«Estamos atontando a los jóvenes con tantos mimos»

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JAVIER ELZO, SOCIÓLOGO: «Estamos atontando a los jóvenes con tantos mimos»

El catedrático de Deusto disecciona la realidad de los jóvenes españoles y constata el valor que dan a la familia, a ser escuchados y queridos

Javier Elzo, ha acercado la lupa de su curiosidad a los jóvenes. Les ha preguntado, los ha observado, se ha interesado por ellos para tratar de contarnos a todos qué pasa en sus vidas. Ahora presenta un destilado de sus conocimientos y conclusiones bajo el título 'Los jóvenes y la felicidad. ¿Dónde la buscan? ¿Dónde la encuentran?'
Elzo, hirsuto pelo blanco y aire de rapaz, conversa largamente sobre un asunto que constituye, junto a la infancia y la familia, una de sus grandes preocupaciones

-¿Cree que los jóvenes de hoy han perdido el respeto a los mayores?
-Es cierto que son más desvergonzados, que se han perdido modos y maneras, que el tuteo es una cosa corriente. Creo que esta situación es una consecuencia de la Transición, que aún vivimos. Entre nosotros prima la sociedad de los derechos en vez de la sociedad de la responsabilidad. Hemos dejado de lado valores instrumentales como la disciplina, la autoridad, la constancia, la abnegación y el trabajo bien hecho.

-¿A quién quiere parecerse hoy un chaval de 18 años?

-Desde luego, no a los mayores. Los referentes juveniles son otros jóvenes, como Ronaldinho, la Posh pija, el cantante tal o la modelo cual. Eso es un drama. El otro referente son los abuelos. Como el Papa.

-Dicen los jóvenes que se sienten marginados...

-Y tienen razón. La juventud ha sido marginada por un lado y colocada en un pedestal por el otro. Viven una marginación dorada, en casa de sus padres, bajo el síndrome de Peter Pan. Están mimados, sobreprotegidos...

-¿Por qué lo dice?

-Le voy a contar lo que pasa con los hijos de mis colegas. Les piden que vayan con sus críos a la escuela durante los primeros 15 días de clase, que les acompañen una hora para acostumbrarles al nuevo escenario. Mire, con tantos mimos, les estamos atontando, les estamos agilipollando. Así de claro. Todos hemos llorado al salir de casa, hemos tenido miedo a un profesor y hemos gritado al separarnos de nuestros padres. Los niños y los jóvenes tienen que aprender a superar esas cosas.

-De acuerdo.

-Y luego está la escuela. En la escuela el modelo de las calificaciones es obsesivo. Siempre han importado las notas, pero esta sociedad todo lo tiene que medir, pesar, controlar, puntuar... Todo precisa su certificado ISO. Y a nuestros hijos queremos puntuarlos con 13 años.-Es que si no tienen buenas calificaciones no podrán hacer un máster en la UCLA...

-Ya. Pero se pierde la frescura, la espontaneidad, el riesgo... Todo lo queremos tener regulado. Los padres de hoy están más preocupados por el futuro trabajo de sus hijos que por sus propios hijos. Hijos, en casa y fuera

-Será inseguridad paterna...

-Pues la respuesta de los jóvenes a eso es vivir en la provisionalidad, en el día a día. Y es una provisionalidad que asusta. Se meten en hipotecas a 30 y 40 años...

-Espere, los bancos ya ofertan hipotecas a 50 años...

-Pues una de cada tres parejas españolas que se unan o se casen hoy se va a separar. El porcentaje es aún mayor en el País Vasco. Luego se volverán a juntar con otras personas que arrastran también otras hipotecas a las espaldas. ¿Cómo van a poder regular todas esas historias? Pues viviendo el día a día, lo que llamo el presentismo, instalarse en el presente. Por eso no asumen compromisos. Saltan de un trabajo a otro y viven en casa de sus padres. ¿Sabe por qué los jóvenes no se van de casa?

-Estarán a gusto.

-Uno. El trabajo es precario. Dos. El precio de la vivienda. Algo que no se puede dejar en manos del mercado. Hoy la vivienda es un problema de Estado. Y la tercera razón: los padres no quieren que sus hijos (que están muy contentos en el hogar, cierto) se vayan de casa, tienen miedo a lo que les pueda pasar fuera. Anote otra razón. La mayoría de las parejas sólo tienen un hijo. Y si se va de casa, ellos 'se quedan solos'.

-¿Entonces?

-Pues que han aprendido a irse de casa, pero quedándose. Con la retaguardia cubierta. Estoy preparando un libro sobre los nuevos adolescentes, los chavales que tienen ahora 14 años o menos. Salen de la infancia y crecen solos. Esa es la verdadera revolución de la familia, no las bodas de homosexuales y lesbianas. En la familia, la madre ha salido del hogar y el padre no ha entrado.

-¿Y en qué se traduce eso?

-En el País Vasco la casa siempre ha sido muy importante. La familia era el gran colchón que acogía al abuelo, al parado, al disminuído psíquico, a los niños... Habría que hacer un monumento a la madre y a los abuelos de aquellas familias. Hoy los núcleos familiares extensos han desaparecido. Surge la familia nuclear. La familia ha cambiado. No hay nadie en casa. La pareja se casa y se mete en su nicho. Y a ser posible lejos del de los padres para que no se metan en sus cosas. Los padres se pasan la vida haciendo de chóferes. El valor de los hijos

-De sus hijos...

-Los niños son lo que menos importa a la sociedad. El niño es el gran abandonado. Ni gasta, ni vota, ni protesta, luego no existe. No aparece ni en las series de televisión. Es un estorbo. El niño es el bien más importante de la sociedad y no lo atendemos. Educar bien a los hijos pasa hoy por pagar al padre o a la madre, no a la chacha. Y no 600 euros una vez al año. Una madre o un padre que cuide de su hijo debe cobrar como en su puesto de trabajo y a cargo de los presupuestos de la comunidad autónoma vasca. Y se le debe guardar el puesto de trabajo y darle tiempo para capacitarse cuando le toque reincorporarse a la vida laboral.

-Dejemos las utopías, tan deseables, y volvamos a los jóvenes. La impresión es que la mayoría sólo piensa en salir los fines de semana, que es el modo en que se lo pasan bien.

-Pues nadie lo diría con tanto trasnoche y botellón.

-Los jóvenes que sólo piensan en la fiesta, beben y consumen droga hasta que el cuerpo o el bolsillo aguanten están mucho menos contentos con sus vidas que los jóvenes que saben aliar la fiesta (consumiendo con moderación o no consumiendo) con el estudio, el deporte o la vida cotidiana. Se aburren menos porque su vida tiene un sentido, un objetivo...

-Pero no están bien vistos por los demás.

-Eso no es así. El que se emborracha cada fin de semana es visto como un 'pringao'. Es más feliz y está mejor considerado el que tiene un proyecto, algo en la vida que le interesa y se preocupa por la verdad y la justicia. Anote también que los jóvenes viven y piensan en el presente.

-Usted ha escrito que la razón de ser de muchos jóvenes son los reclamos comerciales, las marcas, la publicidad... ¿Son esos sus ídolos?

-Sí. Las chicas viven en la sociedad de las marcas, de la ropa, de la moda... A los chicos les van más las consolas, los videojuegos. Pero para todos el gran símbolo es el preservativo. Las relaciones sexuales tienen para ellos una gran importancia.

-Le creo. Explíqueme el porqué.

-Por un lado hay una pequeña influencia de la Iglesia católica para la que el sexo tiene que ir destinado exclusivamente a la procreación. Por otro, está la imagen y el mensaje dominante en la mentalidad del gobierno del PSOE: el 'póntelo, pónselo'. Ten todo el sexo que quieras, es bueno, pero que sea seguro. No hay espacio para una sexualidad entendida como un preocuparse por el otro, y no sólo durante el acto sexual. El Papa ha hablado por primera vez del Eros. ¿Sabe de lo que menos se habla a los adolescentes? Del sexo.


JULIÁN MÉNDEZ J./BILBAO

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