Acoso escolar: ¿Cómo pueden prevenirlo padres, profesores y niños?-Recomendaciones de la APA


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El bullying o acoso escolar es un comportamiento agresivo intencional que implica un desequilibrio de poder o fuerza. Se trata de un comportamiento repetido y puede ser físico y/o verbal. Mientras que el tipo de intimidación que se da en niños puede ser física, en las niñas suele predominar la exclusión social. Desde hace años, el bullying surge en el contexto escolar e incluso en el ámbito laboral. Sin embargo, la aparición de las nuevas tecnologías y las redes sociales, ha generado un nuevo espacio para el bullying, dando lugar a otras formas de acoso: por ejemplo, el ciberacoso, conocido como la intimidación que ocurre vía Internet y a través de teléfonos móviles. Esta práctica se ve alimentada por la proliferación de páginas Web y redes sociales que permiten a los niños enviar mensajes nocivos online en cualquier franja horaria, y, en algunos casos, de forma anónima.
Prevenir y detener el bullying implica el compromiso de crear un ambiente seguro donde los niños pueden desarrollarse, social y académicamente, sin ninguna clase de miedo.
Así introduce la APA (American Psychological Association-Asociación Americana de Psicología) un artículo a través del cual aborda el bullying y establece una serie de recomendaciones dirigidas a profesores, padres y estudiantes, con el propósito de hacer frente de forma eficaz a este grave problema, que, en los últimos años, ha alcanzado cotas alarmantes.
A continuación, recogemos las recomendaciones ofrecidas por la Asociación:
Profesores y directores de centros educativos
- Informarse y observar
El acoso suele producirse fuera del aula (por ejemplo, en la hora del recreo, en los pasillos, en los baños, en el autobús escolar, así como a través de teléfonos móviles y ordenadores, donde la supervisión es limitada o ausente), y, tanto profesores como directores, deben ser conscientes de su importancia y gravedad.
Si un profesor presencia una situación de acoso dentro del aula, debe intervenir y detenerla inmediatamente, reportando el incidente al director del centro, de cara a su investigación. No es recomendable mantener una reunión conjunta con el acosador y el alumno acosado, dado que la misma puede ser resultar intimidante y embarazosa para este último. Sí es importante transmitir la idea a los alumnos de que admitir estar padeciendo bullying o ser testigo de que otros lo hayan sufrido, no significa “delatar”.
- Involucrar a padres y alumnos
Los estudiantes pueden informar a los adultos sobre lo que está sucediendo, mostrándoles también las nuevas tecnologías que se suelen utilizar para intimidar. Padres, profesores y directores pueden ayudar a los alumnos a adoptar conductas positivas, enseñándoles habilidades para poder intervenir cuando se produzca una situación de acoso. Los estudiantes mayores pueden servir como “mentores” e informar a los más jóvenes sobre prácticas seguras en Internet.
- Establecer expectativas positivas respecto al comportamiento de los estudiantes y adultos
Los centros educativos y las aulas deben ofrecer a los estudiantes un ambiente de aprendizaje seguro. El personal educativo debe recordar de forma explícita que el bullying no se acepta en la escuela y que tal comportamiento tendrá consecuencias. Por ejemplo, redactando un documento contra el bullying, firmado tanto por alumnos como por padres/tutores.
Asimismo, el personal educativo puede facilitar las relaciones sociales de aquellos alumnos que tienen dificultades para adaptarse o hacer amigos, encomendándoles “tareas” a realizar durante el almuerzo y el recreo, evitando así que no se sientan aislados o en peligro de convertirse en víctimas de la intimidación.
A los padres de niños que sufren acoso
- Observe a su hijo para detectar señales de que podrían estar padeciendo bullying
Los niños no siempre reconocen que están siendo acosados. Hay ciertas señales indicativas, tales como ropa rasgada, reticencia a asistir a la escuela, disminución del apetito, pesadillas, llanto, síntomas depresivos o ansiedad. Si descubre que su hijo está siendo acosado, no le aconseje que lo deje correr o que trate de aguantar; es recomendable conversar abiertamente para conocer lo que realmente está sucediendo en la escuela y así tomar las medidas apropiadas para rectificar la situación. Lo más importante es hacer saber a su hijo que va a ayudarlo.
- Enséñele a manejar la intimidación
Escenificar situaciones en casa, donde su hijo aprende a ignorar un acosador escolar y/o desarrollar estrategias asertivas para hacer frente a la intimidación. Anímele a identificar profesores y amigos que pueden ayudarle si está preocupados por el acoso.
- Marque límites con la tecnología
Eduque a sus hijos sobre el ciberacoso, enseñándoles a no responder y/o reenviar correos electrónicos amenazantes. Configure los filtros adecuados en el ordenador de su hijo. Si el ordenador de la familia es el único equipo disponible para los niños, colóquelo en un lugar de la casa donde sea visible. Si usted decide entregar a su hijo un teléfono móvil, piense cuidadosamente si le permitirá tener una opción de cámara. Puede establecer también un horario de uso del teléfono, por ej., dejándolo guardado durante la noche, para evitar así que pueda recibir mensajes desagradables o sea intimidado en esa franja horaria.
A los padres de los niños que perpetran el acoso
- Detener el acoso antes de que comience
Eduque a sus hijos sobre el bullying. Es posible que el perpetrador esté teniendo dificultades para “leer” las señales sociales y no sepa que lo que está haciendo es perjudicial. Recuerde a su hijo que el bullying puede tener consecuencias legales.
- Haga de su hogar un entorno "libre de acoso"
Los niños aprenden el comportamiento a través de sus padres. Estar expuesto a un comportamiento agresivo o a un ambiente excesivamente estricto en casa, puede hacer que los niños sean más propensos a intimidar a la escuela. Los padres/cuidadores deben ofrecer un ejemplo positivo a sus hijos en sus relaciones con otras personas y con ellos.
- Observe si existe un posible problema de autoestima
Los niños con baja autoestima suelen intimidar para sentirse mejor ellos mismos. Incluso los niños que parecen populares y muy queridos puede tener conductas desagradables con sus compañeros; este tipo de comportamiento debe ser corregido por los padres.
Estudiantes
- Informar del bullying y el acoso cibernético
Es importante para los estudiantes que informen de cualquier tipo de acoso, a un padre o un adulto de su confianza. A menudo los niños no denuncian el acoso cibernético porque temen que sus padres les requisen el teléfono y/o el ordenador. Es fundamental que los niños tengan en cuenta que el bullying es malo y debe ser manejado por un adulto.
- No devolver el acoso
Evitando mostrar enfado o disgusto, mantener la calma y decirle al agresor que deje de intimidar, o simplemente marcharse.
- Eludir la soledad
Cuando se está padeciendo acoso escolar, evitar, siempre que sea posible, situaciones donde no haya otros estudiantes o profesores presentes, tratando de permanecer con amigos o en grupo.
La APA reitera en este punto la trascendencia de informar a los padres, profesores o director si se está padeciendo bullying o conoce a alguien que esté lo sufriendo.
La Asociación concluye su artículo recordando que aquellos estudiantes que sufren bullying pueden llegar a sentirse abrumados, deprimidos o ansiosos, y recuerda que, ante una situación de esta índole, es aconsejable acudir a un profesional de la Psicología, cuya preparación le capacita para ayudarles a desarrollar la resiliencia y la confianza, y a alcanzar un exitoso desarrollo social y académico.
Fuente: APA
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Guía de indicadores y pautas de detección de violencia sexual abusos en menores




                    El presente documento, surge como respuesta a la demanda expresada por parte de los diferentes profesionales implicados en la atención a menores pertenecientes al sistema de protección en relación a los casos de menores víctimas de violencia sexual. Elaborado por la Dirección General de Personas Mayores, Infancia y Familias en colaboración con las Delegaciones Territoriales y las Entidades especializadas en este ámbito, pretende ser una guía sencilla pero efectiva para la adecuada detección y actuación por parte del personal técnico y educativo perteneciente a los Centros de Protección sobre los y las menores que estén bajo su guarda.

La estructura de esta guía se organiza presentando los diferentes tipos de indicadores posibles y exponiendo aquellos que son más específicos de la violencia sexual así como otros indicadores inespecíficos que en ocasiones pueden ser la manifestación de estar sufriendo o haber sufrido algún tipo de violencia sexual infantil.

Descargar la guía en el siguiente link;

http://www.observatoriodelainfancia.es/oia/esp/descargar.aspx?id=4314&tipo=documento





http://www.siis.net/es/documentacion/ver-seleccion-novedad/200526/




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TDAH o una sociedad que se va de rositas, con Robert Whitaker



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por Fernando García de Vinuesa

Aprovechando su visita a nuestro país, el 7 de Noviembre de 2015 pudimos charlar distendidamente con Robert Whitaker, periodista e investigador norteamericano especializado en temas de medicina, ciencia e historia, cuyo libro Anatomy of an Epidemic(Anatomía de una epidemia), acaba de ser traducido por fin al español. En esta obra sobresaliente, Whitaker lleva a cabo una de las investigaciones más exhaustivas que seguramente se hayan publicado, si no la más, acerca de los fundamentos en los que se basa la llamada psiquiatría biológica.

¿Cómo es posible que en la era psicofarmacológica, es decir, a partir de la década de 1950, los trastornos psiquiátricos, como la depresión o la esquizofrenia, sean más crónicos que antes y sus efectos más devastadores? ¿Cuál es el impacto del tratamiento continuado con psicofármacos sobre la vida de las personas? ¿Corrigen los psicofármacos desequilibrios químicos del cerebro o los provocan?
 Para tratar de hallar respuesta a tan fundamentales interrogantes, y a otros más de no poca relevancia, Robert Whitaker ha rastreado con paciente laboriosidad la literatura científica al respecto de buena parte del siglo veinte y lo que va del veintiuno. Las conclusiones a las que lleva esta obra dejan poco margen de duda: los psicofármacos, en líneas generales, no mejoran los pronósticos a largo plazo de las personas diagnosticadas con trastorno mental, sino que tienden a agravar y cronificar los síntomas. 

La obra se publicó en 2010 y tal ha sido su impacto internacional que el autor lleva dadas desde entonces más de trescientas conferencias e intervenciones en más de doce países.

Robert Whitaker

Robert Whitaker ha recibido diversos premios y reconocimientos en su carrera profesional por su labor como periodista sobre temas médicos relacionados con los trastornos mentales y la industria farmacéutica, entre ellos, finalista del premio Pulitzer en 1998 por una serie de artículos que co-escribió para el Boston Globe sobre los abusos de la experimentación en pacientes psiquiátricos. Su obra Anatomy of an Epidemic fue declarada por la Investigative Reporters and Editors norteamericana como el mejor trabajo de periodismo de investigación de 2010. El psiquiatra Allen Frances, director del DSM-IV, se ha referido a Whitaker como  “uno de los críticos de la psiquiatría más elocuente y mejor informado, y sin duda el más influyente".

Tal como constatará el lector de esta entrevista, para Robert Whitaker el fenómeno del TDAH constituye un tema de honda preocupación. No quisimos dejar escapar la ocasión de bucear a su lado sin otro propósito que el de poder llegar al fondo mismo de esta cuestión, una cuestión que hace tiempo viene pidiendo a gritos una disección profunda.

ENTREVISTA

Tu libro ha recibido varios premios, ¿alguno especialmente significativo para ti?

No creo que debamos prestar demasiada atención a los premios, pero esta vez sí lo hice. El motivo fue este: había publicado antesMad in America y después Anatomía de una Epidemia. En ambas ocasiones fui atacado, pero realmente el ataque fue intenso conAnatomía de una epidemia. Cuando el libro fue publicado, un doctor de Harvard que nunca había escrito reseña alguna sobre un libro, escribió una sobre el mío en el Boston Globe, diciendo que yo no sabía nada de ciencia y que el libro estaba lleno de anécdotas. Escribió cosas como “Robert no conoce la diferencia entre correlación y causación,  las anécdotas no son evidencias” y me comparó con un dictador sudafricano que por haber negado el SIDA había provocado la muerte de cientos de miles de personas, y que un peligro similar suponía mi libro. Este es mi cuarto libro y desde que esta crítica sucediera ningún periódico volvió a reseñar mi libro, mis entrevistas de radio cesaron y el libro murió. Se produjo un apagón mediático, “este es un libro loco y es peligroso incluso hablar de él,” se dijo. Así que después, cuando recibí el premio de la Investigative Reporters and Editors (asociación de reporteros y editores de investigación) por el mejor libro de investigación de 2010, fue significativo para mí pues supuso una especie de rehabilitación; mis colegas dijeron que era un buen trabajo, que estaba tocando un tema delicado pero que lo hice bien. Lo que había hecho en el libro fue básicamente un análisis de la literatura tratando de responder una pregunta.

¿Cuál crees que es el motivo principal del hondo impacto causado por tu libro en tantos países?

El libro pone el foco sobre los méritos de los psicofármacos desde una nueva perspectiva. Como sabes, para que los fármacos se aprueben para su uso indefinido sólo han sido comprobados sus efectos por unas pocas semanas. Pero lo que todos quisiéramos saber es cómo afectarán esos fármacos al cabo de dos años, de cinco, de diez, de quince años de estar tomándolos. Los fármacos para TDAH por ejemplo, ¿van a ayudar a los niños a largo plazo? ¿Van a ir mejor en la escuela? ¿Cómo va a ser su socialización? ¿Crecerán sanos? De modo que el libro estaba planteando una pregunta cuya importancia es captada por todo el mundo. Esas drogas administradas por periodos duraderos, ¿ayudarán a los niños a desarrollarse sanos?

Para responder a esta pregunta yo no acudí a los críticos del sistema, a los que cuestionan el diagnóstico de TDAH, lo que hice fue esto: vale, acepto tu diagnóstico de TDAH, y ahora vamos a revisar qué muestra tu propia investigación acerca de cómo esas drogas actúan en el cerebro, qué se sabe de si hay o no algo biológico tras el diagnóstico psiquiátrico, y qué es lo que tus estudios muestran sobre el efecto de las drogas a largo plazo. Tu propia investigación, no la de los críticos, con tus pruebas, con los resultados que tú recogiste. 

Y lo que uno encuentra una y otra vez llevando a cabo esta revisión es que, tal vez sí, quizá pueda haber algún efecto deseable a corto plazo, pero rápidamente, con un psicofármaco tras otro, ves que surge la preocupación acerca de si estas drogas están de hecho cronificando los problemas que debieran estar corrigiendo. Lo ves en las apreciaciones clínicas, lo ves en la literatura, y luego comienza la especulación de por qué pudiera estar sucediendo esto; todas las piezas comienzan a encajar, y entonces uno se encuentra con que esta historia jamás ha sido presentada al público. 

La historia clave no ha sido contada.
Ni en los libros de texto empleados por estudiantes de medicina en sus especialidades de psiquiatría, ni en los manuales de los estudiantes de psicología que también beben de las mismas fuentes psiquiátricas, se encuentran estos conocimientos, ¿por qué no?


Si uno se remonta a 1980, la Asociación Americana de Psiquiatría lanza la 3ª edición de su Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales, el DSM III. Con esta nueva edición se conceptualizan los trastornos mentales de una forma diferente, no psicológicamente sino como enfermedades del cerebro. Ya no tenemos que preguntarte más acerca de tu vida, ¿tienes los síntomas? Pa, pa ,pa, pa. ¿Sí o no? ¿Está el niño dando golpecitos en la mesa? ¿Está corriendo mucho? ¿No termina sus tareas? (En verdad uno no puede creer que estos sean los síntomas oficiales de una enfermedad). Si los tienes esos síntomas, entonces tú tienes una enfermedad que puede ser conceptualizada. Este gran cambio permitió vender la historia al público de que son enfermedades reales del cerebro.

Durante la década de 1970 la psiquiatría estaba siendo duramente atacada: el movimiento de la Antipsiquiatría, el movimiento de los Supervivientes de la psiquiatría, las compañías de seguros diciendo “bueno, realmente no sabemos, hay una cultura popular de que la psiquiatría es algo un poco raro…”, pero entonces, al publicar el DSM III, la psiquiatría se viste con la bata blanca. Esa es la imagen de la ciencia, la bata blanca, y ahora nos presentamos como doctores en esencia que tratamos enfermedades del cerebro.
La Asociación Americana de Psiquiatría (APA) comienza una extensa campaña propagandística para convencer a la población norteamericana de que eso es cierto, y por supuesto a las compañías farmacéuticas les agradó el cambio de modo que comenzaron a financiar a la APA, pagando a los psiquiatras profesores de universidad de las facultades de Medicina, ¿y quiénes son ellos en la sociedad? Aquellos en los que creemos. Podemos ver cómo se exporta esta práctica a los demás países. Los líderes clave de opinión dieron validez para que los trastornos mentales pudieran concebirse como enfermedades del cerebro, y comenzaron a escribir sobre ello y a recibir dinero de la industria farmacéutica por promocionar esta idea: esto son enfermedades del cerebro y los psicofármacos funcionan. Los autores de los libros de texto de los estudiantes universitarios son estos mismos líderes de opinión. La revisión de la literatura científica no muestra un beneficio a largo plazo de los psicofármacos, pero eso no se va a decir, de igual modo que General Motors no te dirá “no compres este coche pues no durará demasiado”.
La psiquiatría necesita restablecer su status, ¿y qué hace la psiquiatría? básicamente prescribe psicofármacos, y ¿cómo vas a decir que estos tienen tan poco recorrido, que su producto en el mercado a la larga no funciona? ¿Podemos decir que los niños a la larga empeorarán debido a las drogas que componen su medicación? No.

Me pregunto por qué dentro de la psiquiatría han sucedido fenómenos tan inverosímiles como el de la lobotomía, no tan lejana en el tiempo. Si realmente era algo mutilador, ¿por qué fue reconocida su práctica incluso con el premio Nobel de Medicina? ¿Por qué tantos años de éxito a pesar de los daños que provocaba? ¿Es posible obtener alguna comparación aleccionadora con lo que está sucediendo actualmente con el fenómeno del TDAH?

Esto es muy interesante por supuesto. En primer lugar, la lobotomía funciona, la lobotomía es efectiva, cambia a la gente. Si seccionas los lóbulos frontales del cerebro de una persona vas a producir un cambio dramático, ya no volverá a ser la misma persona. La lobotomía era altamente efectiva en cambiar a las personas. ¿Cómo cambiaba a las personas? Las hacía más calladas, menos interesadas en el mundo, incluso se hablaba de reducir a la persona a un estado más propio de la infancia. Podríamos pensar que eso estaba bien. Pero la clave es esta: ¿cómo estamos evaluando a la persona antes y después de la operación? ¿Es bueno para la persona o bueno para mí, para nosotros? La lobotomía transformaba personas que pudieran estar muy agitadas, con pensamientos de desesperanza, en personas serenas, que podían pasarse el día entero mirando un punto fijo de la pared. ¿Cómo evaluamos este cambio? ¿Hemos evaluado verdaderamente qué le sucedía a esta persona antes de ser lobotomizada? Para la sociedad en aquel momento parecía resultar un buen cambio.

Si uno lee a Walter Freeman, médico pionero de la lobotomía, él era muy consciente de los cambios que provocaba, pero evaluaba los cambios como beneficiosos. No se estaba evaluando a la persona tal como es, como sucede con los niños diagnosticados de TDAH, de los que hablaremos después. Segundo, la historia que se contaba entonces no era que se estaban dedicando a destrozar el cerebro con un picahielos, cosa que sucedía realmente, sino que estaban llevando a cabo una psicocirugía directamente sobre el núcleo mismo de la psicosis. 

Se les consideraba a estas personas como maestros relojeros que conocían a la perfección los entresijos del cerebro humano, tan bien, que eran capaces de llegar con la cirugía al lugar exacto en donde se alojaba la psicosis, sin perturbar el resto de funciones cerebrales. Se decía que la lobotomía era eficaz y segura. Por consiguiente, esta práctica se hacía, se evaluaban los cambios que provocaba como eficaces, así que se construyó una historia para explicar cómo la lobotomía era eficaz y segura. Es algo complejo, pero para mí lo verdaderamente revelador es esto: uno, nos gusta pensar en la ciencia como algo seguro, pero la eficacia en psiquiatría es algo muy subjetivo; dos, las personas que conducen los estudios, si quieren, van a encontrar la manera de explicar que los tratamientos son efectivos; tres, el beneficio existe para alguien, aunque ese alguien pueda no ser precisamente la persona tratada, y de aquí debemos desplazarnos al TDAH. 

Y es que, la medicación produce cambios, el niño cambia. El niño cambia… Se mueve menos en clase, habla menos en clase, se muestra menos curioso, ¿y qué nos decimos a nosotros mismos como adultos? Yo puedo decirme “oh eso está mal, ese cambio que se está interpretando como beneficioso puede no serlo, ¿por qué quieres un niño más quieto, más callado, menos curioso?” Ni siquiera podemos apreciar cambios que pudiéramos tachar de deseables, como una mejora en el razonamiento, más allá de que el niño es ahora más capaz de dedicarse a tareas rutinarias y repetitivas. Podría pensarse “eso no es un buen cambio”, pero, ¿a quién le gusta el cambio? A los profesores les gusta el cambio, a los padres les agrada el cambio pues los profesores se quejan menos del niño, así que los estimulantes funcionan bajo esa perspectiva, son efectivos en ese corto plazo. Cambian al niño, podemos verlo. Pero la clave aquí es que no estamos evaluando lo que es bueno para el niño.

Tratemos de comenzar con en el TDAH desde el principio. ¿Es el TDAH un descubrimiento científico?

El TDAH no es un descubrimiento científico. El TDAH se introduce en el DSM III en 1980, pero es construido, con esto quiero decir que un grupo de personas se sientan y dicen “bueno, tengamos un diagnóstico para esos niños que molestan en las clases -porque eso es básicamente el diagnóstico- y establezcamos los síntomas para la nueva enfermedad, como que el niño corre por donde no debe, se mueve mucho, es poco cuidadoso con sus tareas diarias…” y ese tipo de cosas, pero la creación del TDAH no tiene nada que ver con algún tipo de ciencia descubriendo una patología, ni siquiera alguna clase de estudio sobre niños que se movieran a menudo en su pupitre, por ejemplo, para averiguar si padecían alguna patología orgánica en común en su cerebro. Nada de eso, no hubo ninguna investigación semejante. Un grupo de personas se sentó y dijo: vamos a crear este nuevo diagnóstico. No puedes discutir esto porque eso es lo que sucedió.

¿Por qué se crea el TDAH?

Bueno, porque habían comenzado a dar estimulantes a los niños en la década de 1970 y necesitaban un diagnóstico para no tener que hacerlo “off label” y no querían simplemente emplearlos para el manejo de algunos niños problemáticos, sino que necesitaban un diagnóstico para justificar lo que habían iniciado. Con el DSM III la Asociación Americana de Psiquiatría pretendió disponer de un diagnóstico para cada persona que pudiera acudir a una consulta psiquiátrica. Ya estaban dando estimulantes a niños diagnosticados de disfunción cerebral mínima, pero el número era relativamente pequeño, ahora se necesitaba justificar con un diagnóstico todas aquellas consultas sobre niños difíciles de manejar en clase y que ya estaban siendo tratados con estimulantes. A partir de ese momento, comienza a construirse la historia biológica del trastorno, que si existen evidencias genéticas, etc., señalando que era producto de bajos niveles de dopamina en el cerebro, pues como esas drogas incrementan la presencia de dopamina en el cerebro se argumentó “bueno, el TDAH quizá es fruto de bajos niveles de dopamina”. Así que establecen que: primero, es válido; segundo, estamos aprendiendo acerca de la biología de este trastorno; y tercero, los fármacos funcionan. Y esta es la historia que cuentan. La APA exporta el DSM alrededor del mundo. Los doctores lo reciben, lo creen, creen que el trastorno es biológico y que el diagnóstico posee valor discriminativo con respecto a si eres o no eres TDAH. A los padres se les va a mostrar un escáner de un cerebro normal y de un cerebro TDAH, “¿ven ustedes la diferencia?”. En Estados Unidos, a los padres que se resisten a medicar a sus hijos les ponen el ejemplo de un niño que cuenta con una deficiencia visual. “¿No le van a poner gafas a su hijo? Miren un escáner de un niño normal, ahora miren el de un TDAH, ¿ven la diferencia? Su hijo tiene un problema en el cerebro, ¿y no van a medicar a su hijo? ¿Qué clase de padres son que no quieren ayudar a su hijo?” Y les hacen sentir culpables haciéndoles ver que hay ciencia detrás de todo aquello.

Ahora veamos parte de esa ciencia. Hablemos de la teoría dopaminérgica del TDAH. Tú sabes que la teoría en que se basa la psiquiatría de que los trastornos mentales son fruto de desequilibrios químicos del cerebro no deriva de conocer qué sucede en el interior del cerebro de las personas, sino de conocer el efecto de las drogas en el cerebro. Si se sabe que una droga X eleva los niveles de un neurotransmisor del cerebro, se lanza la hipótesis de que el trastorno Y es en verdad producto de bajos niveles de aquel neurotransmisor que la droga consigue aumentar. De modo que el metilfenidato, del mismo modo que la cocaína, bloquea la recaptación de dopamina, provocando que esta permanezca más tiempo en la hendidura sináptica, aumentando así los niveles de dopamina, razón por la que se cuenta que los diagnosticados de TDAH poseen bajos niveles de dopamina. Pero cuando se ha tratado de demostrar esto experimentalmente, no se ha podido. Sin embargo, cuando hablamos de niños medicados con estimulantes sí se ven desequilibrios cerebrales. Veamos, ¿qué hace mi cerebro cuando recibe la droga y los niveles de dopamina aumentan? Por un proceso de adaptación, en las neuronas receptoras de dopamina disminuye la densidad de los receptores de dopamina. Ahora tengo pues una forma de medición, que es medir los receptores dopaminérgicos en cerebros vivos, y si miramos en los cerebros de niños diagnosticados de TDAH y medicados, ¿sabes qué vamos a ver? Que la actividad dopaminérgica es anormalmente baja. Ahora bien, cuando esto se ve uno puede comprender que esto demuestra cómo la droga produce cambios importantes en el cerebro que son visibles, pero lo que se defiende en cambio, es que esto demuestra que el TDAH es un problema biológico. Esto es un ejemplo de cómo puede ser el cerebro perjudicado por los efectos de una droga y después defenderse que el cerebro está mal por los efectos de una patología.

Segundo: hemos escuchado que los cerebros de los TDAH son más pequeños que los de los niños normales. Lo que hicieron fue comparar un grupo de niños diagnosticados de TDAH con otro grupo de niños sin ese diagnóstico. Resulta que el grupo TDAH tenía una media de edad significativamente menor que el grupo normal. Dijeron, “mira, los cerebros de los TDAH son más pequeños”.Esto es tan ridículo… ¡pero es lo que hicieron! Y esto se convirtió en otra evidencia de que el cerebro del TDAH es diferente. Ahora, si tú miras algunos de los estudios sobre volumen cerebral en TDAH vas a ver que los niños están siendo medicados con anfetaminas. Por lo tanto, no ves estudios sobre “niños TDAH” más bien sobre niños medicados con drogas que están cambiando su cerebro. Y cuando se observan estos cambios (desequilibrios químicos, cerebros más pequeños, etc.) se señalan como resultantes de la enfermedad, no como daños provocados por las drogas. No puedes iniciar una investigación honesta a menos que los niños no estén siendo medicados. Así que los cambios que provocan las drogas han sido empleados como evidencia de que el TDAH es real.

Consultando el DSM comprobamos que el TDAH se describe sin más como un listado (ítems) de comportamientos molestos, ¿cómo hemos llegado a creer que tal cosa tenga algo así como un sustrato neurobiológico? Y ¿cómo hemos llegado tan lejos de creer que los estimulantes consumidos en las discotecas son tóxicos de riesgo para la salud y sin embargo administrados a niños para ir al colegio son prácticamente inocuos o incluso beneficiosos?
Recuerdo cuando mi hijo tenía como siete años o así y fuimos al pediatra. En la pared había colgado un póster de una compañía farmacéutica que decía: “Cuando los estimulantes son prescritos por un doctor son beneficiosos para tu hijo; obtenidos en la calle pueden resultar muy peligrosos para tu hijo”. Lo que verdaderamente resulta asombroso para mí, y no tengo una respuesta para ello, es cómo personas inteligentes pueden entender los riesgos de una sustancia psicoactiva en la calle pero no ver ningún peligro cuando esa misma sustancia es recetada. Es como una especie de ritual propio de las sociedades occidentales con los fármacos de receta, los vemos todavía un poco como balas mágicas. Y con respecto a la primera cuestión: los estudios de scanner son fascinantes. ¿Sabes cómo se hacen los scanner? Se escanean los cerebros de veinticinco “niños TDAH” medicados y de veinticinco supuestamente normales no medicados y se señalan las diferencias: “¡mira la diferencia!” Finalmente en 2012 la Asociación Americana de Psiquiatría, tras muchos años mostrando estos estúpidos escáner, ha admitido que estos son niños medicados, y que realmente no han tenido en cuenta el efecto de la medicación. Treinta y dos años después de comenzar con este diagnóstico han admitido que no tienen estudios donde se haya tenido en cuenta el factor farmacológico. ¿Y por qué no tienen esos estudios? Es una pregunta obvia: porque todo se desmoronaría, y lo saben. Han obtenido, de alguna forma, los hallazgos que querían, pero en el momento en que trasladaran la mirada hacia los medicamentos estarían en un aprieto, porque si es la medicación, la medicación es la que está anormalizando el cerebro; por lo que si yo creo en este trastorno, quiero promoverlo y tú me estás pagando para que lo promueva, necesito mirar las evidencias de forma absolutamente estrecha, no puedo preguntarme algo como “¿no será la droga la que está provocando los cambios que estoy atribuyendo a la enfermedad?” No hace falta ser Einstein para ver que todo esto no tiene ningún sentido.
Muchos padres y profesores ven que los niños medicados ahora están más tranquilos, enredan menos en clase, atienden más hacia la pizarra sin distraerse tanto, y para ellos esto es una clara demostración de que el niño responde positivamente al tratamiento
Si consultamos el manual de psicología de Oxford encontraremos la explicación de cómo funcionan los estimulantes en los niños: reducen la tasa de respuesta conductual hacia el entorno. Esto es lo que dice. Quiere decir que: te vuelve menos curioso, hablas menos, y si no eres tan curioso hacia tu entorno puedes focalizar mejor sobre algo concreto. Dale a cualquier niño de la clase un estimulante, no importa el niño, que responderá de forma parecida, ¿qué pasa, que toda la clase es TDAH? Lo fundamental aquí es conocer cómo actúan las drogas. Todos sabemos que las drogas provocan cambios, cosa que no evidencia en modo alguno una enfermedad. Cuando uno toma café puede sentirse de modo diferente, lo cual no indica que existiera un déficit de cafeína. Y aquí está la clave: primero, si damos estimulantes a todos los niños de una clase observaremos cambios en todos ellos.
Segundo, como los profesores quieren ver un cambio, los padres quieren ver un cambio, y los niños, a veces, también quieren ver un cambio, -y la droga reduce la tasa de respuestas provocando todos aquellos efectos mencionados-, se interpretan los cambios como beneficiosos; y esa interpretación es la prueba, ya podemos decir: ves, mi hijo tiene TDAH porque el tratamiento funciona. Padres, profesores y niño ven el cambio. De modo que la droga funciona en el sentido de que hace al niño menos reactivo a su medio ambiente, pero preguntémonos: ¿Es esto bueno para el niño? Incluso podemos preguntarnos si es bueno a corto plazo. El niño se mueve menos, curiosea menos, habla menos, ¿dará lugar esto a un niño o un adulto a medida que crece más funcional? Y en la escuela, ¿irá mejor? Y en sus diferentes aptitudes cognitivas, ¿irá mejor? Ni siquiera vemos que esto suceda con las drogas estimulantes, como muestra el estudio MTA. Los niños no van mejor en la escuela, sino que se vuelven más disfuncionales, con un índice de delincuencia mayor, con más “síntomas de TDAH”.

En tu libro analizas el papel que tienen algunos de los psiquiatras más prestigiosos del mundo, como Joseph Biederman, en la configuración del modelo de enfermedad psiquiátrica global. ¿Cuál crees que es su peso en todo este fenómeno del TDAH?

En 1994 el DSM-IV expande los límites diagnósticos del TDAH, hecho que demuestra que TDAH es una construcción ya que no permanece estable, decimos que es de esta manera y catorce años después decimos que bueno, que es mejor de esta otra manera. Joseph Biederman formó parte del comité de trabajo del DSM que llevó a cabo ese cambio. Rápidamente, tras publicarse el DSM-IV, Biederman se convierte en una máquina de publicar artículos, cada par de semanas escribe uno apuntando cosas como“he validado este trastorno, es real, esto conlleva mal pronóstico como adulto y puede ser peligroso si no medicas al niño”. Se convierte en Mr. TDAH, personificando el punto de vista médico, validando y popularizando la historia. Después puede salir en el New York Times diciendo “saben, el TDAH no tiene una prevalencia del 5 sino del 10%” ¿Y sabes que le sucede a Biederman? Cada fabricante de psicofármaco para TDAH le dirá: “por favor, trabaja para nosotros. Te vamos a enviar por todo el mundo. Pero no, no vas a trabajar para nosotros, somos nosotros los que necesitamos de tu saber y experiencia, porque tú eres el hombre que lidera la investigación más prometedora que demostrará que el TDAH es una enfermedad. Te pagaremos por tu investigación y también por tu labor como conferenciante”. ¿De cuánto dinero podemos estar hablando? Biederman abrió el mercado de los antipsicóticos atípicos en niños, y de una sola compañía (Janssen) recibió 1,6 millones de dólares en siete años, por el antipsicótico Risperdal. Tiene contratos con veinticuatro compañías farmacéuticas, por supuesto todos los fabricantes de fármacos para TDAH. Cuando acude a un congreso en España la gente no piensa que es un hombre a sueldo de veinticuatro compañías farmacéuticas pues él no se presentará de ese modo, sino que será presentado como psiquiatra del Hospital General de Massachusetts, ligado a la Universidad de Harvard, y el público dirá “guau, estamos frente al líder mundial en TDAH".

¿Qué puedes decir sobre la expansión del diagnóstico de TDAH a los adultos? En España estamos asistiendo a una importante campaña por parte de la multinacional farmacéutica Shire, que ha desarrollado el llamado proyecto PANDAH, para generar conciencia del TDAH, ¿seguimos los pasos de Estados Unidos?

Ciba-Geigy fue el fabricante que patentó Ritalin (metilfenidato) en la década de 1950. En la década de 1980 trataron de construir mercado financiando a CHADD y comenzaron a emplear a este grupo de padres para crear un mercado más amplio de la enfermedad, porque sabían que una vez que se vende la enfermedad, se vende el producto. ¿Qué está pasando en España? Lo que está sucediendo en España es que ya se sabe cómo hacer crecer el mercado pues ya lo han hecho en Estados Unidos vendiendo el TDAH en las décadas de 1980 y 1990. Se sabe cómo vender el TDAH y cómo expandirlo. ¿Cuál es la fórmula? Primero el negocio con los niños, después subieron la edad de inicio del diagnóstico para poder diagnosticar más, y una vez lo hicieron fueron conscientes de que los adultos no estaban dentro del mercado de los estimulantes, de modo que vamos a explicar a la gente que el TDAH continúa en la edad adulta, cosa que además viene bien pues demuestra que el TDAH es genético. Todo un mercado que se construye de esta forma, y están pagando a médicos como Joseph Bierderman para expandir este mercado. Y lo que sucedió es que fue un verdadero éxito: anfetaminas, antidepresivos, antipsicóticos. En Estados Unidos gastamos 800 millones de dólares en psicofármacos en 1997. En 2007 gastamos 40.000 millones. En tan sólo diez años se ha multiplicado la venta por cuarenta. Esto es un negocio exitoso, un gigantesco mercado: 1 de cada 5 americanos toma un psicofármaco diariamente, y no conozco los números exactos de los niños pero debe de estar cerca de 1 de cada 5 niños. Una vez aprendido el negocio este se exporta a otros países, ¿cómo? Uno: la misma historia. Dos: el mismo método. Pagan a los doctores americanos para que vengan a España a dar conferencias; pagan a vuestros psiquiatras en España, en Francia, etc., y les invitan a viajar gratis a las reuniones anuales de la Asociación Americana de Psiquiatría, viaje gratis, hermoso hotel, con sus cenas, etc., y allí se hablará de que el TDAH es real y todas aquellas cosas; después, cuando regresas a España tú te conviertes en una figura de opinión local, y te pagan también. Es un negocio al abrigo de la ciencia: esto son enfermedades, están infradiagnosticadas, infradivulgadas y no están siendo tratadas. Desde un punto de vista capitalista el resultado es magnífico, pues tomaron algo (TDAH) que se desmonta en unos cinco segundos y lo han conseguido vender a la perfección, pues han tenido gente inteligente vendiendo la historia científicamente y creyéndolo al mismo tiempo, ya que esta gente inteligente ha encontrado la manera de creérselo. Básicamente han transformado el canon de una profesión de prestigio como es la medicina y el médico se ha convertido en vendedor.

¿Crees que trabajos como el tuyo pueden cambiar las cosas?

Sí y no. Sí, porque no hay duda alguna de que en los últimos cinco años el cuestionamiento social acerca de la validez del TDAH ha ido en aumento, así como el de otros trastornos psiquiátricos, y creo que mi libro ha contribuido en algo a este cuestionamiento, además el libro ha hecho preguntas que no se habían formulado antes, como cuál es el efecto de las drogas psiquiátricas a largo plazo; he reunido en el libro todos los datos al respecto, los cuales indican que los psicofármacos provocan mayor cronicidad de los trastornos, menor funcionalidad de las personas y muchas veces llevando a las personas de un trastorno poco severo a un trastorno mental grave. Mi libro revela un nuevo escenario, un contexto donde mucha gente puede resituar sus vidas. Imagínate que estoy diagnosticado de TDAH y de pronto me siento deprimido, con ansiedad, pienso “a lo mejor no he sido bien diagnosticado y tal vez padezco  trastorno bipolar o incluso un trastorno psicótico”, y me topo con este libro; ahora el contexto que yo tenía cambia: puedo comprender que mi vida no es la historia de una vida condicionada por una enfermedad, sino por una droga. Entonces, puedo verme a mí mismo de forma totalmente diferente, todo adquiere un sentido distinto. Los datos recogidos son muy sólidos, hasta el punto que no ha habido réplicas por parte de la psiquiatría diciendo “oye, te has dejado estos otros datos sin analizar” o algo por el estilo.

En Estados Unidos la teoría de desequilibrio químico está colapsada totalmente, tan colapsada que nos encontramos hoy día líderes de la psiquiatría diciendo cosas como “nosotros sabíamos que esa teoría no era correcta, era cosa de los laboratorios, nosotros nunca lo hemos dicho”, pero eso no tiene ningún sentido pues lo han dicho, la Asociación Americana de Psiquiatría lo ha dicho, todavía puedes encontrar en Internet páginas con recomendaciones científicas de práctica clínica donde se dice eso, pero oficialmente dicen “nosotros sabíamos hace años que eso no era cierto”.

Por otra parte, ahora están admitiendo cada vez más que el DSM es una manual que carece de validez, que esto no son enfermedades reales sino construcciones; ahí está Allen Frances, director del DSM-IV diciendo cosas como que “esto son sólo construcciones, nos permite hablar de conjuntos de síntomas comportamentales, pero no son enfermedades reconocidas”;tenemos a Thomas Insel, director del Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH) diciendo “esto no son enfermedades”; tenemos a otro ex director del NIMH, Steven Hyman, diciendo lo mismo, que el DSM va por camino equivocado. La historia de la década de 1980, la historia del DSM-III, que ha sido exportada o los demás países incluido España, se ha derrumbado por completo. Pero, ¿ahora qué hacen? No admiten exactamente que se haya fracasado en aquella teoría de los desequilibrios químicos, sino que explican que los resultados han sido decepcionantes, no han salido las cosas como esperaban, “¡pero!, vamos a dar con ello, vamos a encontrar que los problemas mentales residen en alguna parte de los circuitos cerebrales”. Por consiguiente, el no en mi respuesta es que tampoco existe un claro reconocimiento de fracaso de la teoría biológica en que se sustenta la psiquiatría, sino que se sigue por el mismo camino hacia delante. Cada vez más personas cuestionan, pero la maquinaria de patologización de las personas, de creación de mercado, sigue avanzando.

¿Qué cambio te gustaría ver en la sociedad?

Mi esperanza, mi deseo, es que todo este trabajo ayude a crear el debate social necesario: ¿estamos realmente ayudando a los niños? Cuando diagnosticamos a un niño de TDAH, ¿le estamos ayudando? Tenemos la responsabilidad social de hacernos cargo de nuestros niños, así que mi verdadera esperanza es que habrá suficiente base de escepticismo sobre la historia hasta ahora contada, y que, en primer lugar, podremos discutir acerca de esta historia, generar un gran debate social, cosa que en cierta medida ya está sucediendo mucho más de lo acostumbrado, y en segundo lugar, que la sociedad finalmente vea por sí misma que esta historia que se ha estado narrando por tanto tiempo es falsa, no científica, es básicamente una historia comercial.
Finalmente, preguntarnos qué podemos hacer, cómo ayudar a los niños, y a lo mejor eso pasa por plantearnos cómo mejorar los colegios para que estos no supongan algo tan tedioso, de tantas horas sentados, y por qué no, abrir el debate de si resulta una expectativa sensata esperar que los niños pasen seis o más horas sentados en clase para después pasar unas  cuantas más al día sentados haciendo deberes en casa. ¿Es posible organizar los colegios de manera distinta? A lo mejor los niños conviene que estuvieran cinco horas en el colegio al día, o cuatro, asegurándonos además de que tengan la posibilidad de correr por ahí, jugar al futbol, o cualquier otra cosa que quieran hacer, actividades físicas, y tal vez también sacarles al campo, que sepan lo que es estar al aire libre en la naturaleza, volver a esa idea de infancia donde los niños pueden y deben correr por ahí, puesto que ahora mediante TDAH y diagnósticos afines parece que las cosas propias de la infancia no son verdaderamente apropiadas. El resumen sería así: La historia que nos han contado no es cierta; dos, es perjudicial para los niños; tres, podemos hacer algo para cambiarla: en lugar de tratar de cambiar a los niños cambiemos nosotros el entorno, la sociedad. Preguntémonos qué está mal en la sociedad, no qué está mal en los niños.

¿Por qué como sociedad hemos aceptado cosas como TDAH?

Las compañías empresariales han aprendido a vender cualquier cosa. Cocacola, nuestros hábitos alimenticios, por qué deberíamos conducir un coche caro. Las empresas pueden vender cualquier cosa haciendo creer al consumidor que en realidad necesita esas cosas. TDAH llega a través de un mercado médico que hace dos cosas: primero, el marketing médico sobre la enfermedad, que consiste entre otras cosas en hacer parecer que dicha enfermedad es más grave de lo que se cree, cosa que es marketing aunque nosotros veamos ciencia en ello. Si en un anuncio de Coca-cola tú ves que un hombre pasea gracias a este refresco por una bonita playa acompañado de una hermosa mujer, puedes pensar “bueno, eso es un anuncio”. En España está prohibida la publicidad directa al consumidor en materia psicofarmacológica, pero es muy ilustrativo saber cómo se anuncian los psicofármacos en Estados Unidos. ¿Sabes cómo se anuncian los antidepresivos por ejemplo? De la misma forma como se vende Coca-cola, pasearás gracias a los antidepresivos con una linda dama por la playa. En el anuncio de Coca-cola vemos claramente a la compañía tratando de vender una bebida, en el de los antidepresivos vemos información sobre una enfermedad junto con su tratamiento adecuado correspondiente. En segundo lugar, la historia del TDAH nos hace, como sociedad, irnos de rositas. Nosotros no tenemos que hacer el esfuerzo por cambiar nuestro entorno. Culpamos al niño y así, entre otras cosas, no tenemos que diseñar mejores colegios.

Gracias al TDAH un número muy importante de los niños de los países más desarrollados están siendo tratados con estimulantes, sobre todo metilfenidato y anfetaminas, diariamente para ir a la escuela. ¿Cómo afectarán a los niños estas drogas a la larga?

Antes de nada déjame decirte que deberíamos estar estudiando seriamente esto, cómo afectan estas drogas a los cerebros en desarrollo de los niños, cuál es su impacto neurológico a largo plazo, pero eso no se está haciendo. Quizá un motivo por el que no se está haciendo es un cierto miedo a qué vamos a encontrar. Por supuesto se sabe que los estimulantes pueden provocar estados psicóticos, alteraciones cardíacas, disminución del crecimiento en los niños y diferentes alteraciones psíquicas, que suelen resultar en que los niños en tratamiento sean diagnosticados de terceros trastornos, en lugar de identificarse los nuevos síntomas como efectos iatrogénicos, es decir, del tratamiento. Pero aquí, la cuestión esencial es: ¿cómo afectan estas drogas al cerebro? Primero, existe preocupación de que estas drogas puedan encoger de alguna forma el cerebro. No hay nada sólido pero sí una cierta inquietud al respecto. Segundo, se han hecho estudios con ratas y primates. Si a una rata joven se le administra metilfenidato, o a un mono, y después dejas de administrar la droga, cuando se observan a estos animales en la edad adulta se aprecian comportamientos anormales, son menos confiados, se muestran letárgicos, menos curiosos ante los que les rodea. Esto es preocupante ya que la droga es la que está cambiando algo en el cerebro que provoca estados comportamentales anormales en la edad adulta. ¿Por qué se vuelven menos curiosos? El sistema dopaminérgico es un sistema de recompensa. Si tomas anfetaminas o metilfenidato, estas drogas aumentarán los niveles de dopamina, lo que conlleva a un desequilibrio dopaminérgico en el cerebro. En ratas, por ejemplo, se ha observado que, tras un tiempo de administración, los niveles dopaminérgicos se reducen a la mitad, lo que conlleva a una menor presencia de los receptores de dopamina. Así que tenemos un desequilibrio dopaminérgico que puede estar provocando esa ansiedad, falta de curiosidad y demás, que observamos en estos animales.

Y luego viene la pregunta: si dejas de tomar la droga, ¿todo vuelve a su sitio? Hay crecientes evidencias de que puede no ser reversible. Atendamos, por ejemplo, al caso de los antidepresivos, cosa que nos ayudará a comprender mejor esto. Sabemos que los antidepresivos inducen, en una tasa muy elevada, disfunción sexual. Pongamos el caso de todos esos adolescentes que son medicados con antidepresivos cuando todavía van al colegio o al instituto. Después van a la universidad y estos chicos quieren tener sexo, por lo que deciden dejar de tomar los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, antidepresivos). Se ha comprobado ya que en alrededor de un 25% de los casos la disfunción sexual persiste a pesar de retirarse el fármaco, lo que ahora recibe el nombre de PSSD (post SSRI sexual dysfunction, en español sería DSPI, disfunción sexual post ISRS). ¿Qué se ha visto en ratas a las que se les administra un ISRS durante dos semanas? Cuando la rata joven se convierte en una rata adulta muestra comportamientos anormales, a pesar de haber estado expuesta al antidepresivo dos semanas. Si se sacrifica a esa rata y se analiza su cerebro, se comprueba que los receptores de serotonina han disminuido a pesar del corto tiempo de exposición al ISRS. Este es un modelo que podría servir para explicar cómo pueden afectar los estimulantes a los cerebros de los niños. Las drogas producen cambios, y es posible que no se arregle todo simplemente suspendiendo el tratamiento. Este es un tema muy serio. ¿Cómo estamos perjudicando los sistemas dopaminérgicos de los niños? Ningún padre y muy pocos doctores se están haciendo esta pregunta. Enfrentarte a esta pregunta es situarte en un escenario inquietante: las drogas están alterando de forma permanente los sistemas dopaminérgicos, esenciales para que uno pueda desarrollarse como ser humano sano movido por la curiosidad.

Para finalizar, ¿le gustaría añadir algún otro comentario de interés?

Sí, diré esto. Creo que es evidente lo que está sucediendo aquí: el mercado que han generado las compañías farmacéuticas con los estimulantes, convirtiendo a los niños en clientes. Luego, la ciencia nos ha demostrado que esas drogas no ayudan a los niños. Llegados a este punto lo sensato es que la respuesta hubiese sido la obligación de dejar de hacer eso e intentar otras formas de ayudar a los niños, pero hemos ignorado la evidencia. No estamos cuidando a los niños de la forma en la que deberíamos. Algún día, esto será visto como una tremenda traición hacia los niños.

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Elvira Jauregizuria

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El verdadero origen de los árboles de Navidad


Foto Urgatzak


Aquí en donde vivo ahora, en el día de Navidad se sale a pasear con la familia.
Me llamo Doro y ahora sí que tengo una familia con la que salir a pasear en Navidad.

Me aterrizaron aquí hace muchos días ya, meses creo.

Sé que pasa mucho el tiempo porque han ocurrido cosas increíbles.
Cuando llegué el suelo estaba cubierto de una alfombra verde, después se cubrió de otra alfombra crujiente marrón, de miles y miles de hojas. Hojas de haya dice mi padre.

Y hoy cuando hemos subido paseando al monte, yo cogido de una mano de mi padre y de la otra de mi madre, estaba todo cubierto de una alfombra blanca de polvo helado llena de guiños de luz.

Le pregunté a mi madre quién acicala así el monte y me dijo que es cosa de Dios.
Ya me hablaron de Dios en la casa de niños huerfanos en la que viví pero nunca le vimos ninguno.

Hoy cuando caminábamos por el monte entre los árboles unas extrañas luces nos han detenido.
Eran lucecitas de todos los colores como las del árbol de navidad de casa, bueno más pequeñas y destelleantes.

Mis padres han dicho, ¡es imposible¡.
Nos hemos acercado y ¡sí¡, ¡un gran árbol desnudo estaba lleno de bombillitas de colores¡.

Mi padre ha dicho que era el efecto de la luz del sol a través del hielo derritiéndose....pero yo sé que ha sido Él. Ha sido Dios que ha encendido ese árbol para decirme que ahora somos familia, que tengo unos padres y que es verdad que por fin existe.

!!!!Feliz Navidad!!!


Elvira Jauregizuria Elordui

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SI LA OSCURIDAD DE GREY ARRASA, HAY UN PORQUÉ

 Convertir a la bestia en príncipe



Si se cuentan por miles las personas que pagan por conocer las andanzas de un canalla treintañero vestido de magnate en su proceso de seducción a una joven recién licenciada y sin experiencia sexual que cree en el ‘amor verdadero’, hay que preguntarse cuál es la razón. Pero si se tiene en cuenta que buena parte de esas miles de personas que devoraron los libros y acudieron en masa al estreno de Cincuenta sombras de Grey eran mujeres, hay que analizarlo con mucha más exhaustividad. 

¿Por qué siguen atrayendo las relaciones de poder, en las que se reproducen patrones sexistas contra los que se lucha desde hace años? Porque seguimos inmersas en una sociedad que no solo transige, sino que fomenta la idea romántica de que el amor puede transformar a la persona y convertir a la bestia o al sapo en ese príncipe de cuento que completa a su amada.


Así lo afirmó ayer la psicóloga vasca Ianire Estébanez, en una de las ponencias incluidas en las jornadas ‘Abordaje integral de la violencia de género: desde la prevención a la intervención’, que organiza el Ayuntamiento y el Consejo Social de la Mujer y que se están celebrando en la sala Polisón del Teatro Principal. En poco más de una hora y media, Estébanez expuso de forma muy gráfica que desde la familia y sus machaconas preguntas acerca de si las y los jóvenes tienen o no pareja (habitualmente, refiriéndose a una heterosexual); hasta Enrique Iglesias y sus casi siempre ilustrativas letras o los Simpson con su personaje la ‘solterona de los gatos’ (una mujer que fue incapaz de rehacer su vida porque el novio la dejó a los 16 años), son múltiples los mensajes que desde diversos ámbitos siguen forjando una cultura en la que se asimila con naturalidad una idea arcaica del amor y de las relaciones de pareja.

Estébanez, especialista en prevención en la juventud, relató ayer que «empecé a investigar en 2007 y con todo el trabajo que se ha hecho, creo que las cifras deberían estar bajando y no es así». Al mencionar las cifras se refería a encuestas realizadas a jóvenes y en las que se les pregunta acerca de su modelo ideal de novia o novio o sobre qué le piden a su pareja, con datos ‘tan sorprendentes’ como que el 80% de los varones sigue contestando que lo que más valoran es el físico y, por ende, aspiran a una «tía buena disponible en todo momento», destacó la experta, y ellas siguen decantándose por el prototipo de malote que, se supone, va a cambiar a su lado porque ellas son diferentes y del que en un 63% de los casos esperan una relación más bien estable.
Y esto no es casual.
 Estébanez evidenció a propósito que incluso el lenguaje conduce a esta idealización. «Si él es un rebelde que se pega por ahí, te lleva en moto, se lía con otra pero te dice que contigo siempre es diferente, hoy te quiere y mañana no se está transmitiendo una cierta agresividad que se identifica con pasión. 
Si yo hablo de mi novio, que es un chico que va a estar ahí, que me quiere, me comprende y es lo que me conviene estoy transmitiendo una idea de estabilidad que es, al mismo tiempo, un aburrimiento», señaló, antes de añadir que esos patrones tan arraigados en las adolescentes desde hace décadas, también tienen consecuencias para los chicos de su edad. «Es machista para con ellos porque les está dando a entender que siendo buenazos no van a conseguir nada, que tienen que ser machotes porque, si no, no van a ser considerados como parejas sexuales sino como eternos amigos», dijo. Es decir, que la sociedad actual no solo no está quitando presión a las mujeres, sino que se la está poniendo a los hombres: tienen que ser machitos, exitosos, influyentes y con un determinado aspecto físico. «La violencia va muy integrada con el modelo de belleza y la cultura sobre el cuerpo», aseguró.

La libertad - libertinaje sexual
Otro de los pilares de la ponencia de la psicóloga especialista en prevención de violencia de género Ianire Estébanez fue la idea que se tiene acerca de la libertad sexual y, más concretamente, en qué consiste. «Se está entendiendo como ‘ten todas las relaciones que puedas’ porque eso es ser moderna y hay chicas que, aunque no quieran, lo están haciendo porque se supone que eso es lo que mola. No se plantean que no tener relaciones también es libertad sexual», explicó Estébanez.

Pero este mensaje no ha calado solo porque la sociedad esté potenciando la sexualidad y la sensualidad en los jóvenes mucho más que en el siglo pasado, sino porque hay un patrón de pareja determinado insertado en el disco duro de la mayoría de la población. Esto es, el amor es lo que se siente hacia una pareja y no hacia cualquier otra persona: familia, amigos... «Pensar en ‘el amor de tu vida’ es un modelo sexista para los dos», señaló la psicóloga señalando que hay otros grandes ‘hitos’ revestidos de romanticismo que convendría erradicar cuanto antes. «El ‘amor verdadero’ implica que hay otros que no lo son, la media naranja que te completa da a entender que estás incompleta o incompleto sin pareja, frases como ‘te amo tanto que siento que no existo’ o ‘te amaré aunque me lleve la vida’ son perjudiciales porque ¿qué pasa si quiero existir y si no me siento desfallecer por amor?», preguntó Estébanez.
La confusión no solo se genera con los cuentos de príncipes y princesas, también con las múltiples revistas (en los noventa en papel y ahora en internet) en las que hay diversos test sobre parejas perfectas o para saber si te quiere o no o cómo conseguir al chico de tus sueños. Un cúmulo de «chorradas», dijo, que acaban fomentando la idea «sobre todo en las chicas» de que «la consecución de la pareja es objetivo prioritario en la vida. Que la pareja, casi siempre poniendo como modelo la heterosexual, te llena de felicidad es algo que está muy metido en la cabeza», señaló dando varios títulos de películas de consumo frecuente como ejemplo: desde El diario de Noa hasta Cincuenta sombras de Grey pasando por la trilogía vampiresca Crepúsculo. «Más que fomentar la idea de ‘te amo tanto que quiero morirme’, deberíamos trasladar el mensaje contrario: te amo tanto que quiero vivir contigo», concluyó.
FUENTE, http://www.diariodeburgos.es/NoticiasFicha.aspx?id=Z49EB3268-D344-7B6C-98332BC63A51C27B&v=noticia%2FZ49EB3268-D344-7B6C-98332BC63A51C27B%2F20151021



Elvira Jauregizuria.
Sendabide Psicoterapia familiar y de pareja Bilbao.

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Menos competitividad en las extraescolares deportivas

Los psicólogos reclaman menos competitividad en las extraescolares deportivas.

La clave es que el entrenador plantee a los niños objetivos de tarea y no de resultados, según los educadores.



Los psicólogos reclaman menos competitividad en las extraescolares deportivas
La actitud del entrenador es clave para que el deporte infantil resulte formativo.



Llega octubre y con él arrancan infinidad de ligas deportivas y competiciones escolares. Psicólogos y pedagogos no dejan lugar a dudas: es fundamental que los niños practiquen algún deporte, no sólo porque necesitan tener actividad física sino también porque el deporte es fuente de socialización y de aprendizaje.
Pero que hagan deporte, enfatizan, no quiere decir que compitan y que desde los cinco o seis años estén sometidos a la presión de los resultados, de las clasificaciones, las convocatorias y las promociones, como si fueran profesionales. Y eso es lo que se encuentran hoy los niños en la mayoría de clubes deportivos y equipos escolares, en especial si practican deportes mayoritarios como fútbol o baloncesto.
"Las extraescolares deportivas se definen como un deporte formativo en que la competición no es tan importante; pero es una falacia, porque cambian las cuotas y el escenario pero se aplica el mismo modelo que en el deporte federado, donde el éxito es ganar, marcar más goles o encestar más que el rival y se aplican sanciones pero no refuerzos positivos", afirma Pere Alastrué, psicólogo del deporte e impulsor del modelo Juga Verd Play de deporte escolar.

 "Hoy las extraescolares deportivas son muy competitivas y rápidamente meten al niño en un mundo casi profesional donde los padres sacrifican dinero y fines de semana por conseguir que sus hijos se tecnifiquen y sean figuras ,y los entrenadores también se sienten presionados y juzgados por conseguir logros respecto a otros colegios porque de ello depende que luego les contraten, y al final todo eso crea unas expectativas muy grandes sobre el niño que pronto empiezan a no cumplirse y se convierten en fuente de estrés y de una frustración tremenda", explica Petra M. Pérez Alonso-Geta, catedrática de Teoría y Antropología de la Educación de la Universidad de Valencia (UV).

"Hoy el deporte escolar se profesionaliza tanto que hay niños que hacen pretemporada desde finales de agosto, en mitad de las vacaciones, algo que debería ser sagrado", coincide Benjamín Montenegro, del Equip Psicològic del Desenvolupament de l'Individu, para quien las actividades deportivas extraescolares deberían ser mixtas y sin marcadores hasta los 12 años y después separarse por sexos pero seguir sin marcador hasta los 16, edad en la que propone iniciar el deporte competitivo.

 "Si la educación es obligatoria hasta los 16 años, el deporte también debería ser formativo, participativo y socializador hasta esa edad", enfatiza. En los últimos años se han intensificado las voces de psicólogos y educadores en favor de un deporte formativo sin marcadores donde el objetivo sea disfrutar, aprender, crear hábitos y transmitir valores y no se den situaciones de humillación al rival porque los equipos están muy descompensados y se producen diferencias de puntos o goles escandalosas.

 En algunos países, como Estados Unidos, las mercy rules (reglas de clemencia) o slaughter rules (reglas contra carnicerías) están muy extendidas en la mayoría de deportes infantiles, en algunas ligas de instituto y, en el béisbol, de universidad. En España, muchas ligas autonómicas de baloncesto establecen que, en las categorías hasta infantil (13 años), el marcador se pare cuando un equipo gane por más de 50 puntos.
Y alguna liga de futbol base no registra en la clasificación más de diez goles, mientras que algunas federaciones de balonmano cierran marcadores a partir de 20 goles de diferencia. Pero los educadores aseguran que de poco sirven estas medidas porque los chavales -y algunos padres y entrenadores- llevan la cuenta y saben perfectamente cuál ha sido el resultado. Hay quienes consideran que estas normas son contraproducentes porque "desincentivan el esfuerzo y la esencia del deporte que es la competición".

 La temporada pasada, el partido de alevines de fútbol entre el Racing y el Calasanz, dos equipos santanderinos, acabó 34-1 después de que el entrenador de los primeros se negara a pedir a sus jugadores que "aflojaran" como le sugirió el entrenador rival cuando ya iban 15-0. Alegó que para él respetar al rival era jugar al cien por cien y su tarea formar jugadores que puedan ser profesionales.

"El problema es que hoy el futbolista de élite es el referente más deseado a nivel social y para los niños jugar al fútbol es más que un partido, es como presentarse en escena a representar un papel muy importante, porque si se le da bien y es bueno sabe que va a tener más amigos en el colegio y que irán todos detrás de él", dice Pérez Alonso-Geta. Alastrué apunta que en realidad competir no es malo, puesto que la esencia del deporte es poner a prueba la destreza de cada uno y aprender a ganar y perder.

"Lo que hay que definir operativamente es qué significa competir y ganar en el deporte escolar, si sólo consiste en marcar más goles o encestar más o comporta algo más", asegura. Y eso es lo que ha hecho él con el modelo Juga Verd Play de deporte escolar, que se aplicó la temporada pasada en todas las competiciones organizadas por el Consell Esportiu del Baix Llobregat en las que participaban niños de hasta segundo de ESO (13-14 años).

"Hemos redefinido el concepto de victoria; para ganar no basta con ganar el partido, porque eso sólo da tres puntos y hay otros siete en juego que dependen de la conducta de todos los agentes implicados: árbitros, padres y madres, entrenadores, delegados y los propios jugadores, de modo que si se portan bien el resultado del partido seguirá definiendo la victoria, pero si no actúan de forma correcta no ganarán", detalla.

Tanto Alastrué como Montenegro aseguran que, al final, la clave para que el deporte resulte formativo es el entrenador, que debe actuar como educador y plantear a los jugadores objetivos de tarea y no de resultados.
"Si le explicas al niño que lo importante cuando salga es que esté marcando todo el tiempo a su oponente, que lo que esperas es que haga las recepciones de una determinada manera, etcétera, le estás enseñando a ser competente, a tener control sobre lo que hace, y no le focalizas en el resultado que en realidad no depende de él", dice Alastrué.

Eduard Estrada, entrenador del Aqua Hotel TecSoccer que lleva más de una década formando a niños en diferentes equipos de fútbol del Maresme, considera que la competición puede ser muy útil y positiva si se usa como parte de la formación, por ejemplo para practicar la toma de decisiones trabajada en los entrenamientos.

Pero coincide en que los resultados no pueden ser el objetivo principal y es partidario de cerrar marcadores a partir de cierto número de goles para que a partir de ese momento no quede más remedio que trabajar otros objetivos específicos.
 "Creo que de esa manera la gente cambiaría y el entrenador no estaría tan condicionado porque los niños tengan que marcar", comenta. Y subraya que para que las extraescolares deportivas resulten educativas, no basta con formar mejor a los entrenadores.
 "Los clubes también deberían formar a los padres sobre el comportamiento en las gradas, porque se da normalidad a actuaciones que no deberían serlo, como insultar al árbitro o gritar a los niños para que chuten y marquen, lo que condiciona mucho al entrenador", apunta.



Fuente;http://www.lavanguardia.com/vida/20151012/54438041740/psicologos-reclaman-menos-competitividad-extraescolares-deportivas.html


Elvira Jauregizuria
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`Profesores, pautas para atender a un alumno o alumna con TDAH

 


En este artículo te presento 10 pautas para atender a un alumno con TDAH. Son pautas que todo profesor puede seguir. La presencia de alumnos con Trastorno por déficit de atención/hiperactividad(TDAH) en el contexto escolar es una realidad cada vez más extendida, por ello la importancia de dar una respuesta adecuada.
En este artículo te presento las cinco primeras pautas para atender a un alumno con TDAH. En una próxima entrada te presentaré los otros cinco consejos. A veces, la pedagogía tiene que hacerse muy práctica y pegada al terreno: esta es una de esas circunstancias.

El alumnado con TDAH tiene sus peculiaridades y no voy a negar que en el contexto de un aula de 25 o de 30 alumnos crea problemas. Es complicado atenderlo, manejar su conducta y manejar sus dificultades principales.

En el caso del TDAH, los niños presentan dos síntomas diana: por un lado las dificultades paramantener la atención, centrarse en los detalles y abstraerse de todo lo que ocurre en el aula… que es mucho y más atrayente que las explicaciones o las tareas que están en la pizarra.
Por otro lado, su comportamiento hiperactivo e impulsivo: su dificultad de autocontrol, su exceso de energía que no se puede reprimir, en largas jornadas donde la conducta adecuada es permanecer sentado quieto y en silencio.
Pero a su vez, esos dos síntomas provocan un tercer síntoma definitivo: que sus dificultades le impiden o alteran significativamente la capacidad para funcionar adecuadamente o con la calidad esperada, en su rendimiento escolar o en su relación con los demás.
Pero a pesar de las características que estos niños presentan y de las dificultades para atenderlos adecuadamente en el aula, hay 10 pautas para atender a un alumno con TDAH, que todos los profesores de Educación Primaria y Secundaria pueden llevar a cabo. Ahí van las cinco primeras.

1º. Conocer qué es el TDAH y entender a tu alumno

La primera de las pautas para atender a un alumno con TDAH, es conocer el trastorno. Del TDAH se habla mucho de oídas y se conoce poco: hay muchos tópicos.
Los profesores, como profesionales que son, deben tener un conocimiento relativamente profundo sobre este trastorno tan extendido en la escuela.
Conocerlo no es difícil. Existen guías para profesores y docentes disponibles en la red. En este lugar te ofrezco alguna de estas guías que puedes descargar y leer.
Cuando se conoce el TDAH, se entiende por qué parte del comportamiento que presenta este alumnado no es “mala educación” o “falta de normas”, aunque en algunos casos eso también está añadido. Sino que se trata de un trastorno neurobiológico que explica gran parte de la forma de actuar de estos niños.

2º. Asígnale un alumno ayudante ( si en la clase hay algún alumno adecuado que se preste y siempre que no le perjudique su propio ritmo de aprendizaje)

Vamos con la segunda de las pautas para atender a un alumno con TDAH. Puedes asignarle un alumno ayudante y sentarlo junto a él… o al menos, cerca. La misión del alumno ayudante es recordarle algunas pautas habituales de clase, como anotar los deberes para el día siguiente, tocarle el hombro cuando no esté trabajando o no esté atendiendo para centrarlo; no molestarlo mientras se trabaja en clase y animarlo a trabajar. También le puede ayudar en alguna tarea que no sepa realizar.
Hay chicos que tienen ese don especial y que, animados por el tutor, pueden tener esta misión como un privilegio. El alumno ayudante puede también rotar por trimestres, para que otros pasen por esta experiencia.
Incluso el propio alumno que padece TDAH, puede en algún momento ser alumno ayudante de otro compañero.

3º. Segmentar las tareas

La tercera de las 10 pautas para atender a un alumno con TDAH, consiste en segmentarle las tareas que tiene que realizar. Es posible que un niño con estas características no sea capaz de afrontar 7 u 8 ejercicios seguidos. Pero si le pides que realice solo dos tareas del total, y que una vez realizadas se levante de la mesa y se acerque a enseñártelas, posiblemente sí pueda abordarlas.
Cuando las enseñe solo comprobarás que las ha realizado, no tanto si están bien o mal, salvo que sean errores muy evidentes. Cuando compruebes esas dos tareas, le animas a seguir con otras dos y que al terminarlas vuelva a enseñártelas.

4º. Cuaderno único

En Educación Primaria y por supuesto, en Educación Secundaria, se ha generalizado el uso de un cuaderno para cada asignatura. Sobre cuántos cuadernos utilizar, en Educación Primaria, escribí una entrada en su momento. Para los niños que padecen TDAH, disponer de varios cuadernos suele ser una situación complicada de manejar  y que provoca desorganización.
En estos casos la medida del cuaderno único es muy sencilla pero efectiva con el alumnado con TDAH.Consiste en reducir los cuadernos de todas las asignaturas a solo uno. En ese único cuaderno realizará todas las tareas. Tan solo tiene que indicar la fecha y el nombre de cada una de las asignaturas que realiza.
Más adelante, cuando tenga un dominio del cuaderno y adquiera otras habilidades de organización, se irán añadiendo cuadernos, pero de una manera progresiva.
Sobre el tipo de cuaderno a elegir, te animo a releer la entrada que escribí sobre esa cuestión.

5º Elegir la pauta y útil de escritura

La pauta sobre la que los niños escriben y el útil de escritura que utilizan, es otra variable que los profesores de niños con TDAH pueden gestionar para su bien.
La regla general podía ser elegir aquella que mejor resultado le da a cada niño. Por tanto, no puede generalizarse a toda la clase un único formato de pauta: todos escriben en hojas de doble pauta, de cuadritos, Montessori… Lo ideal es que cada niño escriba en aquella en la que mejor “se defiende”. Pero en el caso de los chicos con TDAH es una medida casi obligada.
En general, las hojas cuadriculadas no les ayudan: para muchos de ellos suponen un motivo de confusión y desorganización. La doble pauta les puede resultar asfixiante… parece que, en términos generales, las hoja de una línea son las más adecuadas.
Lo mismo ocurre con el útil de escritura: escribir con lapicero tiene la ventaja de que se puede borrar, pero en ocasiones, es una herramienta que enlentece la escritura y requiere más esfuerzo. En algunos niños los bolígrafos de tinta de gel, les ayudan por tener una escritura más fluida. Si se equivocan, pueden colocar entre paréntesis los errores. En otros casos, hasta las plumas estilográficas escolares, les ayudan a mejorar la letra y la escritura.
También en este aspecto, aconsejo algunas recomendaciones que escribí para mejorar la letra: también son válidas para que la consideremos entre las pautas para atender a un alumno con TDAH.

6º. Suprimir enunciados

El sexto de los consejos consiste en suprimir el hecho de copiar los enunciados de los ejercicios y deberes que los alumnos con TDAH tienen que realizar. Puedes suprimir todos los ejercicios o la mayoría de ellos.
En muchos casos, las actividades de los libros contienen una gran cantidad de texto, en ocasiones, desproporcionada con la respuesta que se demanda. Para el alumnado con TDAH, que en la mayoría de los casos son especialmente lentos para escribir, es un plus de trabajo y de tiempo, poco productivo, que lo que hace es prolongar el tiempo dedicado a los deberes.
Habrás comprobado que no es eficaz como entrenamiento para mejorar la letra o la escritura, al contrario, el hecho de copiar grandes cantidades de texto, termina empeorando la presentación.
Por tanto, no copiar los enunciados de los deberes es el sexto de los consejos para profesores sobre el TDAH. Es recomendable enseñarles cómo deben indicar correctamente las actividades: número de página y número del ejercicio.

7º. Utilizar la pizarra de los deberes

El alumnado con TDAH de Primaria suele dedicar un número desproporcionado de tiempo a los estudios en casa, en detrimento de la necesidad de disfrutar de tiempo libre. Una de las razones es el número elevado de deberes que llevan cada tarde para casa. Al día siguiente los deberes vienen hechos, pero muchas veces no se conoce el coste que eso ha tenido: en tiempo, es enfados, conflictos…
consejos para profesores sobre el TDAH, la pizarra de los deberesCuatro actividades pueden parecer pocas, pero cuatro actividades por cuatro o cinco asignaturas eleva el número de tareas. Para ello se propone que en el aula se utilice una pizarra o panel de los deberes. En el panel, un alumno que puede hacerse responsable, anota los deberes que ese día se están mandando por cada profesor. Puede hacerlo en una pequeña hoja de papel, de manera que los docentes podéis comprobar el número de actividades que llevan acumulados para el día siguiente y así controlar la cantidad de tarea.
Es posible que un profesor imparta sus asignaturas siempre en las últimas horas y para él nunca haya hueco para sus deberes: en ese caso, debería coordinarse con sus compañeros para que le respeten alguno de los días que imparte clase su cuota de tareas.

8º. Adaptar los exámenes

En el número ocho de los diez consejos para profesores sobre el TDAH está adaptar los exámenes y los procedimientos de evaluación.
Para bien o para mal, los exámenes escritos son el principal instrumento de evaluación en la etapa de Primaria. Sobre este tema, ya reflexionaba en otro artículo. La realización de exámenes escritos suele ser igualmente un punto débil de los alumnos con TDAH. Por ello, te propongo algunas medidas.
Adaptar los exámenes supone no modificar significativamente el contenido, sino la forma de presentación, sobre todo si los comparamos con las pruebas de evaluación que suelen disponer el profesorado de las editoriales de libros de texto. Estos son algunos ejemplos:
  • Aumentar el tamaño de la letra y el espacio para responder, aunque suponga aumentar el número de hojas.
  • Presentar un ejemplo de resolución de la tarea que se demanda en cada actividad.
  • Simplificar el lenguaje empleado en los enunciados.
  • Presentar al alumno las hojas secuenciadas: en lugar de entregarle las dos o tres hojas de un examen, entregarle solo la primera, cuando termine, la segunda y así sucesivamente.
  • Secuenciarle las preguntas de examen: pedirle que responda solo a la primera o a las dos primeras; dejar que nos la enseñe; animarle a continuar con la tercera y cuarta… y así con las demás.
  • Si un enunciado incluye dos o más acciones, por ejemplo: enumera, subraya y clasifica,presentarle las acciones como enunciados independientes:
    1. Enumera…
    2. Subraya…
    3. Clasifica…
  • Rodearle o remarcarle algunas palabras clave de los enunciados de las preguntas: “responde”, “dibuja”…
  • Utilizar en algunos ejercicios formatos de respuesta breve: tipo test, verdadero-falso…
  • Dejar la posibilidad de realizar una evaluación oral de todos los contenidos o parte de ellos.
  • Utilizar otros instrumentos de evaluación debidamente ponderados: trabajo en clase, cuadernos, etc.
En esta guía, podrás encontrar modelos de exámenes adaptados.

9º. Preguntar qué otras cosas sabes sobre el tema

La mayoría de los niños con TDAH ha estudiado para los exámenes y sabe más de lo que finalmente plasma en un examen escrito. Puedes reducir el número de preguntas de los controles, pero incluir siempre una primera pregunta… o pregunta final que puedes titular “qué has aprendido sobre el tema”; “qué otras cosas sabes sobre el tema”.
Este penúltimo, de los consejos para profesores sobre el TDAH te puede dar pistas lo que ha aprendido y de lo que sabe, más allá de las preguntas del control escrito.

10º. La ley del 3 a 1

Los alumnos con TDAH suelen ser disruptivos: estresan al profesor y a los alumnos, interrumpen… especialmente si presentan hiperactividad. Si predomina el déficit de atención, suelen estar pendientes de otra cosa. La gran tentación es estar constantemente llamándoles la atención y recriminándoles, con las mejores palabras, cuando su comportamiento es inadecuado. La estrategia se hace con buena intención, pero al finalizar el día, un alumno con TDAH recibe, proporcionalmente muchos menos refuerzos positivos que negativos, a pesar de necesitarlos más.
Sin embargo, aunque parezca paradójico, debes intentar cambiar la estrategia. La Ley del 3 a 1consiste en utilizar con él refuerzos positivos en una proporción de tres veces, por cada una que tenemos que recriminar su conducta. Como refuerzos positivos puedes utilizar el prestarle atención cuando está atento o comportándose bien, nombrarlo, elogiarlo, felicitarlo, reconocerle su conducta adecuada: 3 a 1, escribir anotaciones positivas en el cuaderno… Si su comportamiento es desatento, puedes llamar la atención de los que sí están atentos… para que se dé por aludido.
Los refuerzos positivos suelen aumentar la probabilidad de que una conducta se repita: si insistimos más sobre esto, aumentamos la probabilidad de que su comportamiento sea más adecuado.



 Elvira Jauregizuria Elordui

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