LA ADOPCIÓN INTERNACIONAL NO ES OTRO MODO DE EMIGRACIÓN


Adopción y emigración son diferentes. Somos conscientes que los padres lo tenéis muy claro pero no es así para una parte de la sociedad:

Los niños y niñas que provienen de adopción internacional tienen en común con niños emigrantes que son menores en un estadio evolutivo en que dependen aún fuertemente de los adultos, y que han perdido y se separan de una cultura, un entorno ya conocido, un mundo externo prevalentemente sensorial que constituía su referencia y contención.

Pero no se debe incluir en la misma categoría a los adoptados en el extranjero con los niños emigrantes. Ni desde la percepción social ni desde la sanitaria.

A diferencia de los niños procedentes de adopción internacional, los emigrantes procedentes de países en desarrollo se han socializado de forma normalizada, vienen con su familia biológica (manteniendo el idioma, cultura y costumbres), y migran fundamentalmente por motivos económicos o políticos que afectan a sus padres e indirectamente a ellos.

Ambos casos pueden presentar problemas de salud por la existencia de enfermedades infecciosas endémicas, problemas de salud ambiental, e inadecuado cuidado médico preventivo y/o terapéutico de sus enfermedades. Sin embargo, los emigrantes no van a presentar problemas de salud físicos o mentales relacionados con los factores de riesgo previos y causantes de una institucionalización y, desde luego, ningún problema relacionado con la experiencia de una institucionalización más o menos prolongada, ni las secuelas o los trastornos que pueden surgir en los niños post-institucionalizados.

Tampoco tendrán problemas de vinculación y adaptación a una nueva familia, como puede ocurrir en los adoptados. Todas estas características diferenciales entre un niño inmigrante y un adoptado en el extranjero, es lo que hace que éstos últimos sean considerados de mayor riesgo socio-sanitario y que precisen de un control y seguimiento de tipo multidisciplinar y más duradero en el tiempo.

Para el niño adoptado su llegada es siempre programada, es esperado y deseado, con procedencia de países con pocos recursos y de familias en proceso de desintegración o desestructuración, con una historia previa de déficit. Su integración social está más asegurada pero con dudas en cuanto a la integración familiar. Desde su llegada pertenece y ya practica la sociedad de consumo.

En la actualidad son diversos grupos disciplinarios los que intervienen en los procedimientos del proceso de adopción, pero los profesionales de la salud no suelen hacerlo desde el principio. Acostumbran a hacerlo en la fase previa a la llegada y en la misma. De la misma manera que en el nacimiento y la paternidad biológica intervienen desde las primeras semanas, en el caso de los adoptados debería ocurrir lo mismo.

Elvira Jauregizuria

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