Investigaciones sobre los beneficios del llanto

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Terapia familiar y apoyo en las adopciones.
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Durante las últimas décadas, se han realizado multitud de estudios científicos sobre los efectos fisiológicos y psicológicos del llanto. La evidencia de estos estudios apoya la teoría de que el llanto es beneficioso y sirve como un mecanismo natural de descarga del estrés.

El bioquímico William Frey ha realizado extensos estudios bioquímicos sobre las lágrimas humanas.
El Dr. William Frey comparó las lágrimas causadas por motivos emocionales -"lágrimas inducidas emocionalmente"- con las lágrimas causadas por algo químicamente irritante como los vapores de una cebolla -“lágrimas inducidas por sustancias irritantes"- (Frey & Langseth, 1985).

Los análisis bioquímicos de las dos clases de lágrimas revelaron diferencias estadísticas significativas; específicamente, altas concentraciones de proteínas en las lágrimas emocionalmente inducidas. Otros análisis de estas lágrimas revelaron la presencia de ciertos neurotransmisores y hormonas que se encuentran presentes en el cuerpo durante el estrés.
Estas sustancias sirven para preparar diversos órganos del cuerpo para hacer frente a la tensión producida por un “suceso excitante” ya sea físico o psíquico.
Sin embargo, cuando se termina el acontecimiento estresante, estas sustancias ya no son necesarias, y su presencia sólo sirve para mantener al cuerpo en un estado de tensión y enervación innecesarios.

La conclusión de la investigación del Dr. Frey es que el propósito del llanto posterior a la tensión es eliminar los residuos químicos del cuerpo a través de las lágrimas, de forma similar a como se eliminan residuos a través de la orina. El llanto, por lo tanto, responde al propósito de restablecer el equilibrio químico del cuerpo después de un acontecimiento estresante. Sudar es otro mecanismo importante a través del cual el cuerpo se libra de estas sustancias químicas.

La presencia de ciertas sustancias, como la hormona ACTH, indican que algo único sucede cuando se producen lágrimas emocionales.
La hormona ACTH estimula la producción de glucocorticoides. Es posible que el llanto emocional ayude a reducir un exceso de ACTH y otras sustancias que se acumulan en el cuerpo a continuación de un suceso estresante. Esto ayuda a prevenir que se almacenen demasiados glucocorticoides. Además de ACTH, el Dr. William Frey también detectó la presencia de catecalominas en el llanto (ejemplos de catecalominas son epinefrina y norepinefrina). Estas sustancias son los intermediarios químicos del sistema nervioso simpático que estimula el corazón para acelerarlo, incrementa la presión sanguínea y el flujo de sangre a los músculos. La expulsión de estas sustancias a través del llanto ayudaría a reducir la enervación del sistema nervioso simpático durante el estrés.

También encontró una sustancia llamada Leucine-Enkephaline. Esta es una clase de endorfina (opio natural) que juega un papel durante el estrés. Ambas sustancias, las catecalominas y las endorfinas, funcionan como neurotransmisores, lo que significa que ayudan a las células nerviosas a comunicarse unas con otras.
Estos y otros neurotransmisores regulan nuestros estados de ánimo y determinan si nos sentimos felices o deprimidos. Algunos psiquiatras piensan que los traumas de la infancia pueden causar desordenes en los sistemas neurotransmisores. Es muy probable que el llanto juegue un papel crucial en restaurar un balance beneficioso de estas sustancias químicas, y reducir así los síntomas de depresión o ansiedad sin la necesidad de utilizar drogas.

Todos los estudios muestran que la gente sana llora más y tiene una actitud más positiva con el llanto que aquellos que por ejemplo sufren úlceras.
En un estudio del cáncer de mama, las mujeres que expresaban libremente la rabia, el temor, la depresión y la culpa vivían más tiempo que aquellas que negaban o reprimían sus emociones dolorosas.

En el futuro, algún doctor “iluminado” podría recomendar la siguiente “receta” para una salud óptima: Comer muchas frutas y vegetales (a ser posible biológicos), hacer suficiente ejercicio, y tener “un buen llanto”, al menos una vez a la semana.

El llanto no es un subproducto innecesario del estrés, sino una parte importante del ciclo de relajación del estrés. Cuando lloramos como respuesta a un estrés emocional, descargamos energía, reducimos la tensión, reducimos nuestra presión arterial, y expulsamos las hormonas del estrés (los neurotransmisores) de nuestro cuerpo a través de las lágrimas, restaurando así nuestro equilibrio fisiológico (homeostasis).

La cantidad de cortisol presente en la saliva de los bebés ha servido para medir el estrés. El cortisol es una de las hormonas glucocorticoides segregadas por el cortex (adrenal cortex) durante el estrés, que sigue a la estimulación de ACTH de la glándula pituitaria.
Los niveles de cortisol son generalmente altos en los bebés al nacer y durante el periodo inmediato al parto. Después hay una disminución gradual de los niveles de cortisol hasta los seis meses de vida, y con posterioridad se producen muy pocos cambios.

El alto nivel de estrés en los bebés de menos de 6 meses ayuda a explicar por qué el llanto es más frecuente durante esa etapa. Los investigadores han medido los niveles de cortisol en diferentes situaciones y han descubierto que el llanto en si mismo no activa la reacción de estrés en los bebés; es decir que el llanto no los estresa, sino todo lo contrario. El objetivo no es pues hacer que los bebés dejen de llorar sino minimizar las causas de estrés en sus vidas.

Otros investigadores han medido cambios fisiológicos durante el llanto en adultos, y han encontrado que el llanto disminuye la presión arterial, el pulso, y la temperatura del cuerpo, y las ondas cerebrales están más sincronizadas (Karle, Corriere, y Hart, 1973; Woldenberg et al., 1976). Puesto que estos datos se utilizan para medir la tensión, la conclusión es que el llanto sirve para reducir la tensión.

Si el llanto elimina un exceso de productos químicos del cuerpo y también reduce la tensión, deberíamos ser capaces de intuir o sospechar una interacción directa con nuestra salud física y psicológica.
Varios estudios confirman esta sospecha. Por ejemplo, está demostrado que los niñ@s que sufren diversas formas de trauma se benefician de las terapias que permiten el mecanismo de descarga natural del llanto (Emerson, 1989; Jewett, 1982; Levine, 1994), incluyendo los niñ@s profundamente traumatizados.

Otros terapeutas han observado mejorías profundas y sorprendentemente rápidas en niñ@s autistas después de permitirles y animarles a que lloraran, gritaran y patalearan durante las sesiones de “terapia holding (abrazo)” (Waal, 1955; Welch, 1983; Zaslow y Breger, 1969); y los niñ@s con problemas graves de comportamiento se curaron también con una “terapia holding (abrazo)” similar (Magid y Mkelvey, 1987).

Todos estos campos de investigación apoyan la conclusión de que el llanto es un proceso fisiológico beneficioso que permite a los seres humanos hacer frente al estrés, y se puede considerar un mecanismo curativo innato. Aunque los bebés recién nacidos no vierten lágrimas cuando lloran hasta que tienen varias semanas, sudan bastante durante el llanto, expulsando quizás así un exceso de hormonas del estrés hasta que las glándulas que producen las lágrimas comienzan a funcionar.

De "Librito" de la asociación Primal

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