Entendiendo lo que pasa con los niños y niñas adoptados/as desde la Neuropediatría, La separación de la madre biológica es un factor altamente estresante y dañino para el recién nacido.

Magnífica entrevista con Nils Bergam, neuropediatra



La evidencia científica demuestra que separar al recién nacido de su madre supone daños en las conexiones neuronales del bebé que son irreparables.



A pesar de que mucha gente cree que las madres que defienden estar con sus bebés sin separarse de ellos en el hospital, muchísimo menos dejarles pasar la noche en el nido, lo hacen siguiendo una moda que algunos la denominan hippie, en realidad, no es ninguna moda. Moda es lo otro, separar al bebé de la madre.
Quinientos mil años de civilización avalan el dato frente a cincuenta que son los que lleva «de moda» todo lo que implica la separación de la madre y el bebé desde la óptica de la neurociencia; separación para pesar, medir, lavar (puede esperar unas horas) o la mayor aberración desde la neurobiología que es que el bebé pase su primera noche en el nido en lugar de hacerlo pegado al cuerpo de su madre.
Se discute muchísimo sobre este asunto, pero las evidencias científicas son irrefutables: el pecho de la madre es el lugar idóneo del recién nacido desde todos los ángulos: desde la neurociencia, la biología, la nutrición… todo está a favor de que sea así.
Nils Bergman es una afamado neuropediatra sudafricano muy conocido por su dedicación al desarrollo de la Neurociencia Perinatal y las bases científicas del cuidado piel con piel. Es el autor de numerosas investigaciones científicas y del famoso documental «Restaurando el paradigma original». Hizo un doctorado en salud pública, es el director de la maternidad del hospital de Mowbray y lleva décadas investigando qué pasa en el cerebro de los bebés al nacer. Especial mención sus estudios publicados sobre la necesidad de que los prematuros utilicen el pecho de la madre como incubadoras en lugar de estas.
Estos días ha estado en Vitoria, Albacete y Madrid impartiendo sus charlas. También impartió el curso de la Formación en salud mental perinatal Terra Mater.

Pasos al nacer

La práctica actual en el nacimiento es la siguiente: en cuanto el bebé nace, lo separan de la madre para limpiarlo, pesarlo, medirlo, ponerle la primera vacuna… Un tiempo que a veces supera la media hora. Y no solo eso, en muchísimos hospitales siguen existiendo los nidos donde el bebé pasa toda la noche separado de su madre, solo en una cunita. ¿Qué pasa en el cerebro de ese bebé según la evidencia científica, es decir, que se ha demostrado que sucede al estar separado de la madre?
La separación produce estrés, a un nivel profundo, causado por la pérdida de las sensaciones regulatorias que proporciona el ambiente materno. (Hofer 2006: Psychobiological Roots of early Attachment). El contacto materno precoz tiene como fin en la naturaleza crear un vínculo y un comportamiento espontáneo de acercamiento al pecho, que lleva a una lactancia exclusiva. En nuestra biología evolutiva, nuestra supervivencia dependía absoluta y totalmente de esto.
La media hora de separación destruye los «procesos neurales necesarios» que se requieren para cimentar el vínculo materno-infantil, y altera la lactancia. Una revision Cochrane recoge todos los estudios que muestran esta evidencia. (Moore 2012: Early skin-to-skin contact for mothers and their healthy babies): el contacto piel con piel es el responsable de la lactancia materna. Biológicamente el contacto piel con piel es lo normal, y no hacerlo dificulta la lactancia. Y la lactancia es el motor que rige el neurodesarrollo precoz. Separar al bebé «para que la madre descanse» priva a la madre de las sensaciones que el bebé provoca en su sistema límbico o cerebro emocional, logrando así que se desconecten las respuestas naturales de maternaje. El contacto precoz activa el hipotálamo para amamantar, el cingulado para obtener fiereza en la defensa de las crías, y la amígdala para equilibrio emocional y atención sobre el bebé. Los sistemas dopaminérgicos de recompensa se unen a los oxitocínicos.
—En los estudios que ha publicado explica que los niños prematuros responderían muchísimo mejor si estuvieran en el pecho de su madre el mayor tiempo posible en lugar de la incubadora. Sin embargo, es interpretado como una locura. Usted, que es neuropediatra y ha investigado muchísimo sobre el tema, por favor, convénzame de que esto es así: ¿es mucho mejor el pecho de la madre que la incubadora?
—En efecto hago trabajo clínico y también de investigación. El «convénceme de que esto es cierto» para los profesionales de la salud debería estar basado en el resultado de estudios controlados randomizados. La incubadora se introdujo 50 años antes de que existieran tales estudios; es decir, sin ningún tipo de evidencia. Suena a locura, y es chocante, pero el único estudio controlado randomizado que compara de forma directa el contacto piel con piel con las incubadoras muestra que estas causan inestabilidad en los bebés. Y la ciencia (no solo la evidencia) es muy clara en este punto: el cuerpo de la madre está diseñado para calentar, alimentar y proteger a su recién nacido, y ofrecerle todas las sensaciones que activan circuitos neurales sanos en el cerebro y, además, lograr los cambios epigenéticos necesarios para asegurar salud a largo plazo.
Las 24 primeras horas son decisivas en las conexiones neuronales. En el estudio que hizo entre dos grupos de recién nacidos en Sudáfrica con mujeres que acababan de dar a luz, ¿qué diferencias sustanciales observó entre los que sí fueron separados respecto de los que no fueron separados de sus madres?
—En contacto piel con piel se producen ciclos normales de sueño y un estado de calma en el sistema nervioso autonómico. Estar separado simplemente a un metro de la madre en una cuna fue suficiente para producir un estado de ansiedad con una gran activación del sistema nervioso autónomico (Morgan 2011: Should Babies Sleep Alone?)
—Hay padres que utilizan el método Ferber para dormir a sus hijos. En España es más conocido como método Estivill. Sin entrar en juicios, sólo desde el punto de vista de la neurociencia, desde la evidencia científica, ¿por qué ese método hace un daño irreparable en sus cerebros? En su charla dijo «cada momento de cortisol lo recuerda nuestro ADN», ¿Puede desarrollar esto?
—El llanto es un signo primitivo y muy poderoso de supervivencia, que «obliga al adulto a aproximarse» (Swain). Los bebés separados sufren ansiedad y estrés extremos. Los métodos de «entrenamiento» del sueño no logran que los bebés duerman, sólo les enseñan a quedarse callados. Están tumbados, quietos, sabiendo que nadie va a responder a sus necesidades. Aprenden a aceptar que han sido abandonados. Básicamente pierden la capacidad de confiar. Varios estudios apoyan estos métodos, usando como resultado la satisfacción parental. Funcionan bien para responder a las necesidades percibidas de los padres. Estos estudios, sin embargo,  no han medido el efecto en el desarrollo emocional y social de los niños.
—Asegura en sus cursos es que «cuánto más amenazado está el individuo, más primitivo y regresivo es su comportamiento». ¿Qué estudios contrastados evidencian esta información?
—Esta afirmación es de John Hughlings Jackson, y está aceptada por los neurocientíficos. Tal vez la explicación más racional es la de Bruce Perry, que describe una secuencia de respuestas ante una amenaza: primero vigilancia, luego paralización y, finalmente, disociación. Steven Porges también ha elaborado este tema en su Teoría Polivagal.
—¿Cuáles son las conclusiones de esos estudios del cerebro de las madres cuando son separadas de sus recién nacidos? Existe en occidente una larga tradición de hace más de 50 años de hacerlo así, pero es una insignificancia comparado con el resto de los años que tiene la especie humana donde no se separaba a los bebés de las madres. Muchas mujeres, cuando son separadas en los centros hospitalario, por ejemplo porque se llevan al bebé al nido, también padecen una transformación en el cerebro pero muchas no identifican qué les pasa ¿Está demostrada la vinculación de la separación con la depresión postparto?
—¡Cierto! ¡Cincuenta años de tradición, frente a 500.000 años de separación cero! Estudios observacionales de Canadá y Brasil apoyan que el contacto piel con piel disminuye la tasa de despresión postparto. Kathy Dettwyler es una antropóloga que sugiere que la separación precoz y la falta de lactancia son datos que el cerebro interpreta como fallecimiento del bebé y, por tanto, los programas de crianza intrínsecos que debería tener la madre se desconectan. La parte consciente del cerebro de la madre sabe que ha tenido un hijo, pero su cerebro límbico, no. Esto puede tener efectos negativos sobre la madre.
—Para concluir, doctor. El parto ideal desde un punto de vista fisiológico es aquél que es rápido, que no necesita intervención quirúrgica de ningún tipo y rozando la perfección sería sin medicación (oxitocina sintética y epidural). Pero, desde la neurociencia, ¿cómo es ese parto ideal tanto para el cerebro de la madre como para el del padre?
—Aquel en que se la separación cero. La separación cero y el apoyo emocional y físico que ayude a la madre a mantener niveles elevados de oxitocina no son características de un «parto ideal», son de un «parto normal». Normal en el sentido de normativa biológica. Un parto así puede ser poco frecuente en nuestro tiempo, pero es el parto normal y esperado por todos los bebés.
Lo que muestra la gráfica son los datos recogidos en los niños del estudio, en los que se demostró que los bebés separados de su madres tienen un 176% de hiperexcitación autonomica y un 86% de disminución del sueño de ondas lentas (que es necesario para el neurodesarrollo cerebral) comparados con los bebés que permanecen en contacto piel con piel con sus madres. La conclusión es que la separación es un factor altamente estresante y dañino para el recién nacido.

Fuente; http://www.abc.es/familia-padres-hijos/20150314/abci-entre-nils-bergman-201503131112.html


Elvira Jauregizuria Elordui. Sendabide Psicoterapia Bilbao

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'Todo niño y toda niña necesita que alguien esté loco por él o ella'



'Todo niño necesita que alguien esté loco por él', Jesús Palacios

El experto en maltrato y protección infantil, Jesús Palacios asistió como invitado al primer Congreso Latinoamericano de Adopción realizado en Bogotá.





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En Colombia, y de acuerdo con datos del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), hay 11.000 niños que están esperando ser adoptados. De estos, 4.325 son considerados de difícil adopción, porque están entre los 8 y los 17 años de edad, tienen algún tipo de discapacidad o hacen parte de un grupo familiar.
Este no es un problema menor, pues además de que la mayoría de estos niños han crecido en condiciones adversas, también deben enfrentar el paso del tiempo; saben que mientras más permanezcan en la institución, sus posibilidades de adopción se reducen, y eso puede acarrearles mayores secuelas psicológicas por la falta de una familia.

Con el objetivo de dar más luces sobre este fenómeno, y aportar posibles soluciones, distintas organizaciones dedicadas a la adopción, como el Centro para el Reintegro y la Adopción del Niño (Cran), recientemente llevaron a cabo en Bogotá el primer Congreso Latinoamericano de Adopción. Al evento, que contó con la colaboración de la Red Latinoamericana de Cooperación en el Ámbito de la Adopción, asistió como invitado el español Jesús Palacios, doctor en Psicología de la Universidad de Barcelona y profesor de la Universidad de Sevilla, donde ha desarrollado toda su vida académica y profesional.

Palacios, reconocido experto en temas como el maltrato y las medidas eficaces de protección infantil y en el desarrollo de instrumentos profesionales para la toma de decisiones para el trabajo con la infancia, compartió su experiencia con defensores de familia colombianos en una serie de talleres y con los asistentes al congreso. EL TIEMPO habló con él.
¿En qué está la adopción en el mundo? ¿Aumenta o disminuye?
La tendencia es claramente hacia la disminución, muy particularmente en adopción internacional. Somos muchos los países, incluida España, donde la adopción había tenido un aumento rápido y mantenido durante muchos años, pero a partir del 2005 se produjo una estabilización y luego una caída en picada de las cifras de adopción en el mundo. Estamos ante una situación donde, habiendo probablemente la misma cantidad de niños que pueden ser adoptados, el número de los que son adoptados ha ido disminuyendo.
¿Hay números?
Los trabajos disponibles sobre este tema a nivel global indican que podemos haber pasado de 150.000 a 60.000 adopciones internacionales, un salto muy notable.
¿A qué se debe la disminución?
A cambios en las políticas de los países de origen más que a una reducción en el número de familias europeas a las que les gustaría adoptar. La ley dice que la adopción internacional debe ser subsidiaria y el argumento oficial, pero siempre muy difícil de comprobar, es que estos países han aumentado mucho la adopción nacional. De China, por ejemplo, durante muchos años y como consecuencia de la política del hijo único y de la preferencia de las familias porque ese hijo fuera varón, salían decenas de miles de niñas muy pequeñas en adopción internacional, de las cuales, en España, recibíamos cada año unas 2.600, pero en el último año solo recibimos 400. Si es verdad que están siendo adoptadas por familias chinas sería maravilloso, pero no lo sabemos.
¿Cuáles son los países que más niños dan en adopción internacional?
Las regiones, en su orden, son Asia, fundamentalmente China; le siguen Europa del Este, el conjunto de América Latina y el Caribe, y África, aunque algunos países de ese continente tienen números bajos, pues en ellos predomina el islam, que prohíbe la adopción.
¿Por qué los países europeos van hasta allá adoptar?
En muchas legislaciones europeas la adopción nacional prácticamente no existe, porque las políticas sociales evitan que los niños sean separados de sus familias y, además, hay hogares alternativos, en situaciones que llamamos de acogimiento familiar. Son figuras parecidas a la adopción, pero que no implican la afiliación jurídica en sentido estricto. La otra razón, y afortunadamente va disminuyendo cada vez más, es que por esta vía se tenía más fácilmente acceso a la adopción de niños pequeños. Esto se debe a que si una pareja quiere, pero no puede tener un hijo biológico, su primer pensamiento es un niño que se parezca lo más posible al que ellos no han podido tener.
En la actualidad eso ha ido desapareciendo, porque la mayoría de los niños adoptables en el mundo están por encima de los 5 o 6 años. En estos casos, las personas no solo están adoptando a un niño, sino a una historia, a una identidad, a alguien que ya tiene una cierta construcción.
¿Cuáles son los retos que enfrentan los niños que pasan mucho tiempo en instituciones?
Son retos bien diferentes a los de la adopción de un bebé. Basta con imaginar que si a mí me hubieran situado en China con cinco meses hoy en día hablaría un chino muy fluido. Si me situasen en el mismo país con ocho años, probablemente mi dominio del idioma estaría muy limitado. Lo mismo ocurre con tantas otras cosas. Lo que vivimos en los primeros meses y años nos marca mucho y los niños que son adoptados más grandes llegan con experiencias negativas adversas. Cuando la institucionalización se prolonga en el tiempo, deja de ser una medida transitoria y supone que los niños van a crecer en un ambiente que no es el previsto para nuestra especie, que necesita de una o dos referencias familiares estables. En una frase: cada niño necesita que alguien esté loco por él y que esté dispuesto a hacer cualquier cosa por su bienestar.
¿Y el caso de los niños adoptados internacionalmente?
La adopción, sea nacional o internacional, es una medida de protección que tiene clarísimas ventajas: es permanente, estable y buscada. Nadie va a la adopción forzado, al contrario, las personas que quieren adoptar tienen que pasar por una serie de filtros sociales y psicológicos; los niños adoptados se encuentran con padres que llevan mucho tiempo esperando y con una gran capacidad para dar amor. El idioma y las costumbres pueden dificultar la integración en la familia y basta con que el niño sea más moreno que sus compañeros para que sea ‘el negrito’, con que sus ojos sean más rasgados para que sea ‘la chinita’. Basta con que se sepa que son adoptados para que reciban comentarios hirientes. Con frecuencia estos niños van a tener problemas académicos.
¿Por qué razones la gente adopta hoy en día?
La fundamental ha sido y sigue siendo la infertilidad. La otra vía es la de personas que ya han tenido hijos, pero que quieren contribuir a orientar la vida de niños que necesitan familia, y este número de casos ha ido en aumento.
¿Qué sabe del estado de la adopción en Colombia?
Para Europa, Colombia es un país prestigiado y reconocido por mandar expedientes muy bien documentados de los niños que da en adopción, los cuales permiten entender el pasado de esos pequeños y sus posibles vínculos o contactos. La mayor parte de los niños colombianos que han sido adoptados en Europa son más bien mayorcitos, de entre 5 y 6 años, y en el país el sistema de protección de infancia tiene retos muy parecidos a los de otras naciones, como tener demasiados niños en instituciones por mucho tiempo y ellos deben ser adoptados lo antes posible, para evitar que “envejezcan” en el sistema.
¿Qué hacer, entonces, para evitar esa situación?
Por este motivo en muchos países europeos se ha ido llegando a la figura de la adopción abierta, que permite que el niño sea adoptado, pero al mismo tiempo mantenga contactos con su madre. El concepto de adopción que prima todavía en la mayor parte de los países adoptar significa romper para siempre el contacto y la conexión con la familia biológica, y hay casos en los que esto no es lo adecuado o lo aceptable.
¿Cuáles han sido los resultados de la adopción abierta?
En países que tienen una larga tradición de adopción abierta, que son en gran parte los de habla inglesa, la valoración es claramente positiva. Al principio había miedo de si estos niños iban a crecer con problemas de identidad, sin saber muy bien quiénes eran realmente sus padres, por ejemplo. La investigación demuestra que mientras las relaciones de los adultos sean adecuadas, la adopción abierta es una buena fórmula. En protección infantil, el modelo de talla única no existe, porque el modelo que es beneficioso para un niño puede que no lo sea para otro.
En Colombia el sistema de adopción tiene buena parte de su responsabilidad sobre el Estado, pero también hay otras privadas. ¿Qué modelo es adecuado?
El modelo colombiano, que encontramos en muchos países, es bueno. Probablemente el estadounidense es siempre el peor, porque allá el concepto de lo privado tiene demasiado peso y existe lo que llamamos adopciones independientes, sin control del organismo público. A mí me parece que es esencial que haya un organismo que asuma la responsabilidad última y que sea potente desde el punto de vista institucional.
¿Existe alguna edad para que el niño sepa que es adoptado?
Esa edad es siempre lo antes posible. Eso significa, para un niño que ha sido adoptado cuando era recién nacido, que antes de los dos años en algún momento la palabra adopción debe haber aparecido en el lenguaje de la familia, no pretendiendo que ese bebé entienda qué es la adopción, sino que vaya aprendiendo que él es adoptado y que eso significa que nació en una familia y que ahora está creciendo en otra de la que será miembro para siempre. Para un niño de 11 años, eso es una historia de primera comunión: él quiere saber más, quiere saber por qué, qué les pasaba a sus padres, dónde están, si pagaron o no pagaron, si tuvieron que ir a juzgado o no, si tienen hermanos o no. El problema para los padres es saber cómo ir ampliando la información.
Colombia está viviendo el debate mundial de la adopción homoparental. ¿Cuál es su opinión frente a este tema?
Si la pregunta es si tienen las parejas homosexuales derecho a adoptar, la respuesta es no. Y ni las heterosexuales lo tienen, nadie tiene derecho a adoptar. El que tiene derecho a ser adoptado es el niño; él es quien debe ser acogido por alguien que pueda garantizar estabilidad, permanencia, afecto y calidad en las relaciones. Ese alguien puede ser perfectamente una pareja heterosexual, una persona sola o una pareja homosexual. La sociedad ha dejado de ser monolítica en cuanto a las formas de familia; hay mucha investigación sobre las adopciones por parte de parejas del mismo sexo y ninguna ha logrado demostrar perjuicios como que van a crecer como homosexuales, con problemas de identidad de género o con mayor riesgo de ser abusados sexualmente. Nada de eso va a ser verdad; el abusador sexual típico es heterosexual.
Así está la adopción en Colombia
Según cifras reveladas por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) en Colombia actualmente existen 112.504 menores atendidos por esta institución, de los cuales 25.056 se encuentran en centros de protección y hogares sustitutos.
Asimismo 14.914 menores han sido declarados en vulneración de derechos, 6.367 en adoptabilidad y 3.775 dentro de tiempos legales para definir su situación jurídica. Además, se calcula que cada mes ingresan 2.000 niños más al sistema. Según el ICBF como consecuencia del posconflicto se espera que la cifra aumente.
Por otro lado, de acuerdo con la entidad, desde el 2010, un total de 6.610 personas (solteros y a parejas ubicados tanto en el país como en el exterior) han solicitado adoptar niños en Colombia. En total, fueron aprobados 3.433 trámites. Entre las parejas residentes en Colombia, en los últimos seis años y medio 1.784 familias solicitaron la adopción. El trámite les fue aprobado a 1.449.
NICOLÁS BUSTAMANTE HERNÁNDEZ
Redactor de EL TIEMPO





Elvira Jauregizuria
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Acoso escolar: ¿Cómo pueden prevenirlo padres, profesores y niños?-Recomendaciones de la APA


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El bullying o acoso escolar es un comportamiento agresivo intencional que implica un desequilibrio de poder o fuerza. Se trata de un comportamiento repetido y puede ser físico y/o verbal. Mientras que el tipo de intimidación que se da en niños puede ser física, en las niñas suele predominar la exclusión social. Desde hace años, el bullying surge en el contexto escolar e incluso en el ámbito laboral. Sin embargo, la aparición de las nuevas tecnologías y las redes sociales, ha generado un nuevo espacio para el bullying, dando lugar a otras formas de acoso: por ejemplo, el ciberacoso, conocido como la intimidación que ocurre vía Internet y a través de teléfonos móviles. Esta práctica se ve alimentada por la proliferación de páginas Web y redes sociales que permiten a los niños enviar mensajes nocivos online en cualquier franja horaria, y, en algunos casos, de forma anónima.
Prevenir y detener el bullying implica el compromiso de crear un ambiente seguro donde los niños pueden desarrollarse, social y académicamente, sin ninguna clase de miedo.
Así introduce la APA (American Psychological Association-Asociación Americana de Psicología) un artículo a través del cual aborda el bullying y establece una serie de recomendaciones dirigidas a profesores, padres y estudiantes, con el propósito de hacer frente de forma eficaz a este grave problema, que, en los últimos años, ha alcanzado cotas alarmantes.
A continuación, recogemos las recomendaciones ofrecidas por la Asociación:
Profesores y directores de centros educativos
- Informarse y observar
El acoso suele producirse fuera del aula (por ejemplo, en la hora del recreo, en los pasillos, en los baños, en el autobús escolar, así como a través de teléfonos móviles y ordenadores, donde la supervisión es limitada o ausente), y, tanto profesores como directores, deben ser conscientes de su importancia y gravedad.
Si un profesor presencia una situación de acoso dentro del aula, debe intervenir y detenerla inmediatamente, reportando el incidente al director del centro, de cara a su investigación. No es recomendable mantener una reunión conjunta con el acosador y el alumno acosado, dado que la misma puede ser resultar intimidante y embarazosa para este último. Sí es importante transmitir la idea a los alumnos de que admitir estar padeciendo bullying o ser testigo de que otros lo hayan sufrido, no significa “delatar”.
- Involucrar a padres y alumnos
Los estudiantes pueden informar a los adultos sobre lo que está sucediendo, mostrándoles también las nuevas tecnologías que se suelen utilizar para intimidar. Padres, profesores y directores pueden ayudar a los alumnos a adoptar conductas positivas, enseñándoles habilidades para poder intervenir cuando se produzca una situación de acoso. Los estudiantes mayores pueden servir como “mentores” e informar a los más jóvenes sobre prácticas seguras en Internet.
- Establecer expectativas positivas respecto al comportamiento de los estudiantes y adultos
Los centros educativos y las aulas deben ofrecer a los estudiantes un ambiente de aprendizaje seguro. El personal educativo debe recordar de forma explícita que el bullying no se acepta en la escuela y que tal comportamiento tendrá consecuencias. Por ejemplo, redactando un documento contra el bullying, firmado tanto por alumnos como por padres/tutores.
Asimismo, el personal educativo puede facilitar las relaciones sociales de aquellos alumnos que tienen dificultades para adaptarse o hacer amigos, encomendándoles “tareas” a realizar durante el almuerzo y el recreo, evitando así que no se sientan aislados o en peligro de convertirse en víctimas de la intimidación.
A los padres de niños que sufren acoso
- Observe a su hijo para detectar señales de que podrían estar padeciendo bullying
Los niños no siempre reconocen que están siendo acosados. Hay ciertas señales indicativas, tales como ropa rasgada, reticencia a asistir a la escuela, disminución del apetito, pesadillas, llanto, síntomas depresivos o ansiedad. Si descubre que su hijo está siendo acosado, no le aconseje que lo deje correr o que trate de aguantar; es recomendable conversar abiertamente para conocer lo que realmente está sucediendo en la escuela y así tomar las medidas apropiadas para rectificar la situación. Lo más importante es hacer saber a su hijo que va a ayudarlo.
- Enséñele a manejar la intimidación
Escenificar situaciones en casa, donde su hijo aprende a ignorar un acosador escolar y/o desarrollar estrategias asertivas para hacer frente a la intimidación. Anímele a identificar profesores y amigos que pueden ayudarle si está preocupados por el acoso.
- Marque límites con la tecnología
Eduque a sus hijos sobre el ciberacoso, enseñándoles a no responder y/o reenviar correos electrónicos amenazantes. Configure los filtros adecuados en el ordenador de su hijo. Si el ordenador de la familia es el único equipo disponible para los niños, colóquelo en un lugar de la casa donde sea visible. Si usted decide entregar a su hijo un teléfono móvil, piense cuidadosamente si le permitirá tener una opción de cámara. Puede establecer también un horario de uso del teléfono, por ej., dejándolo guardado durante la noche, para evitar así que pueda recibir mensajes desagradables o sea intimidado en esa franja horaria.
A los padres de los niños que perpetran el acoso
- Detener el acoso antes de que comience
Eduque a sus hijos sobre el bullying. Es posible que el perpetrador esté teniendo dificultades para “leer” las señales sociales y no sepa que lo que está haciendo es perjudicial. Recuerde a su hijo que el bullying puede tener consecuencias legales.
- Haga de su hogar un entorno "libre de acoso"
Los niños aprenden el comportamiento a través de sus padres. Estar expuesto a un comportamiento agresivo o a un ambiente excesivamente estricto en casa, puede hacer que los niños sean más propensos a intimidar a la escuela. Los padres/cuidadores deben ofrecer un ejemplo positivo a sus hijos en sus relaciones con otras personas y con ellos.
- Observe si existe un posible problema de autoestima
Los niños con baja autoestima suelen intimidar para sentirse mejor ellos mismos. Incluso los niños que parecen populares y muy queridos puede tener conductas desagradables con sus compañeros; este tipo de comportamiento debe ser corregido por los padres.
Estudiantes
- Informar del bullying y el acoso cibernético
Es importante para los estudiantes que informen de cualquier tipo de acoso, a un padre o un adulto de su confianza. A menudo los niños no denuncian el acoso cibernético porque temen que sus padres les requisen el teléfono y/o el ordenador. Es fundamental que los niños tengan en cuenta que el bullying es malo y debe ser manejado por un adulto.
- No devolver el acoso
Evitando mostrar enfado o disgusto, mantener la calma y decirle al agresor que deje de intimidar, o simplemente marcharse.
- Eludir la soledad
Cuando se está padeciendo acoso escolar, evitar, siempre que sea posible, situaciones donde no haya otros estudiantes o profesores presentes, tratando de permanecer con amigos o en grupo.
La APA reitera en este punto la trascendencia de informar a los padres, profesores o director si se está padeciendo bullying o conoce a alguien que esté lo sufriendo.
La Asociación concluye su artículo recordando que aquellos estudiantes que sufren bullying pueden llegar a sentirse abrumados, deprimidos o ansiosos, y recuerda que, ante una situación de esta índole, es aconsejable acudir a un profesional de la Psicología, cuya preparación le capacita para ayudarles a desarrollar la resiliencia y la confianza, y a alcanzar un exitoso desarrollo social y académico.
Fuente: APA
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Desarrollo de habilidades sociales y emocionales y de valores para prevenir el acoso escolar, nueva guía de la CEAPA  








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Guía de indicadores y pautas de detección de violencia sexual abusos en menores




                    El presente documento, surge como respuesta a la demanda expresada por parte de los diferentes profesionales implicados en la atención a menores pertenecientes al sistema de protección en relación a los casos de menores víctimas de violencia sexual. Elaborado por la Dirección General de Personas Mayores, Infancia y Familias en colaboración con las Delegaciones Territoriales y las Entidades especializadas en este ámbito, pretende ser una guía sencilla pero efectiva para la adecuada detección y actuación por parte del personal técnico y educativo perteneciente a los Centros de Protección sobre los y las menores que estén bajo su guarda.

La estructura de esta guía se organiza presentando los diferentes tipos de indicadores posibles y exponiendo aquellos que son más específicos de la violencia sexual así como otros indicadores inespecíficos que en ocasiones pueden ser la manifestación de estar sufriendo o haber sufrido algún tipo de violencia sexual infantil.

Descargar la guía en el siguiente link;

http://www.observatoriodelainfancia.es/oia/esp/descargar.aspx?id=4314&tipo=documento





http://www.siis.net/es/documentacion/ver-seleccion-novedad/200526/




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TDAH o una sociedad que se va de rositas, con Robert Whitaker



Infocop | 


por Fernando García de Vinuesa

Aprovechando su visita a nuestro país, el 7 de Noviembre de 2015 pudimos charlar distendidamente con Robert Whitaker, periodista e investigador norteamericano especializado en temas de medicina, ciencia e historia, cuyo libro Anatomy of an Epidemic(Anatomía de una epidemia), acaba de ser traducido por fin al español. En esta obra sobresaliente, Whitaker lleva a cabo una de las investigaciones más exhaustivas que seguramente se hayan publicado, si no la más, acerca de los fundamentos en los que se basa la llamada psiquiatría biológica.

¿Cómo es posible que en la era psicofarmacológica, es decir, a partir de la década de 1950, los trastornos psiquiátricos, como la depresión o la esquizofrenia, sean más crónicos que antes y sus efectos más devastadores? ¿Cuál es el impacto del tratamiento continuado con psicofármacos sobre la vida de las personas? ¿Corrigen los psicofármacos desequilibrios químicos del cerebro o los provocan?
 Para tratar de hallar respuesta a tan fundamentales interrogantes, y a otros más de no poca relevancia, Robert Whitaker ha rastreado con paciente laboriosidad la literatura científica al respecto de buena parte del siglo veinte y lo que va del veintiuno. Las conclusiones a las que lleva esta obra dejan poco margen de duda: los psicofármacos, en líneas generales, no mejoran los pronósticos a largo plazo de las personas diagnosticadas con trastorno mental, sino que tienden a agravar y cronificar los síntomas. 

La obra se publicó en 2010 y tal ha sido su impacto internacional que el autor lleva dadas desde entonces más de trescientas conferencias e intervenciones en más de doce países.

Robert Whitaker

Robert Whitaker ha recibido diversos premios y reconocimientos en su carrera profesional por su labor como periodista sobre temas médicos relacionados con los trastornos mentales y la industria farmacéutica, entre ellos, finalista del premio Pulitzer en 1998 por una serie de artículos que co-escribió para el Boston Globe sobre los abusos de la experimentación en pacientes psiquiátricos. Su obra Anatomy of an Epidemic fue declarada por la Investigative Reporters and Editors norteamericana como el mejor trabajo de periodismo de investigación de 2010. El psiquiatra Allen Frances, director del DSM-IV, se ha referido a Whitaker como  “uno de los críticos de la psiquiatría más elocuente y mejor informado, y sin duda el más influyente".

Tal como constatará el lector de esta entrevista, para Robert Whitaker el fenómeno del TDAH constituye un tema de honda preocupación. No quisimos dejar escapar la ocasión de bucear a su lado sin otro propósito que el de poder llegar al fondo mismo de esta cuestión, una cuestión que hace tiempo viene pidiendo a gritos una disección profunda.

ENTREVISTA

Tu libro ha recibido varios premios, ¿alguno especialmente significativo para ti?

No creo que debamos prestar demasiada atención a los premios, pero esta vez sí lo hice. El motivo fue este: había publicado antesMad in America y después Anatomía de una Epidemia. En ambas ocasiones fui atacado, pero realmente el ataque fue intenso conAnatomía de una epidemia. Cuando el libro fue publicado, un doctor de Harvard que nunca había escrito reseña alguna sobre un libro, escribió una sobre el mío en el Boston Globe, diciendo que yo no sabía nada de ciencia y que el libro estaba lleno de anécdotas. Escribió cosas como “Robert no conoce la diferencia entre correlación y causación,  las anécdotas no son evidencias” y me comparó con un dictador sudafricano que por haber negado el SIDA había provocado la muerte de cientos de miles de personas, y que un peligro similar suponía mi libro. Este es mi cuarto libro y desde que esta crítica sucediera ningún periódico volvió a reseñar mi libro, mis entrevistas de radio cesaron y el libro murió. Se produjo un apagón mediático, “este es un libro loco y es peligroso incluso hablar de él,” se dijo. Así que después, cuando recibí el premio de la Investigative Reporters and Editors (asociación de reporteros y editores de investigación) por el mejor libro de investigación de 2010, fue significativo para mí pues supuso una especie de rehabilitación; mis colegas dijeron que era un buen trabajo, que estaba tocando un tema delicado pero que lo hice bien. Lo que había hecho en el libro fue básicamente un análisis de la literatura tratando de responder una pregunta.

¿Cuál crees que es el motivo principal del hondo impacto causado por tu libro en tantos países?

El libro pone el foco sobre los méritos de los psicofármacos desde una nueva perspectiva. Como sabes, para que los fármacos se aprueben para su uso indefinido sólo han sido comprobados sus efectos por unas pocas semanas. Pero lo que todos quisiéramos saber es cómo afectarán esos fármacos al cabo de dos años, de cinco, de diez, de quince años de estar tomándolos. Los fármacos para TDAH por ejemplo, ¿van a ayudar a los niños a largo plazo? ¿Van a ir mejor en la escuela? ¿Cómo va a ser su socialización? ¿Crecerán sanos? De modo que el libro estaba planteando una pregunta cuya importancia es captada por todo el mundo. Esas drogas administradas por periodos duraderos, ¿ayudarán a los niños a desarrollarse sanos?

Para responder a esta pregunta yo no acudí a los críticos del sistema, a los que cuestionan el diagnóstico de TDAH, lo que hice fue esto: vale, acepto tu diagnóstico de TDAH, y ahora vamos a revisar qué muestra tu propia investigación acerca de cómo esas drogas actúan en el cerebro, qué se sabe de si hay o no algo biológico tras el diagnóstico psiquiátrico, y qué es lo que tus estudios muestran sobre el efecto de las drogas a largo plazo. Tu propia investigación, no la de los críticos, con tus pruebas, con los resultados que tú recogiste. 

Y lo que uno encuentra una y otra vez llevando a cabo esta revisión es que, tal vez sí, quizá pueda haber algún efecto deseable a corto plazo, pero rápidamente, con un psicofármaco tras otro, ves que surge la preocupación acerca de si estas drogas están de hecho cronificando los problemas que debieran estar corrigiendo. Lo ves en las apreciaciones clínicas, lo ves en la literatura, y luego comienza la especulación de por qué pudiera estar sucediendo esto; todas las piezas comienzan a encajar, y entonces uno se encuentra con que esta historia jamás ha sido presentada al público. 

La historia clave no ha sido contada.
Ni en los libros de texto empleados por estudiantes de medicina en sus especialidades de psiquiatría, ni en los manuales de los estudiantes de psicología que también beben de las mismas fuentes psiquiátricas, se encuentran estos conocimientos, ¿por qué no?


Si uno se remonta a 1980, la Asociación Americana de Psiquiatría lanza la 3ª edición de su Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales, el DSM III. Con esta nueva edición se conceptualizan los trastornos mentales de una forma diferente, no psicológicamente sino como enfermedades del cerebro. Ya no tenemos que preguntarte más acerca de tu vida, ¿tienes los síntomas? Pa, pa ,pa, pa. ¿Sí o no? ¿Está el niño dando golpecitos en la mesa? ¿Está corriendo mucho? ¿No termina sus tareas? (En verdad uno no puede creer que estos sean los síntomas oficiales de una enfermedad). Si los tienes esos síntomas, entonces tú tienes una enfermedad que puede ser conceptualizada. Este gran cambio permitió vender la historia al público de que son enfermedades reales del cerebro.

Durante la década de 1970 la psiquiatría estaba siendo duramente atacada: el movimiento de la Antipsiquiatría, el movimiento de los Supervivientes de la psiquiatría, las compañías de seguros diciendo “bueno, realmente no sabemos, hay una cultura popular de que la psiquiatría es algo un poco raro…”, pero entonces, al publicar el DSM III, la psiquiatría se viste con la bata blanca. Esa es la imagen de la ciencia, la bata blanca, y ahora nos presentamos como doctores en esencia que tratamos enfermedades del cerebro.
La Asociación Americana de Psiquiatría (APA) comienza una extensa campaña propagandística para convencer a la población norteamericana de que eso es cierto, y por supuesto a las compañías farmacéuticas les agradó el cambio de modo que comenzaron a financiar a la APA, pagando a los psiquiatras profesores de universidad de las facultades de Medicina, ¿y quiénes son ellos en la sociedad? Aquellos en los que creemos. Podemos ver cómo se exporta esta práctica a los demás países. Los líderes clave de opinión dieron validez para que los trastornos mentales pudieran concebirse como enfermedades del cerebro, y comenzaron a escribir sobre ello y a recibir dinero de la industria farmacéutica por promocionar esta idea: esto son enfermedades del cerebro y los psicofármacos funcionan. Los autores de los libros de texto de los estudiantes universitarios son estos mismos líderes de opinión. La revisión de la literatura científica no muestra un beneficio a largo plazo de los psicofármacos, pero eso no se va a decir, de igual modo que General Motors no te dirá “no compres este coche pues no durará demasiado”.
La psiquiatría necesita restablecer su status, ¿y qué hace la psiquiatría? básicamente prescribe psicofármacos, y ¿cómo vas a decir que estos tienen tan poco recorrido, que su producto en el mercado a la larga no funciona? ¿Podemos decir que los niños a la larga empeorarán debido a las drogas que componen su medicación? No.

Me pregunto por qué dentro de la psiquiatría han sucedido fenómenos tan inverosímiles como el de la lobotomía, no tan lejana en el tiempo. Si realmente era algo mutilador, ¿por qué fue reconocida su práctica incluso con el premio Nobel de Medicina? ¿Por qué tantos años de éxito a pesar de los daños que provocaba? ¿Es posible obtener alguna comparación aleccionadora con lo que está sucediendo actualmente con el fenómeno del TDAH?

Esto es muy interesante por supuesto. En primer lugar, la lobotomía funciona, la lobotomía es efectiva, cambia a la gente. Si seccionas los lóbulos frontales del cerebro de una persona vas a producir un cambio dramático, ya no volverá a ser la misma persona. La lobotomía era altamente efectiva en cambiar a las personas. ¿Cómo cambiaba a las personas? Las hacía más calladas, menos interesadas en el mundo, incluso se hablaba de reducir a la persona a un estado más propio de la infancia. Podríamos pensar que eso estaba bien. Pero la clave es esta: ¿cómo estamos evaluando a la persona antes y después de la operación? ¿Es bueno para la persona o bueno para mí, para nosotros? La lobotomía transformaba personas que pudieran estar muy agitadas, con pensamientos de desesperanza, en personas serenas, que podían pasarse el día entero mirando un punto fijo de la pared. ¿Cómo evaluamos este cambio? ¿Hemos evaluado verdaderamente qué le sucedía a esta persona antes de ser lobotomizada? Para la sociedad en aquel momento parecía resultar un buen cambio.

Si uno lee a Walter Freeman, médico pionero de la lobotomía, él era muy consciente de los cambios que provocaba, pero evaluaba los cambios como beneficiosos. No se estaba evaluando a la persona tal como es, como sucede con los niños diagnosticados de TDAH, de los que hablaremos después. Segundo, la historia que se contaba entonces no era que se estaban dedicando a destrozar el cerebro con un picahielos, cosa que sucedía realmente, sino que estaban llevando a cabo una psicocirugía directamente sobre el núcleo mismo de la psicosis. 

Se les consideraba a estas personas como maestros relojeros que conocían a la perfección los entresijos del cerebro humano, tan bien, que eran capaces de llegar con la cirugía al lugar exacto en donde se alojaba la psicosis, sin perturbar el resto de funciones cerebrales. Se decía que la lobotomía era eficaz y segura. Por consiguiente, esta práctica se hacía, se evaluaban los cambios que provocaba como eficaces, así que se construyó una historia para explicar cómo la lobotomía era eficaz y segura. Es algo complejo, pero para mí lo verdaderamente revelador es esto: uno, nos gusta pensar en la ciencia como algo seguro, pero la eficacia en psiquiatría es algo muy subjetivo; dos, las personas que conducen los estudios, si quieren, van a encontrar la manera de explicar que los tratamientos son efectivos; tres, el beneficio existe para alguien, aunque ese alguien pueda no ser precisamente la persona tratada, y de aquí debemos desplazarnos al TDAH. 

Y es que, la medicación produce cambios, el niño cambia. El niño cambia… Se mueve menos en clase, habla menos en clase, se muestra menos curioso, ¿y qué nos decimos a nosotros mismos como adultos? Yo puedo decirme “oh eso está mal, ese cambio que se está interpretando como beneficioso puede no serlo, ¿por qué quieres un niño más quieto, más callado, menos curioso?” Ni siquiera podemos apreciar cambios que pudiéramos tachar de deseables, como una mejora en el razonamiento, más allá de que el niño es ahora más capaz de dedicarse a tareas rutinarias y repetitivas. Podría pensarse “eso no es un buen cambio”, pero, ¿a quién le gusta el cambio? A los profesores les gusta el cambio, a los padres les agrada el cambio pues los profesores se quejan menos del niño, así que los estimulantes funcionan bajo esa perspectiva, son efectivos en ese corto plazo. Cambian al niño, podemos verlo. Pero la clave aquí es que no estamos evaluando lo que es bueno para el niño.

Tratemos de comenzar con en el TDAH desde el principio. ¿Es el TDAH un descubrimiento científico?

El TDAH no es un descubrimiento científico. El TDAH se introduce en el DSM III en 1980, pero es construido, con esto quiero decir que un grupo de personas se sientan y dicen “bueno, tengamos un diagnóstico para esos niños que molestan en las clases -porque eso es básicamente el diagnóstico- y establezcamos los síntomas para la nueva enfermedad, como que el niño corre por donde no debe, se mueve mucho, es poco cuidadoso con sus tareas diarias…” y ese tipo de cosas, pero la creación del TDAH no tiene nada que ver con algún tipo de ciencia descubriendo una patología, ni siquiera alguna clase de estudio sobre niños que se movieran a menudo en su pupitre, por ejemplo, para averiguar si padecían alguna patología orgánica en común en su cerebro. Nada de eso, no hubo ninguna investigación semejante. Un grupo de personas se sentó y dijo: vamos a crear este nuevo diagnóstico. No puedes discutir esto porque eso es lo que sucedió.

¿Por qué se crea el TDAH?

Bueno, porque habían comenzado a dar estimulantes a los niños en la década de 1970 y necesitaban un diagnóstico para no tener que hacerlo “off label” y no querían simplemente emplearlos para el manejo de algunos niños problemáticos, sino que necesitaban un diagnóstico para justificar lo que habían iniciado. Con el DSM III la Asociación Americana de Psiquiatría pretendió disponer de un diagnóstico para cada persona que pudiera acudir a una consulta psiquiátrica. Ya estaban dando estimulantes a niños diagnosticados de disfunción cerebral mínima, pero el número era relativamente pequeño, ahora se necesitaba justificar con un diagnóstico todas aquellas consultas sobre niños difíciles de manejar en clase y que ya estaban siendo tratados con estimulantes. A partir de ese momento, comienza a construirse la historia biológica del trastorno, que si existen evidencias genéticas, etc., señalando que era producto de bajos niveles de dopamina en el cerebro, pues como esas drogas incrementan la presencia de dopamina en el cerebro se argumentó “bueno, el TDAH quizá es fruto de bajos niveles de dopamina”. Así que establecen que: primero, es válido; segundo, estamos aprendiendo acerca de la biología de este trastorno; y tercero, los fármacos funcionan. Y esta es la historia que cuentan. La APA exporta el DSM alrededor del mundo. Los doctores lo reciben, lo creen, creen que el trastorno es biológico y que el diagnóstico posee valor discriminativo con respecto a si eres o no eres TDAH. A los padres se les va a mostrar un escáner de un cerebro normal y de un cerebro TDAH, “¿ven ustedes la diferencia?”. En Estados Unidos, a los padres que se resisten a medicar a sus hijos les ponen el ejemplo de un niño que cuenta con una deficiencia visual. “¿No le van a poner gafas a su hijo? Miren un escáner de un niño normal, ahora miren el de un TDAH, ¿ven la diferencia? Su hijo tiene un problema en el cerebro, ¿y no van a medicar a su hijo? ¿Qué clase de padres son que no quieren ayudar a su hijo?” Y les hacen sentir culpables haciéndoles ver que hay ciencia detrás de todo aquello.

Ahora veamos parte de esa ciencia. Hablemos de la teoría dopaminérgica del TDAH. Tú sabes que la teoría en que se basa la psiquiatría de que los trastornos mentales son fruto de desequilibrios químicos del cerebro no deriva de conocer qué sucede en el interior del cerebro de las personas, sino de conocer el efecto de las drogas en el cerebro. Si se sabe que una droga X eleva los niveles de un neurotransmisor del cerebro, se lanza la hipótesis de que el trastorno Y es en verdad producto de bajos niveles de aquel neurotransmisor que la droga consigue aumentar. De modo que el metilfenidato, del mismo modo que la cocaína, bloquea la recaptación de dopamina, provocando que esta permanezca más tiempo en la hendidura sináptica, aumentando así los niveles de dopamina, razón por la que se cuenta que los diagnosticados de TDAH poseen bajos niveles de dopamina. Pero cuando se ha tratado de demostrar esto experimentalmente, no se ha podido. Sin embargo, cuando hablamos de niños medicados con estimulantes sí se ven desequilibrios cerebrales. Veamos, ¿qué hace mi cerebro cuando recibe la droga y los niveles de dopamina aumentan? Por un proceso de adaptación, en las neuronas receptoras de dopamina disminuye la densidad de los receptores de dopamina. Ahora tengo pues una forma de medición, que es medir los receptores dopaminérgicos en cerebros vivos, y si miramos en los cerebros de niños diagnosticados de TDAH y medicados, ¿sabes qué vamos a ver? Que la actividad dopaminérgica es anormalmente baja. Ahora bien, cuando esto se ve uno puede comprender que esto demuestra cómo la droga produce cambios importantes en el cerebro que son visibles, pero lo que se defiende en cambio, es que esto demuestra que el TDAH es un problema biológico. Esto es un ejemplo de cómo puede ser el cerebro perjudicado por los efectos de una droga y después defenderse que el cerebro está mal por los efectos de una patología.

Segundo: hemos escuchado que los cerebros de los TDAH son más pequeños que los de los niños normales. Lo que hicieron fue comparar un grupo de niños diagnosticados de TDAH con otro grupo de niños sin ese diagnóstico. Resulta que el grupo TDAH tenía una media de edad significativamente menor que el grupo normal. Dijeron, “mira, los cerebros de los TDAH son más pequeños”.Esto es tan ridículo… ¡pero es lo que hicieron! Y esto se convirtió en otra evidencia de que el cerebro del TDAH es diferente. Ahora, si tú miras algunos de los estudios sobre volumen cerebral en TDAH vas a ver que los niños están siendo medicados con anfetaminas. Por lo tanto, no ves estudios sobre “niños TDAH” más bien sobre niños medicados con drogas que están cambiando su cerebro. Y cuando se observan estos cambios (desequilibrios químicos, cerebros más pequeños, etc.) se señalan como resultantes de la enfermedad, no como daños provocados por las drogas. No puedes iniciar una investigación honesta a menos que los niños no estén siendo medicados. Así que los cambios que provocan las drogas han sido empleados como evidencia de que el TDAH es real.

Consultando el DSM comprobamos que el TDAH se describe sin más como un listado (ítems) de comportamientos molestos, ¿cómo hemos llegado a creer que tal cosa tenga algo así como un sustrato neurobiológico? Y ¿cómo hemos llegado tan lejos de creer que los estimulantes consumidos en las discotecas son tóxicos de riesgo para la salud y sin embargo administrados a niños para ir al colegio son prácticamente inocuos o incluso beneficiosos?
Recuerdo cuando mi hijo tenía como siete años o así y fuimos al pediatra. En la pared había colgado un póster de una compañía farmacéutica que decía: “Cuando los estimulantes son prescritos por un doctor son beneficiosos para tu hijo; obtenidos en la calle pueden resultar muy peligrosos para tu hijo”. Lo que verdaderamente resulta asombroso para mí, y no tengo una respuesta para ello, es cómo personas inteligentes pueden entender los riesgos de una sustancia psicoactiva en la calle pero no ver ningún peligro cuando esa misma sustancia es recetada. Es como una especie de ritual propio de las sociedades occidentales con los fármacos de receta, los vemos todavía un poco como balas mágicas. Y con respecto a la primera cuestión: los estudios de scanner son fascinantes. ¿Sabes cómo se hacen los scanner? Se escanean los cerebros de veinticinco “niños TDAH” medicados y de veinticinco supuestamente normales no medicados y se señalan las diferencias: “¡mira la diferencia!” Finalmente en 2012 la Asociación Americana de Psiquiatría, tras muchos años mostrando estos estúpidos escáner, ha admitido que estos son niños medicados, y que realmente no han tenido en cuenta el efecto de la medicación. Treinta y dos años después de comenzar con este diagnóstico han admitido que no tienen estudios donde se haya tenido en cuenta el factor farmacológico. ¿Y por qué no tienen esos estudios? Es una pregunta obvia: porque todo se desmoronaría, y lo saben. Han obtenido, de alguna forma, los hallazgos que querían, pero en el momento en que trasladaran la mirada hacia los medicamentos estarían en un aprieto, porque si es la medicación, la medicación es la que está anormalizando el cerebro; por lo que si yo creo en este trastorno, quiero promoverlo y tú me estás pagando para que lo promueva, necesito mirar las evidencias de forma absolutamente estrecha, no puedo preguntarme algo como “¿no será la droga la que está provocando los cambios que estoy atribuyendo a la enfermedad?” No hace falta ser Einstein para ver que todo esto no tiene ningún sentido.
Muchos padres y profesores ven que los niños medicados ahora están más tranquilos, enredan menos en clase, atienden más hacia la pizarra sin distraerse tanto, y para ellos esto es una clara demostración de que el niño responde positivamente al tratamiento
Si consultamos el manual de psicología de Oxford encontraremos la explicación de cómo funcionan los estimulantes en los niños: reducen la tasa de respuesta conductual hacia el entorno. Esto es lo que dice. Quiere decir que: te vuelve menos curioso, hablas menos, y si no eres tan curioso hacia tu entorno puedes focalizar mejor sobre algo concreto. Dale a cualquier niño de la clase un estimulante, no importa el niño, que responderá de forma parecida, ¿qué pasa, que toda la clase es TDAH? Lo fundamental aquí es conocer cómo actúan las drogas. Todos sabemos que las drogas provocan cambios, cosa que no evidencia en modo alguno una enfermedad. Cuando uno toma café puede sentirse de modo diferente, lo cual no indica que existiera un déficit de cafeína. Y aquí está la clave: primero, si damos estimulantes a todos los niños de una clase observaremos cambios en todos ellos.
Segundo, como los profesores quieren ver un cambio, los padres quieren ver un cambio, y los niños, a veces, también quieren ver un cambio, -y la droga reduce la tasa de respuestas provocando todos aquellos efectos mencionados-, se interpretan los cambios como beneficiosos; y esa interpretación es la prueba, ya podemos decir: ves, mi hijo tiene TDAH porque el tratamiento funciona. Padres, profesores y niño ven el cambio. De modo que la droga funciona en el sentido de que hace al niño menos reactivo a su medio ambiente, pero preguntémonos: ¿Es esto bueno para el niño? Incluso podemos preguntarnos si es bueno a corto plazo. El niño se mueve menos, curiosea menos, habla menos, ¿dará lugar esto a un niño o un adulto a medida que crece más funcional? Y en la escuela, ¿irá mejor? Y en sus diferentes aptitudes cognitivas, ¿irá mejor? Ni siquiera vemos que esto suceda con las drogas estimulantes, como muestra el estudio MTA. Los niños no van mejor en la escuela, sino que se vuelven más disfuncionales, con un índice de delincuencia mayor, con más “síntomas de TDAH”.

En tu libro analizas el papel que tienen algunos de los psiquiatras más prestigiosos del mundo, como Joseph Biederman, en la configuración del modelo de enfermedad psiquiátrica global. ¿Cuál crees que es su peso en todo este fenómeno del TDAH?

En 1994 el DSM-IV expande los límites diagnósticos del TDAH, hecho que demuestra que TDAH es una construcción ya que no permanece estable, decimos que es de esta manera y catorce años después decimos que bueno, que es mejor de esta otra manera. Joseph Biederman formó parte del comité de trabajo del DSM que llevó a cabo ese cambio. Rápidamente, tras publicarse el DSM-IV, Biederman se convierte en una máquina de publicar artículos, cada par de semanas escribe uno apuntando cosas como“he validado este trastorno, es real, esto conlleva mal pronóstico como adulto y puede ser peligroso si no medicas al niño”. Se convierte en Mr. TDAH, personificando el punto de vista médico, validando y popularizando la historia. Después puede salir en el New York Times diciendo “saben, el TDAH no tiene una prevalencia del 5 sino del 10%” ¿Y sabes que le sucede a Biederman? Cada fabricante de psicofármaco para TDAH le dirá: “por favor, trabaja para nosotros. Te vamos a enviar por todo el mundo. Pero no, no vas a trabajar para nosotros, somos nosotros los que necesitamos de tu saber y experiencia, porque tú eres el hombre que lidera la investigación más prometedora que demostrará que el TDAH es una enfermedad. Te pagaremos por tu investigación y también por tu labor como conferenciante”. ¿De cuánto dinero podemos estar hablando? Biederman abrió el mercado de los antipsicóticos atípicos en niños, y de una sola compañía (Janssen) recibió 1,6 millones de dólares en siete años, por el antipsicótico Risperdal. Tiene contratos con veinticuatro compañías farmacéuticas, por supuesto todos los fabricantes de fármacos para TDAH. Cuando acude a un congreso en España la gente no piensa que es un hombre a sueldo de veinticuatro compañías farmacéuticas pues él no se presentará de ese modo, sino que será presentado como psiquiatra del Hospital General de Massachusetts, ligado a la Universidad de Harvard, y el público dirá “guau, estamos frente al líder mundial en TDAH".

¿Qué puedes decir sobre la expansión del diagnóstico de TDAH a los adultos? En España estamos asistiendo a una importante campaña por parte de la multinacional farmacéutica Shire, que ha desarrollado el llamado proyecto PANDAH, para generar conciencia del TDAH, ¿seguimos los pasos de Estados Unidos?

Ciba-Geigy fue el fabricante que patentó Ritalin (metilfenidato) en la década de 1950. En la década de 1980 trataron de construir mercado financiando a CHADD y comenzaron a emplear a este grupo de padres para crear un mercado más amplio de la enfermedad, porque sabían que una vez que se vende la enfermedad, se vende el producto. ¿Qué está pasando en España? Lo que está sucediendo en España es que ya se sabe cómo hacer crecer el mercado pues ya lo han hecho en Estados Unidos vendiendo el TDAH en las décadas de 1980 y 1990. Se sabe cómo vender el TDAH y cómo expandirlo. ¿Cuál es la fórmula? Primero el negocio con los niños, después subieron la edad de inicio del diagnóstico para poder diagnosticar más, y una vez lo hicieron fueron conscientes de que los adultos no estaban dentro del mercado de los estimulantes, de modo que vamos a explicar a la gente que el TDAH continúa en la edad adulta, cosa que además viene bien pues demuestra que el TDAH es genético. Todo un mercado que se construye de esta forma, y están pagando a médicos como Joseph Bierderman para expandir este mercado. Y lo que sucedió es que fue un verdadero éxito: anfetaminas, antidepresivos, antipsicóticos. En Estados Unidos gastamos 800 millones de dólares en psicofármacos en 1997. En 2007 gastamos 40.000 millones. En tan sólo diez años se ha multiplicado la venta por cuarenta. Esto es un negocio exitoso, un gigantesco mercado: 1 de cada 5 americanos toma un psicofármaco diariamente, y no conozco los números exactos de los niños pero debe de estar cerca de 1 de cada 5 niños. Una vez aprendido el negocio este se exporta a otros países, ¿cómo? Uno: la misma historia. Dos: el mismo método. Pagan a los doctores americanos para que vengan a España a dar conferencias; pagan a vuestros psiquiatras en España, en Francia, etc., y les invitan a viajar gratis a las reuniones anuales de la Asociación Americana de Psiquiatría, viaje gratis, hermoso hotel, con sus cenas, etc., y allí se hablará de que el TDAH es real y todas aquellas cosas; después, cuando regresas a España tú te conviertes en una figura de opinión local, y te pagan también. Es un negocio al abrigo de la ciencia: esto son enfermedades, están infradiagnosticadas, infradivulgadas y no están siendo tratadas. Desde un punto de vista capitalista el resultado es magnífico, pues tomaron algo (TDAH) que se desmonta en unos cinco segundos y lo han conseguido vender a la perfección, pues han tenido gente inteligente vendiendo la historia científicamente y creyéndolo al mismo tiempo, ya que esta gente inteligente ha encontrado la manera de creérselo. Básicamente han transformado el canon de una profesión de prestigio como es la medicina y el médico se ha convertido en vendedor.

¿Crees que trabajos como el tuyo pueden cambiar las cosas?

Sí y no. Sí, porque no hay duda alguna de que en los últimos cinco años el cuestionamiento social acerca de la validez del TDAH ha ido en aumento, así como el de otros trastornos psiquiátricos, y creo que mi libro ha contribuido en algo a este cuestionamiento, además el libro ha hecho preguntas que no se habían formulado antes, como cuál es el efecto de las drogas psiquiátricas a largo plazo; he reunido en el libro todos los datos al respecto, los cuales indican que los psicofármacos provocan mayor cronicidad de los trastornos, menor funcionalidad de las personas y muchas veces llevando a las personas de un trastorno poco severo a un trastorno mental grave. Mi libro revela un nuevo escenario, un contexto donde mucha gente puede resituar sus vidas. Imagínate que estoy diagnosticado de TDAH y de pronto me siento deprimido, con ansiedad, pienso “a lo mejor no he sido bien diagnosticado y tal vez padezco  trastorno bipolar o incluso un trastorno psicótico”, y me topo con este libro; ahora el contexto que yo tenía cambia: puedo comprender que mi vida no es la historia de una vida condicionada por una enfermedad, sino por una droga. Entonces, puedo verme a mí mismo de forma totalmente diferente, todo adquiere un sentido distinto. Los datos recogidos son muy sólidos, hasta el punto que no ha habido réplicas por parte de la psiquiatría diciendo “oye, te has dejado estos otros datos sin analizar” o algo por el estilo.

En Estados Unidos la teoría de desequilibrio químico está colapsada totalmente, tan colapsada que nos encontramos hoy día líderes de la psiquiatría diciendo cosas como “nosotros sabíamos que esa teoría no era correcta, era cosa de los laboratorios, nosotros nunca lo hemos dicho”, pero eso no tiene ningún sentido pues lo han dicho, la Asociación Americana de Psiquiatría lo ha dicho, todavía puedes encontrar en Internet páginas con recomendaciones científicas de práctica clínica donde se dice eso, pero oficialmente dicen “nosotros sabíamos hace años que eso no era cierto”.

Por otra parte, ahora están admitiendo cada vez más que el DSM es una manual que carece de validez, que esto no son enfermedades reales sino construcciones; ahí está Allen Frances, director del DSM-IV diciendo cosas como que “esto son sólo construcciones, nos permite hablar de conjuntos de síntomas comportamentales, pero no son enfermedades reconocidas”;tenemos a Thomas Insel, director del Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH) diciendo “esto no son enfermedades”; tenemos a otro ex director del NIMH, Steven Hyman, diciendo lo mismo, que el DSM va por camino equivocado. La historia de la década de 1980, la historia del DSM-III, que ha sido exportada o los demás países incluido España, se ha derrumbado por completo. Pero, ¿ahora qué hacen? No admiten exactamente que se haya fracasado en aquella teoría de los desequilibrios químicos, sino que explican que los resultados han sido decepcionantes, no han salido las cosas como esperaban, “¡pero!, vamos a dar con ello, vamos a encontrar que los problemas mentales residen en alguna parte de los circuitos cerebrales”. Por consiguiente, el no en mi respuesta es que tampoco existe un claro reconocimiento de fracaso de la teoría biológica en que se sustenta la psiquiatría, sino que se sigue por el mismo camino hacia delante. Cada vez más personas cuestionan, pero la maquinaria de patologización de las personas, de creación de mercado, sigue avanzando.

¿Qué cambio te gustaría ver en la sociedad?

Mi esperanza, mi deseo, es que todo este trabajo ayude a crear el debate social necesario: ¿estamos realmente ayudando a los niños? Cuando diagnosticamos a un niño de TDAH, ¿le estamos ayudando? Tenemos la responsabilidad social de hacernos cargo de nuestros niños, así que mi verdadera esperanza es que habrá suficiente base de escepticismo sobre la historia hasta ahora contada, y que, en primer lugar, podremos discutir acerca de esta historia, generar un gran debate social, cosa que en cierta medida ya está sucediendo mucho más de lo acostumbrado, y en segundo lugar, que la sociedad finalmente vea por sí misma que esta historia que se ha estado narrando por tanto tiempo es falsa, no científica, es básicamente una historia comercial.
Finalmente, preguntarnos qué podemos hacer, cómo ayudar a los niños, y a lo mejor eso pasa por plantearnos cómo mejorar los colegios para que estos no supongan algo tan tedioso, de tantas horas sentados, y por qué no, abrir el debate de si resulta una expectativa sensata esperar que los niños pasen seis o más horas sentados en clase para después pasar unas  cuantas más al día sentados haciendo deberes en casa. ¿Es posible organizar los colegios de manera distinta? A lo mejor los niños conviene que estuvieran cinco horas en el colegio al día, o cuatro, asegurándonos además de que tengan la posibilidad de correr por ahí, jugar al futbol, o cualquier otra cosa que quieran hacer, actividades físicas, y tal vez también sacarles al campo, que sepan lo que es estar al aire libre en la naturaleza, volver a esa idea de infancia donde los niños pueden y deben correr por ahí, puesto que ahora mediante TDAH y diagnósticos afines parece que las cosas propias de la infancia no son verdaderamente apropiadas. El resumen sería así: La historia que nos han contado no es cierta; dos, es perjudicial para los niños; tres, podemos hacer algo para cambiarla: en lugar de tratar de cambiar a los niños cambiemos nosotros el entorno, la sociedad. Preguntémonos qué está mal en la sociedad, no qué está mal en los niños.

¿Por qué como sociedad hemos aceptado cosas como TDAH?

Las compañías empresariales han aprendido a vender cualquier cosa. Cocacola, nuestros hábitos alimenticios, por qué deberíamos conducir un coche caro. Las empresas pueden vender cualquier cosa haciendo creer al consumidor que en realidad necesita esas cosas. TDAH llega a través de un mercado médico que hace dos cosas: primero, el marketing médico sobre la enfermedad, que consiste entre otras cosas en hacer parecer que dicha enfermedad es más grave de lo que se cree, cosa que es marketing aunque nosotros veamos ciencia en ello. Si en un anuncio de Coca-cola tú ves que un hombre pasea gracias a este refresco por una bonita playa acompañado de una hermosa mujer, puedes pensar “bueno, eso es un anuncio”. En España está prohibida la publicidad directa al consumidor en materia psicofarmacológica, pero es muy ilustrativo saber cómo se anuncian los psicofármacos en Estados Unidos. ¿Sabes cómo se anuncian los antidepresivos por ejemplo? De la misma forma como se vende Coca-cola, pasearás gracias a los antidepresivos con una linda dama por la playa. En el anuncio de Coca-cola vemos claramente a la compañía tratando de vender una bebida, en el de los antidepresivos vemos información sobre una enfermedad junto con su tratamiento adecuado correspondiente. En segundo lugar, la historia del TDAH nos hace, como sociedad, irnos de rositas. Nosotros no tenemos que hacer el esfuerzo por cambiar nuestro entorno. Culpamos al niño y así, entre otras cosas, no tenemos que diseñar mejores colegios.

Gracias al TDAH un número muy importante de los niños de los países más desarrollados están siendo tratados con estimulantes, sobre todo metilfenidato y anfetaminas, diariamente para ir a la escuela. ¿Cómo afectarán a los niños estas drogas a la larga?

Antes de nada déjame decirte que deberíamos estar estudiando seriamente esto, cómo afectan estas drogas a los cerebros en desarrollo de los niños, cuál es su impacto neurológico a largo plazo, pero eso no se está haciendo. Quizá un motivo por el que no se está haciendo es un cierto miedo a qué vamos a encontrar. Por supuesto se sabe que los estimulantes pueden provocar estados psicóticos, alteraciones cardíacas, disminución del crecimiento en los niños y diferentes alteraciones psíquicas, que suelen resultar en que los niños en tratamiento sean diagnosticados de terceros trastornos, en lugar de identificarse los nuevos síntomas como efectos iatrogénicos, es decir, del tratamiento. Pero aquí, la cuestión esencial es: ¿cómo afectan estas drogas al cerebro? Primero, existe preocupación de que estas drogas puedan encoger de alguna forma el cerebro. No hay nada sólido pero sí una cierta inquietud al respecto. Segundo, se han hecho estudios con ratas y primates. Si a una rata joven se le administra metilfenidato, o a un mono, y después dejas de administrar la droga, cuando se observan a estos animales en la edad adulta se aprecian comportamientos anormales, son menos confiados, se muestran letárgicos, menos curiosos ante los que les rodea. Esto es preocupante ya que la droga es la que está cambiando algo en el cerebro que provoca estados comportamentales anormales en la edad adulta. ¿Por qué se vuelven menos curiosos? El sistema dopaminérgico es un sistema de recompensa. Si tomas anfetaminas o metilfenidato, estas drogas aumentarán los niveles de dopamina, lo que conlleva a un desequilibrio dopaminérgico en el cerebro. En ratas, por ejemplo, se ha observado que, tras un tiempo de administración, los niveles dopaminérgicos se reducen a la mitad, lo que conlleva a una menor presencia de los receptores de dopamina. Así que tenemos un desequilibrio dopaminérgico que puede estar provocando esa ansiedad, falta de curiosidad y demás, que observamos en estos animales.

Y luego viene la pregunta: si dejas de tomar la droga, ¿todo vuelve a su sitio? Hay crecientes evidencias de que puede no ser reversible. Atendamos, por ejemplo, al caso de los antidepresivos, cosa que nos ayudará a comprender mejor esto. Sabemos que los antidepresivos inducen, en una tasa muy elevada, disfunción sexual. Pongamos el caso de todos esos adolescentes que son medicados con antidepresivos cuando todavía van al colegio o al instituto. Después van a la universidad y estos chicos quieren tener sexo, por lo que deciden dejar de tomar los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, antidepresivos). Se ha comprobado ya que en alrededor de un 25% de los casos la disfunción sexual persiste a pesar de retirarse el fármaco, lo que ahora recibe el nombre de PSSD (post SSRI sexual dysfunction, en español sería DSPI, disfunción sexual post ISRS). ¿Qué se ha visto en ratas a las que se les administra un ISRS durante dos semanas? Cuando la rata joven se convierte en una rata adulta muestra comportamientos anormales, a pesar de haber estado expuesta al antidepresivo dos semanas. Si se sacrifica a esa rata y se analiza su cerebro, se comprueba que los receptores de serotonina han disminuido a pesar del corto tiempo de exposición al ISRS. Este es un modelo que podría servir para explicar cómo pueden afectar los estimulantes a los cerebros de los niños. Las drogas producen cambios, y es posible que no se arregle todo simplemente suspendiendo el tratamiento. Este es un tema muy serio. ¿Cómo estamos perjudicando los sistemas dopaminérgicos de los niños? Ningún padre y muy pocos doctores se están haciendo esta pregunta. Enfrentarte a esta pregunta es situarte en un escenario inquietante: las drogas están alterando de forma permanente los sistemas dopaminérgicos, esenciales para que uno pueda desarrollarse como ser humano sano movido por la curiosidad.

Para finalizar, ¿le gustaría añadir algún otro comentario de interés?

Sí, diré esto. Creo que es evidente lo que está sucediendo aquí: el mercado que han generado las compañías farmacéuticas con los estimulantes, convirtiendo a los niños en clientes. Luego, la ciencia nos ha demostrado que esas drogas no ayudan a los niños. Llegados a este punto lo sensato es que la respuesta hubiese sido la obligación de dejar de hacer eso e intentar otras formas de ayudar a los niños, pero hemos ignorado la evidencia. No estamos cuidando a los niños de la forma en la que deberíamos. Algún día, esto será visto como una tremenda traición hacia los niños.

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Elvira Jauregizuria

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