.
  • Un 14 %, finalmente fue diagnosticado con alguno de los subtipos de Trastorno Generalizado del Desarrollo.

Estos hallazgos ratifican la necesidad de una exploración exhaustiva que finalmente nos conduzca a un diagnóstico de certeza.
Una de las manifestaciones que con frecuencia coexiste con este cuadro clínico, son las dificultades de aprendizaje, por ello se debe solicitar una evaluación del aprendizaje al equipo de Psicología y Psicopedagogía, con la finalidad de descartar un retraso mental u otra forma de alteración orgánica subyacente.

L@s niñ@s que experimentan ansiedad o estado de ánimo depresivo, como consecuencia de situaciones desadaptativas en la esfera escolar o familiar, suelen expresar su malestar emocional a través de su impulsividad y conductas hiperactivas.

Por ello, no debemos de considerar estos aspectos al practicar el diagnóstico.

En general, dentro del espectro psicopatológico de los pacientes infanto-juveniles, existe una amplia variedad de cuadros que pueden semejar un TDAH, de ahí la necesidad de practicar un cuidadoso diagnóstico diferencial. Entre ellos, se destacan niños normales muy activos, contextos familiares disfuncionales, dificultades de aprendizaje, trastornos de ansiedad y del estado de ánimo, trastornos oposicionistas, déficit sensoriales, daños neurológicos y uso de fármacos y drogas ilícitas.

En definitiva, el diagnóstico correcto es esencial, ya que resultan improcedentes tanto los sobrediagnósticos como la infravalorización de casos que, al ser intervenidos oportunamente, puedan mejorar su adaptación y se permita el pronóstico de un futuro más favorable.

-I.: Independientemente de la idoneidad o no de un diagnóstico diferencial claro, usted ha puesto el "dedo en la llaga" y avivado un viejo debate en torno al uso y abuso de los psicofármacos para tratar diversos problemas comportamentales o del estado de ánimo. Como psiquiatra, ¿cuál es su posición concreta al respecto? ¿En qué casos cree que está indicado un tratamiento farmacológico en el TDAH?

-E.I.: En vista del desconocimiento preciso de los factores etiológicos y de la amplia variedad de síntomas que constituyen este síndrome, mi opinión es que el abordaje debe ser multidisciplinar y cuidadoso. Como he planteado, luego de la minuciosa valoración de los diversos ámbitos de desempeño del menor y de sus antecedentes individuales, se debe incidir en las áreas que hayamos encontrado con mayor vulnerabilidad. Las intervenciones psicoeducativas y psicoterapéuticas a nivel individual y familiar y el abordaje psicopedagógico, son los recursos a emplear en primera instancia, tras haber realizado un diagnóstico apropiado, para, posteriormente, observar la respuesta del paciente.

Si ante la implementación de estos recursos, y posteriormente a un tiempo prudencial de espera, no se obtiene una evolución favorable de la clínica del menor, se debe considerar el incluir el tratamiento psicofarmacológico. La investigación antes referida, entre otras, reporta en este sentido que del 73% de los menores diagnosticados presuntamente como TDAH y tratados con Metilfenidato, un 41% obtuvo una buena respuesta al tratamiento; probablemente debido a que el uso de fármacos estimulantes a dosis bajas, mejoran la atención y la concentración, tanto en niños que presentan TDAH, como en los que no. Sin embargo, nunca deberemos hacer un diagnóstico de TDAH basándonos en la respuesta positiva ante el uso de farmacoterapia ya que, como he comentado anteriormente, incluso niños sin TDAH reaccionan positivamente a estimulantes.

Una razón más es que al diagnosticar a un menor de manera incorrecta, inducimos a su "psiquiatrización" y etiquetamiento, con la consabida predisposición hacia un destino incierto, "profetizándole" un pronóstico determinado, hacia el cual su vida es conducida. Esta problemática se encuentra agravada por los múltiples efectos adversos de los fármacos prescriptos en un sistema nervioso aún en desarrollo.

Por otra parte, el uso de fármacos estimulantes y antidepresivos, en menores que no tengan un diagnostico certero, induce a adjudicar a una pastilla una responsabilidad que de otra manera correspondería tanto a los padres y profesores, como al menor mismo. En este sentido, debemos fomentar una responsabilidad dirigida a asumir el control de la vida y centrada en el aprendizaje por la experiencia y el modelaje, de acuerdo a un funcionamiento que le permita a los menores desarrollar sus capacidades emocionales de afrontamiento ante una realidad compleja, que promueve cada vez más dilemas psíquicos.

Es conocido que el enfrentamiento ante la adversidad puede ser el punto de partida para un buen desarrollo emocional y fortalecimiento de la personalidad. Si se ubica el control en una pastilla, se adjudica a los psicofármacos una finalidad para el control social.

En definitiva, considero de suma importancia realizar un diagnóstico clínico apropiado del TDAH, con el abordaje terapéutico más adecuado para cada caso, evitando así tratamientos farmacológicos innecesarios que, como bien sabemos, conllevan múltiples efectos secundarios, de consecuencias nefastas a corto plazo y cuya trascendencia a periodos mayores, resulta aún desconocida. Por ello, el empleo de fármacos como el Metilfenidato es una alternativa cuya eficacia farmacológica no cuestiono, pero su indicación debe ser considerada, como he mencionado antes, siempre como un recurso al que recurriremos después de haber agotado otras estrategias de intervención.

-I.: Tal y como usted ha expuesto, diversos profesionales de la salud y la educación han manifestado la necesidad de contar con tratamientos integrales que den cuenta de todos los factores implicados en el origen y desarrollo de una patología como el TDAH, poniéndose en evidencia que el abordaje no sólo se debe centrarse en el/la menor y no circunscribirse a un ámbito concreto (por ejemplo, el escolar o el familiar). Desde su punto de vista, ¿qué elementos y ámbitos debe contemplar un adecuado tratamiento del TDAH?

-E.I.: Resulta indudable que el abordaje de un paciente con TDAH debe practicarse desde un enfoque multidisciplinar. Desde este punto de vista, el análisis y entendimiento de cada caso en particular marcará su propia pauta de intervención. Es imprescindible que los profesionales que participan en determinado caso, mantengan una comunicación fluida, de manera de que el equipo se mantenga informado de la evolución.

Existe una amplia variedad de literatura científica, que coincide en indicar que el abordaje del menor debe ser practicado haciendo hincapié en aspectos conductuales y de aprendizaje, y en la disminución de factores de estrés que pudieran estar incidiendo en una respuesta por ansiedad o del estado del ánimo del menor.

Queda clara la influencia del estilo de vida de las familias, determinadas por un mensaje social en donde los límites, el respeto a las figuras de autoridad y el posponer las gratificaciones, han quedado en un segundo plano; en donde los menores han venido adoptando un sedentarismo que entra en contradicción con su energía vital normal; una sociedad que es educada en valores por los medios de comunicación y videojuegos. Estos son factores que contemplados bajo la mirada de la sociedad de bienestar, inciden en el funcionamiento del menor y su desempeño familiar y escolar. De ahí que sea imprescindible la incorporación de los padres y profesores.

-I.: Desde su punto de vista, ¿qué papel desempeñan o deben desempeñar los psicólogos y psicólogas en el diagnóstico y abordaje del TDAH?

-E.I.: Como he expresado anteriormente, los psicólogos y psicólogas poseen un papel de máxima relevancia en el entendimiento del fenómeno y circunstancia vital del menor y de su entorno inmediato.

El poseer información teórica acerca del funcionamiento normal y de las modalidades peculiares como se manifiesta la psicopatología durante esta fase del desarrollo psico-evolutivo del ser humano, además de la influencia de los factores contextuales y culturales, se traducirán en una visión más ajustada a la realidad y, por ende, en practicar un diagnóstico veraz, en donde la implementación de instrumentos diagnósticos sean recursos complementarios. En cuanto a su intervención, deben compatibilizarse aspectos psicoterapéuticos y psico-educativos, que desde una realidad familiar y escolar, aminoren su influencia desestabilizadora.

Elvira Jauregizuria Elordui
Paz Bahillo Calle

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