UN POCO DE HISTORIA

Durante la década de los años cincuenta, los estudios de Bowlby (1951) aportaron un nuevo concepto al entendimiento acerca de los niños, la maternal deprivation. Según Bowlby, los niños sufrían daños irreversibles para su crecimiento si no vivían con una figura materna, lo que conllevó el refuerzo de la necesidad de la adopción. Los niños no podían vivir en centros de acogida, sino que debían crecer en familias.
Al aumento de la edad de adopción y a la variedad racial se añadirá ahora la posibilidad de adopción de niños también con deficiencias físicas o psíquicas.
El espectro de la adaptabilidad aumenta con el paso del tiempo. Los tímidos arranques de la adopción internacional se suceden a lo largo de la década de los años sesenta, cuando parejas suecas adoptan de forma independiente en Corea, lo que propicia que el gobierno sueco intente poner un orden en los procesos adoptivos y firme un tratado bilateral con Corea del Sur.

Estos procesos aislados culminarán con los tratados de la Haya firmados tres décadas más tarde. Entre los años setenta y ochenta se empieza a descender el número de niños adoptables en Occidente, debido a factores diversos como los cambios en la moralidad (que permite familias monoparentales), la sexualidad (la creación en implementación masiva de mecanismos de control de la natalidad), la eficacia de las instituciones médicas (en la asistencia de la planificación familiar) o las reformas legales (aprobación del aborto).

Ello conlleva un giro hacia el desarrollo de las adopciones internacionales y la adopción generalizada de niños con problemas aunque, una vez más, las clases medias todavía adoptan las criaturas más jóvenes y sanas.

Al mismo tiempo, las legislaciones oscilan en todo el mundo entre las adopciones simples y las plenas, siendo las primeras aquellas en las que al adoptado sigue manteniendo unos vínculos legales (apellidos, derechos de herencia,...) con su familia biológica, mientras que en las segundas se produce una ruptura total al nivel legal con la familia biológica, pasando el adoptado a ser hijo del adoptante.

El 25 de octubre de 1980 se firma el primero de los tres convenios sobre la protección de los menores, el Convenio de la Haya sobre los aspectos civiles de la sustracción internacional de menores. A finales de los ochenta, las Naciones Unidas firman en 1989 la Convención sobre los derechos de los niños. El texto fue ratificado por 192 naciones.

En el mundo estaba cambiando la percepción de los niños, lo que impulsó la necesidad de respetar sus derechos mediante mecanismos legales diáfanos y justos que buscaran principalmente el bien de los menores. Que limitaba a los padres biológicos que impidieran a sus hijos adoptados saber su identidad. Los derechos del menor se sobreponen a los del progenitor, dando lugar a una adopción más abierta.
Precisamente, es a finales del siglo XX, durante los años noventa que aparece la idea de la ‘adopción abierta’ (tímidamente iniciada durante los años setenta), que irá adquiriendo matices todavía hoy en proceso de evolución. La adopción abierta rompe el modelo adoptivo clásico, en el que los intermediadotes (agencias privadas, organismos estatales) hacen de punto de contacto irreversible entre los padres biológicos y los adoptivos, siguiendo este proceso: padres biológicos e intermediador y padres adoptivos.

Este proceso unidireccional se torna algo más rico, a la par que complejo: los padres adoptivos y los biológicos están (o pueden estar) en contacto a lo largo de la vida del adoptado, los padres adoptivos nunca esconden sus orígenes adoptivos a los niños que tienen e incluso potencian el diálogo y la investigación de su procedencia, los padres biológicos escogen para sus hijos a los padres adoptivos, etc. Los límites de estas interacciones están definiéndose hoy en día.

Durante los años noventa se firmaron dos Convenios más de la Haya sobre el estatuto de los menores: el Convenio de La Haya de 29 de mayo de 1993, relativo a la protección del niño y a la cooperación en materia de adopción internacional, y el Convenio de La Haya de 19 de octubre de 1996, relativo a la competencia, la ley aplicable, el reconocimiento, la ejecución y la cooperación en materia de responsabilidad parental y de medidas de protección de niños 38. El Convenio de 1993 se basaba en el espíritu propuesto en la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Niños y buscaba el control y limpieza de la adopción internacional.

En España, las directrices de la Constitución Española de 1978 marcan la pauta para una adopción con todas las garantías tanto para los adoptados como para los adoptantes.
Asimismo, el convenio apelaba a la creación de cuerpos acreditados en los procesos de adopción internacional. Las agencias que median la adopción deben estar autorizadas y demostrar su fiabilidad. Aunque no es norma, las adopciones independientes o “por libre” conllevan un mayor número de riesgos para los niños y la legalidad de los procesos. El tráfico infantil, el soborno y el menosprecio de los derechos de los padres biológicos son algunos de los actos que se pueden incurrir, incluso sin saberlo, en la adopción independiente.
Estos convenios internacionales y la facilidad relativa del proceso avivaron la adopción transracial.

En estos momentos, los temas candentes por lo que se refiere a la adopción, remiten una vez más a cuestiones morales como la sexualidad. Este es el caso de los adoptantes homosexuales, no autorizados en muchos países, o el de las parejas de hecho y las monoparentales, que encuentran numerosas trabas en los procesos de adopción en todo el mundo.
También se producen discrepancias en función a creencias religiosas.

También debemos admitir que hoy en día la literatura continúa bebiendo en las fuentes de la infancia maltratada, como nos recuerda la figura de Harry Potter, el huérfano que será mago, y que hace las delicias lectoras de millones de personas en todo el mundo.

Algo tan ‘simple’ desde un punto de vista biológico como la paternidad o maternidad se torna un suceso extremadamente complejo desde la perspectiva antropológica y social. Con todo,

subyace al proceso adoptivo la voluntad de todo ser humano de vivir en comunidad, de amar y ser amado, más allá de reglas, leyes o constricciones culturales. En tanto que proceso histórico, la adopción está sujeta al continuo cambio de las sociedades humanas, mostrando las virtudes y flaquezas de la época que haya tocado vivir a los seres humanos.

Así, se ha generalizado el interés por las denominadas "adopciones tardías" o "adopciones especiales": si el niño cumple uno o varios de los siguientes requisitos: ser mayor de seis años en el momento de la adopción, o pertenece a grupos étnicos distintos del mayoritario, padecer una enfermedad, presentar necesidades educativas especiales (deficiencia física, psíquica o sensorial) y/o ser acogido junto a otros hermanos.
Al mismo tiempo, existe una preocupación cada vez mayor de las instituciones por vigilar que estas medidas produzcan cambios positivos en el desarrollo del niño/a, especialmente en el caso de los niños/ as con características especiales. En este sentido, se ha considerado que realizar el seguimiento y proporcionar apoyo a todos los miembros de la familia, tanto a los padres como a los hijos, funciona como un recurso para evitar las altas tasas de fracaso que se han constatado en las adopciones. En nuestro país, la legislación obliga a las administraciones públicas a formalizar medidas de acogimiento pre-adoptivo y a realizar un seguimiento con una periodicidad de seis meses a partir del día de entrega de los niños a la nueva familia.
Se puede decir que las causas del aumento de la adopción internacional en España son múltiples e interrelacionadas.

En primer lugar, se observa un incremento del número de parejas infértiles debido a la demora en la edad de matrimonio y la búsqueda del primer hijo. En segundo, por diversos motivos sociales, culturales y económicos, ha disminuido drásticamente el número de niños nacionales "sanos" para adoptar.

En tercer lugar, la sociedad en su conjunto ha asumido la cultura de la adopción como otro medio normal de constituir una familia, produciéndose, además, un aumento de las adopciones altruistas y de la aceptación de las familias monoparentales y multirraciales. En cuarto, los adoptantes observan que los trámites para adoptar en el extranjero son, en general, más fáciles, los tiempos de espera más cortos, la posibilidad de adoptar un niño "sano" y menor de tres años muy alta, y el riesgo legal postadopción por parte de los padres biológicos prácticamente inexistente.

A todo ello hay que añadir las mejores y más estables relaciones diplomáticas con los países de origen, la facilidad para viajar, el mayor poder adquisitivo, los esfuerzos de las instituciones competentes en su apoyo, y las ayudas fiscales gubernamentales.

A nivel psicológico el fenómeno de la adopción internacional es el encuentro entre 2 historias con los archivos llenos, con motivaciones muy diferentes por parte de los adultos, y que a su vez pueden satisfacer sus deseos mutuamente y debe respetar los derechos de los menores y de los padres.


Dr. Jordi Vallverdú Departamento de Filosofía Universitat Autònoma de Barcelona. 2004.

Elvira Jauregizuria

POR QUÉ TIENEN PORBLEMAS LOS NIÑOS Y NIÑAS DE ADOPCIÓN


Están originados principalmente por la existencia de tres factores de riesgo.

-Primero, por el hecho de vivir institucionalizados en unos entornos y ambientes inapropiados en los que reciben unos cuidados caracterizados por la deprivación nutricional, afectiva y psicosocial, y por la ausencia de atención médica preventiva y curativa, limitada o no especializada.

-Segundo, por las secuelas físicas y psicológicas producidas por los diversos motivos que condujeron a la institucionalización (abandono en edad temprana, negligencia cronificada en todas las áreas, maltrato físico, sexual y/o emocional, explotación, etc.).

-Y en tercer lugar, por las secuelas físicas y neurosensoriales producidas por factores previos a la institucionalización, entre los que sobresalen el antecedente de maltrato prenatal (ausencia de cuidados prenatales, infecciones de transmisión vertical, consumo de drogas, alcohol y/o tabaco, etc.), el hecho frecuente de nacer prematuro, de bajo peso y/o sin atención médica, el ausente o inadecuado cuidado médico preventivo y/o terapéutico de las enfermedades, la existencia de enfermedades infecciosas endémicas y problemas de salud ambiental del país de origen, y los problemas de salud heredados.

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